LEYENDO: Parte 6 de 8 | Tierra arrasada: extractivismo, crisis y poder en Bolivia
Cambio climático: Bolivia paga una deuda que no contrajo
Menos del 0,1% de emisiones globales, pero entre los más vulnerables. Así es la paradoja climática boliviana. Bolivia paga con glaciares y cenizas una deuda que nunca contrajo.
En noviembre de 2025, Bolivia llegó a la COP30 de Belem con una postura inédita. El nuevo ministro de Medio Ambiente y Agua, Óscar Mario Justiniano, anunció que el país acudiría con una “Bolivia distinta”, que se “abre al mundo y se compromete a cuidar el medio ambiente”. Era un giro de 180 grados respecto a los años de aislamiento y retórica antiimperialista bajo el MAS. Pero las palabras en Brasil contrastaban con la realidad doméstica: las “normas incendiarias” seguían vigentes, la minería ilegal avanzaba sin control y la eliminación del Ministerio de Medio Ambiente era un hecho consumado.
La paradoja de Bolivia en materia climática es brutal. El país genera menos del 0,1% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Pero es considerado uno de los más vulnerables del mundo por su alta dependencia de los recursos naturales, la sensibilidad de sus ecosistemas de montaña y amazónicos, la pobreza de amplios sectores de su población y su limitada capacidad técnica y financiera de adaptación. Es, en términos climáticos, un inocente que recibe el castigo del culpable.
Los impactos ya son visibles y medibles. En la cuenca del lago Poopó, la temperatura mínima aumento 2,06 grados Celsius en 56 años. Las proyecciones del IPCC para los Andes tropicales proyectan un aumento de 2 a 4 grados para 2050 respecto a niveles preindustriales, la desaparición de entre el 78% y el 97% de los glaciares tropicales, mayor intensidad y frecuencia de sequías e inundaciones, y el desplazamiento de zonas aptas para agricultura hacia mayores altitudes. La Chiquitania experimentó una disminución del 28% en sus precipitaciones.
Los incendios de 2024 convirtieron a Bolivia de golpe en un emisor neto masivo. Solo esas quemas emitieron 120 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, según la Organización Meteorológica Mundial. Para ponerlo en perspectiva, eso equivale a las emisiones anuales de un país como Austria. La quema de bosques amazónicos libera carbono almacenado durante siglos y reduce la capacidad futura de absorción. Cada hectárea deforestada es una fuente y un sumidero menos. En un contexto global donde se necesitan más sumideros, Bolivia está reduciendo el suyo.
La diplomacia climática boliviana tiene una historia de contrastes. En 2010, el gobierno de Evo Morales organizó la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático en Tiquipaya, Cochabamba, que convocó a 35.000 personas de 140 países. En los foros de la ONU, Bolivia defendió mantener el calentamiento global por debajo de 1 grado, más ambicioso que el Acuerdo de París, y criticó el mercado de carbono como “falsa solución”. Pero domésticamente, las “normas incendiarias” ampliaron la frontera agrícola a costa de los bosques. El discurso internacional no se tradujo en políticas coherentes internas.
El mercado de carbono, precisamente, es una oportunidad que Bolivia no ha sabido aprovechar. Si el país protegiera y restaurara sus bosques, podría capturar entre 500 millones y 2.000 millones de dólares anuales en pagos por carbono, según estimaciones conservadoras. El mecanismo REDD+ y los mercados voluntarios de carbono existen, tienen demanda y pagan. Pero requieren monitoreo satelital riguroso, transparencia en la distribución de fondos y, sobre todo, una moratoria real a la deforestación. Ninguna de esas condiciones se cumple en Bolivia hoy.
Colombia mostró que el cambio es posible. El gobierno de Gustavo Petro redujo la deforestación en un 36% en 2023 mediante la política de “ríos de cian”, que condiciona transferencias fiscales a departamentos amazónicos a la reducción de la tasa de deforestación. Ecuador, por su parte, ha monetizado su bosque a través del Yasuni-ITT, aunque con resultados mixtos. Costa Rica, como se mencionó, pasó de perder bosques a ganarlos mediante el pago por servicios ambientales. Bolivia tiene los bosques, la biodiversidad y el marco legal. Lo que le falta es la implementación.
La COP30 en Belem fue una oportunidad perdida para Bolivia. El giro discursivo del gobierno de Paz no se acompañó de compromisos cuantificables ni de un plan de implementación doméstica. La delegación boliviana, de 29 miembros, no logró posicionar al país como receptor relevante de financiamiento climático. En un contexto donde los fondos verdes globales crecen, pero se concentran en países con capacidad de absorción institucional, la debilidad del nuevo viceministerio ambiental se convierte en una desventaja competitiva.
El cambio climático no es un problema futuro para Bolivia. Es un problema de hoy, que se manifiesta en glaciares que desaparecen, en ríos que se contaminan, en cosechas que fallan, en comunidades que migran y en parques nacionales que arden. El país que proclamo los Derechos de la Madre Tierra necesita ahora aplicar esos derechos a sí mismo. Las cumbres internacionales son útiles, pero el carbono no se reduce con discursos. Se reduce con bosques de pie, con leyes que se cumplen y con una institucionalidad que funciona.
Diplomacia verde, realidad marrón
La Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, realizada en Tiquipaya, Cochabamba, en abril de 2010, fue el mayor evento ambiental de la historia de Bolivia. Convocó a 35.000 personas de 140 países y produjo la Declaración de los Derechos de la Madre Tierra, que influenció la legislación boliviana.
Sin embargo, el legado de esa conferencia se desvió. El mismo gobierno que la organizó promulgó las “normas incendiarias” que destruyeron millones de hectáreas de bosque. En los foros de la ONU, Bolivia criticó el mecanismo REDD+ como “mercantilización de la naturaleza”, privándose así de una fuente de financiamiento que podría haber compensado a comunidades indígenas por conservar sus bosques.
La coherencia entre discurso internacional y práctica doméstica sigue siendo el talón de Aquiles de la política ambiental boliviana. La participación en la COP30, con el nuevo discurso de “economía verde productiva”, podría significar un cambio real si se traduce en acciones concretas: moratoria a la deforestación, inversión en energías renovables, creación de un fondo soberano del litio y recuperación institucional del viceministerio ambiental.
Tierra arrasada: extractivismo, crisis y poder en Bolivia
En esta serie de reportajes, cada entrega aborda una dimensión de la crisis ambiental boliviana con datos, testimonios y el contexto de otros países que enfrentaron dilemas similares. El horizonte es 2050, pero las decisiones que lo determinan se toman hoy, en estos años, en estas legislaturas. El tiempo no es neutral.
1 | Bosques: La deforestación que consume el futuro | 12,6 millones de hectáreas ardieron en 2024. La compra de tierras por Erai Maggi, el “rey de la soya”, y las leyes que premian la quema. Un modelo agroindustrial que convierte bosques en mercancía.
2 | Minería: La herida metálica | Del Cerro Rico a los salares de litio: cinco siglos de extractivismo. La fiebre del oro envenena ríos y pueblos indígenas con mercurio. Los convenios con China y Rusia y la paralización judicial.
3 | Hidrocarburos: La reserva que se resiste a morir | Tariquía, el bosque tucumano-boliviano que Petrobras quiere perforar. La lucha de mujeres campesinas contra el crudo en una reserva nacional de flora y fauna.
4 | Agua: Glaciares fugaces y ríos agonizantes | El río Guadalquivir se contamina mientras los glaciares andinos desaparecen. Tarija sufre sequías extremas. Más de 2 millones de personas en La Paz y El Alto enfrentan una crisis hídrica estructural.
5 | Áreas protegidas: Asedio a lo sagrado | Madidi, TIPNIS y Noel Kempff: las joyas de la biodiversidad boliviana bajo asedio de mineros, petroleros y colonizadores. El jaguar ganó una batalla legal, pero la guerra continúa.
► 6 | Cambio climático: Bolivia paga una deuda que no contrajo | Menos del 0,1% de las emisiones globales, pero entre los países más vulnerables. Los incendios convirtieron a Bolivia en emisor masivo de CO2. La diplomacia climática frente a la realidad doméstica.
7 | Dimensiones económicas, políticas y sociales | Los bonos verdes, el endeudamiento climático y la geopolítica del litio. Por qué un país con las mayores reservas del “oro blanco” sigue sin producirlo.
8 | Prospectiva: Bolivia 2050, tres escenarios, una sola decisión | La Deriva, el Reformismo y la Transformación Soberana: tres caminos plausibles para Bolivia entre 2026 y 2050. Las ventanas de tiempo que se cierran y las decisiones que determinan el futuro.
A continuación:
Los bonos verdes, el endeudamiento climático, la geopolítica del litio y las razones políticas y económicas que explican por qué Bolivia destruye lo que más necesita.
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