LEYENDO: Parte 3 de 8 | Tierra arrasada: extractivismo, crisis y poder en Bolivia
Hidrocarburos: La reserva que se resiste a morir
En el corazón de la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía, comunarias y comunarios enfrentan a Petrobras y al Estado para salvar el último bosque tucumano-boliviano.
El 5 de enero de 2026, un convoy de 13 vehículos de la empresa Petrobras Bolivia, escoltados por contingentes policiales, ingresó a la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía con el objetivo de instalar equipos para el proyecto hidrocarburífero DMO-X3 en el área de San Telmo Norte. La respuesta de los Comunarios de la Subcentral campesina fue inmediata para bloquear el acceso. El Comité Cívico de Tarija exigió al presidente Paz que enviara al titular de YPFB a dar explicaciones. La asamblea cívica decreto: “Tariquía no se toca; se defiende”. Era el capítulo más reciente de una lucha que dura ya más de una década.
Tariquía no es un territorio cualquiera. Ubicada al sureste de Tarija, fronteriza con Argentina, la reserva alberga el último bosque tucumano-boliviano del país, una ecorregión única que combina bosques húmedos sureños con transiciones al Chaco serrano. Es área de recarga hídrica que protege las fuentes de agua más importantes de la región. En su zona núcleo habitan al menos trece especies en peligro de extinción. Las diez comunidades campesinas que viven en su interior y las trece de la zona de amortiguación han custodiado el territorio desde la creación de la reserva.
El conflicto comenzó en 2007, cuando el gobierno de Evo Morales señaló a Tariquía como zona de interés petrolero. En 2011, Petrobras obtuvo el estudio de dos bloques. Los 4,4 trillones de pies cúbicos de reservas en crudo hallados inicialmente alimentaron una política expansiva sin precedentes. Tres Decretos Supremos de 2015 abrieron las áreas protegidas a actividades hidrocarburíferas. Se crearon cuatro bloques en Tariquía: Churumas, Huacareta, San Telmo y Astillero, comprometiendo el 55% del total de la reserva. Empresas como Shell, a través de BG Bolivia, ingresaron al tablero.
La respuesta comunitaria se organizó desde 2017, cuando las mujeres dirigentes de las comunidades ocuparon la Subcentral Sindical de Tariquía y desarrollaron lo que las investigadoras Claudia López Pardo y Marxa Chávez León denominan “la capacidad de veto”: prácticas que provienen de los espacios de reproducción y se combinan con la forma orgánica de la lucha sindical. Desde entonces, han logrado bloquear reiteradamente el ingreso de maquinaria petrolera. En marzo de 2019 se produjo la primera confrontación con fuerzas policiales. En 2023, la lucha fue “avasallada nuevamente por fuerzas policiales”, según documenta Rosa Luxemburgo Stiftung.
Patrones de Conflicto en Tariquía
* División comunitaria: La empresa ofrece beneficios diferenciados, generando tensiones.
* Criminalización de la protesta: Se acusa a los defensores de “obstrucción” y “sabotaje”.
* Asimetrías legales: Las comunidades litigan con recursos propios contra grandes corporaciones.
* Impunidad sistemática: Prevalece la inacción judicial frente a las violaciones ambientales.
El bloque Churumas es el más delicado. Afecta directamente la zona de protección irrestricta de la reserva. Allí se instalaron dos pozos de exploración y uno de producción que pasó a fase activa en junio de 2025, según el Ministerio de Hidrocarburos. Las comunidades de Chiquiacá denunciaron desde hace tres años la contaminación y destrucción causada por las actividades de exploración. YPFB y Petrobras respondieron judicializando a veintinueve dirigentes y bases comunitarias, acusándolos de “generar la crisis económica actual”. Doce personas continúan imputadas.
Petrobras Bolivia sostiene que su proyecto esta “fuera de la Reserva” y que cuenta con licencia ambiental otorgada en julio de 2025. Los defensores de Tariquía cuestionan la validez de la consulta pública, realizada de manera selectiva con sectores afines al proyecto. El caso encapsula la paradoja de un país que declaró los Derechos de la Madre Tierra en su Constitución de 2009 y que al mismo tiempo abre sus áreas protegidas a la exploración petrolera. Tariquía es la prueba de que las leyes ambientales más avanzadas de América Latina valen poco sin voluntad política para hacerlas cumplir.
El contexto global no ayuda. La caída de la producción de gas natural, de 60 millones de metros cúbicos diarios en 2015 a 46 millones en 2025, genera presión fiscal para explorar nuevas áreas. El analista Raúl Velázquez de la Fundación Jubileo señalaba en 2019 que, de 100 áreas reservadas para exploración, 15 están sobrepuestas a parques nacionales, pero 85 no. ¿Por qué Tariquía y no otra? La respuesta, según Velázquez, es que las petroleras ya habían ingresado mucho antes de que fuera reserva natural. En 2022, Velásquez observó que las áreas sobrepuestas habían subido a 18.
Noruega ofrece un contraste. El fondo soberano de ese país, alimentado por petróleo, ronda los 1,92 billones de dólares y es el mayor del mundo. Pero Noruega lo logró imponiendo estándares ambientales estrictos a sus operadores, gravando generosamente las ganancias y diversificando la economía. Bolivia, con reservas comparables de hidrocarburos, nunca logró ni lo uno ni lo otro. El gas financió el “milagro económico” de 2006-2014, pero poco se invirtió en diversificación. Cuando los precios cayeron, el país no tenía paracaídas. Ahora, con las reservas agotándose, la presión por explotar Tariquía se vuelve irresistible para un Estado sediento de divisas.
PARA PROFUNDIZAR:
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Tariquía, corazón de agua
La Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía fue creada en 1989 y abarca 24.620 hectáreas en el sureste de Tarija. Su función hídrica es estratégica: las cuencas de la reserva alimentan acuíferos que proveen agua a comunidades campesinas y a zonas urbanas del departamento.
El bosque tucumano-boliviano que alberga es una ecorregión considerada prioritaria para la conservación a nivel global, con endemismos de flora y fauna que no se encuentran en ninguna otra parte de Bolivia.
La perforación petrolera en esta zona representa riesgos múltiples: contaminación de acuíferos por filtración de fluidos de perforación, fragmentación del hábitat por la apertura de trochas y caminos, y la expulsión de comunidades que han demostrado ser los mejores guardianes del ecosistema.
Las mujeres de la Subcentral Tariquía han desarrollado una forma de resistencia que combina la organización sindical campesina con estrategias de cuidado y reproducción, creando lo que las investigadoras Marxa Chávez León y Claudia López Pardo denominan “una crítica central a la forma política impuesta desde el estado y lo partidario”.
Tierra arrasada: extractivismo, crisis y poder en Bolivia
En esta serie de reportajes, cada entrega aborda una dimensión de la crisis ambiental boliviana con datos, testimonios y el contexto de otros países que enfrentaron dilemas similares. El horizonte es 2050, pero las decisiones que lo determinan se toman hoy, en estos años, en estas legislaturas. El tiempo no es neutral.
1 | Bosques: La deforestación que consume el futuro | 12,6 millones de hectáreas ardieron en 2024. La compra de tierras por Erai Maggi, el “rey de la soya”, y las leyes que premian la quema. Un modelo agroindustrial que convierte bosques en mercancía.
2 | Minería: La herida metálica | Del Cerro Rico a los salares de litio: cinco siglos de extractivismo. La fiebre del oro envenena ríos y pueblos indígenas con mercurio. Los convenios con China y Rusia y la paralización judicial.
► 3 | Hidrocarburos: La reserva que se resiste a morir | Tariquía, el bosque tucumano-boliviano que Petrobras quiere perforar. La lucha de mujeres campesinas contra el crudo en una reserva nacional de flora y fauna.
4 | Agua: Glaciares fugaces y ríos agonizantes | El río Guadalquivir se contamina mientras los glaciares andinos desaparecen. Tarija sufre sequías extremas. Más de 2 millones de personas en La Paz y El Alto enfrentan una crisis hídrica estructural.
5 | Áreas protegidas: Asedio a lo sagrado | Madidi, TIPNIS y Noel Kempff: las joyas de la biodiversidad boliviana bajo asedio de mineros, petroleros y colonizadores. El jaguar ganó una batalla legal, pero la guerra continúa.
6 | Cambio climático: Bolivia paga una deuda que no contrajo (Próximamente) | Menos del 0,1% de las emisiones globales, pero entre los países más vulnerables. Los incendios convirtieron a Bolivia en emisor masivo de CO2. La diplomacia climática frente a la realidad doméstica.
7 | Dimensiones económicas, políticas y sociales (Próximamente) | Los bonos verdes, el endeudamiento climático y la geopolítica del litio. Por qué un país con las mayores reservas del “oro blanco” sigue sin producirlo.
8 | Prospectiva: Bolivia 2050, tres escenarios, una sola decisión (Próximamente) | La Deriva, el Reformismo y la Transformación Soberana: tres caminos plausibles para Bolivia entre 2026 y 2050. Las ventanas de tiempo que se cierran y las decisiones que determinan el futuro.
A continuación:
Los glaciares que desaparecen, el río Guadalquivir que se contamina y como Tarija enfrenta una sequía que reduce sus caudales hasta en un 40%.
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