LEYENDO: Parte 4 de 8 | Tierra arrasada: extractivismo, crisis y poder en Bolivia
Agua: Glaciares fugaces y ríos agonizantes
Tarija sufre sequías extremas, los Andes pierden su hielo y dos millones de personas en La Paz enfrentan una crisis hídrica estructural que ya no tiene retorno. El río Guadalquivir se muere mientras los glaciares huyen hacia el cielo.
El río Guadalquivir nace en las laderas orientales de la Cordillera de Sama, en Tarija, y recorre 230 kilómetros antes de unirse al río Bermejo. Su nombre evoca al río andaluz, pero sus aguas no tienen nada de poético. En 2008, la Contraloría General del Estado clasificó sus aguas como aptas para riego y recreación en toda su cuenca. Para 2015, ese diagnóstico era historia. Las descargas de las quebradas Sosa y Sagredo, que atraviesan la ciudad de Tarija, habían convertido sus aguas en “muy contaminadas”. Los macro invertebrados sensibles a la polución habían desaparecido, reemplazados por organismos tolerantes que solo prosperan en ambientes degradados.
La causa es la combinación perfecta de negligencias. El crecimiento poblacional e industrial superó la capacidad de las plantas de tratamiento de aguas residuales. La cobertura de alcantarillado no respondió a la demanda. La extracción de áridos y agregados en el cauce no tuvo regulación. Y en el municipio de Tarija, las quebradas Sosa y Sagredo vierten cargas orgánicas que superan en múltiplos el límite permisible. Aguas abajo, en la zona del Temporal, el Guadalquivir logra auto depurarse gracias al aporte del río Camacho, pero ese proceso natural tiene un límite que la presión antrópica está superando.
La situación del Guadalquivir es un microcosmos de la crisis hídrica nacional. Bolivia registra al menos un lago y 16 ríos contaminados, aunque la cifra real es mayor. El río Pilcomayo, que nace en Potosí y atraviesa el Chaco hasta el Paraguay, recibe relaves mineros con concentraciones de zinc, plomo y arsénico que superan en decenas de veces los límites permisibles. Ha perdido más del 90% de sus especies de peces. Las comunidades weenhayek se quedaron sin su principal fuente de proteína animal. En Oruro, el lago Uru-Uru y las zonas aledañas al Poopó reciben aguas de más de 400 concesiones mineras.
Pero la mayor amenaza viene de las alturas. Bolivia alberga aproximadamente el 20% de los glaciares tropicales del mundo. Esas masas de hielo son los “bancos de agua” que alimentan ríos, humedales y ciudades durante la estación seca. Y se están desvaneciendo. Los glaciares andinos bolivianos han perdido entre el 30% y el 50% de su superficie en los últimos 30 años. El Chacaltaya desapareció en 2009. El Illimani, ícono de La Paz, retrocede aceleradamente. El IPCC proyecta que los glaciares bajo 5.000 metros desaparecerán en las próximas décadas.
La consecuencia directa afecta a más de 2 millones de personas. La Paz y El Alto dependen de los glaciares para abastecer entre el 60% y el 85% de su agua en años secos. En 2016, una sequía severa dejó a miles de hogares sin suministro. Fue un adelanto de lo que será la norma. Para 2040, con los glaciares en estado crítico, el suministro de agua para la conurbación se tornará estructuralmente deficitario. Se proyectan racionamientos permanentes, conflictos sociales severos por el acceso al agua y migración masiva desde el altiplano hacia el oriente.
En Tarija, la sequía de 2025 fue un ensayo general. La Federación Sindical Única de Comunidades Campesinas de Tarija, la Asamblea del Pueblo Guaraní Itika Guazú y la Federación de Trabajadores Campesinos del Chaco declararon estado de emergencia. Los caudales de ríos, reservorios y represas se redujeron hasta un 40%. Las temperaturas llegaron a 30 grados en el valle central y superaron los 40 en la región chaqueña. Los municipios de Yunchará, El Puente, Padcaya, Entre Ríos, Bermejo y Cercado reportaron niveles críticos. El dirigente guaraní René Arebayo señaló que familias no pudieron iniciar la siembra de granos básicos por falta de humedad.
El lago Titicaca, el navegable más alto del mundo, enfrenta presiones múltiples. La contaminación por aguas residuales de Puno y municipios bolivianos, la disminución de precipitaciones documentada en el Foro Internacional Titicaca 2021, la escorrentía agrícola con fertilizantes y pesticidas, y la pesca excesiva han reducido las poblaciones del pez endémico ispi. El lago Poopó, segundo del país, se evaporó casi por completo en 2015. El pueblo Uru Murato, “los hombres del agua”, perdieron su cultura, su forma de vida y su territorio ancestral. Se convirtieron en los primeros “refugiados climático-ambientales” de Bolivia.
Chile ofrece un modelo de advertencia. El país que Bolivia ve como competidor en litio enfrenta una crisis hídrica estructural en su zona norte, donde la minería del cobre consume enormes cantidades de agua en el desierto más árido del mundo. La estrategia chilena ha sido la desalinización, pero su costo energético es elevado. Perú, por su parte, implementó un sistema de alerta temprana glaciar con estaciones de monitoreo en la Cordillera Blanca. Bolivia no cuenta con un plan nacional de adaptación hídrica articulado, a pesar de que la crisis es predecible y las soluciones técnicas existen: nuevas represas, trasvases, eficiencia en el uso y protección de cuencas.
PARA PROFUNDIZAR:
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Tarija agoniza de sed
La crisis hídrica de Tarija no es un evento aislado sino la manifestación de una tendencia secular. Según datos de la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho y la Universidad Católica Boliviana, el promedio anual de precipitación en el departamento ha disminuido un 20% en los últimos 30 años, entre 15 y 20 milímetros por año.
La variabilidad afecta directamente los acuíferos locales, que se encuentran en constante agotamiento por la sobreexplotación de pozos artesanales. La falta de políticas de conservación de agua agrava la situación. Los planes departamentales desarrollados desde 2011, como la “Cumbre del Agua” y el Plan de Desarrollo 2012-2016 con su objetivo “Armonía con la naturaleza”, nunca fueron implementados con el presupuesto y la institucionalidad necesarios.
El aumento de temperatura en Tarija se calcula en 0,5 grados Celsius por año, una tasa alarmante que acelera la evaporación y reduce la recarga de acuíferos. El departamento tiene más de 150 represas y embalses, incluyendo la represa de San Jacinto, pero la infraestructura no compensa la perdida de los recursos naturales que la hicieron posible.
Tierra arrasada: extractivismo, crisis y poder en Bolivia
En esta serie de reportajes, cada entrega aborda una dimensión de la crisis ambiental boliviana con datos, testimonios y el contexto de otros países que enfrentaron dilemas similares. El horizonte es 2050, pero las decisiones que lo determinan se toman hoy, en estos años, en estas legislaturas. El tiempo no es neutral.
1 | Bosques: La deforestación que consume el futuro | 12,6 millones de hectáreas ardieron en 2024. La compra de tierras por Erai Maggi, el “rey de la soya”, y las leyes que premian la quema. Un modelo agroindustrial que convierte bosques en mercancía.
2 | Minería: La herida metálica | Del Cerro Rico a los salares de litio: cinco siglos de extractivismo. La fiebre del oro envenena ríos y pueblos indígenas con mercurio. Los convenios con China y Rusia y la paralización judicial.
3 | Hidrocarburos: La reserva que se resiste a morir | Tariquía, el bosque tucumano-boliviano que Petrobras quiere perforar. La lucha de mujeres campesinas contra el crudo en una reserva nacional de flora y fauna.
► 4 | Agua: Glaciares fugaces y ríos agonizantes | El río Guadalquivir se contamina mientras los glaciares andinos desaparecen. Tarija sufre sequías extremas. Más de 2 millones de personas en La Paz y El Alto enfrentan una crisis hídrica estructural.
5 | Áreas protegidas: Asedio a lo sagrado | Madidi, TIPNIS y Noel Kempff: las joyas de la biodiversidad boliviana bajo asedio de mineros, petroleros y colonizadores. El jaguar ganó una batalla legal, pero la guerra continúa.
6 | Cambio climático: Bolivia paga una deuda que no contrajo (Próximamente) | Menos del 0,1% de las emisiones globales, pero entre los países más vulnerables. Los incendios convirtieron a Bolivia en emisor masivo de CO2. La diplomacia climática frente a la realidad doméstica.
7 | Dimensiones económicas, políticas y sociales (Próximamente) | Los bonos verdes, el endeudamiento climático y la geopolítica del litio. Por qué un país con las mayores reservas del “oro blanco” sigue sin producirlo.
8 | Prospectiva: Bolivia 2050, tres escenarios, una sola decisión (Próximamente) | La Deriva, el Reformismo y la Transformación Soberana: tres caminos plausibles para Bolivia entre 2026 y 2050. Las ventanas de tiempo que se cierran y las decisiones que determinan el futuro.
A continuación:
Cómo el Parque Nacional Madidi, el TIPNIS y Noel Kempff enfrentan el asedio de mineros, petroleros y colonizadores, y la historia de un jaguar que ganó una batalla legal contra el Estado.
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