En el Día Mundial del Medio Ambiente
Tierra arrasada: extractivismo, crisis y poder en Bolivia
Litio que no se extrae. Bosques que se queman. Glaciares que desaparecen. Un gobierno que elimina el Ministerio de Medio Ambiente. Esta serie de reportajes examina el extractivismo, la contaminación, el agua, el poder y la resistencia en el corazón de la crisis ambiental en Bolivia.
Bolivia amanece cada día con el mismo enigma. Posee las mayores reservas de litio del planeta, más de 55 millones de hectáreas de bosque tropical, los glaciares que alimentan a millones de personas y una biodiversidad que atesora especies aun sin catalogar.
Y, sin embargo, en 2026, el país se despierta también con la memoria de 12,6 millones de hectáreas convertidas en cenizas en 2024, alrededor de 1 millón en 2025, con el Ministerio de Medio Ambiente eliminado por decreto presidencial y con el agronegocio brasileño comprando tierras en la Chiquitanía a precio de liquidación.
La contradicción es el oxígeno de la política boliviana. En noviembre de 2025, el gobierno de Rodrigo Paz Pereira asumió la conducción del Estado prometiendo cuidar los bosques y abrirse al mundo. Semanas después, el Decreto Supremo 5488 suprimía el Ministerio de Medio Ambiente y Agua, fusionándolo con la cartera de Desarrollo Productivo y Economía Plural bajo la dirección de Óscar Mario Justiniano, un empresario agroindustrial.
La medida, defendida como una acción de austeridad fiscal y eficiencia institucional, fue interpretada por organizaciones ambientalistas como un retroceso histórico. En la práctica, el viceministerio resultante depende de un ministerio cuyo objetivo prioritario es, por encima de todo, el crecimiento económico, que reclama su primogenitura sobre la conservación.
Los números están ahí, pero el país parece decidido a seguir ignorándolos. En 2024, Bolivia sufrió la peor serie de incendios de su historia. Según el Instituto Boliviano de Investigación Forestal, entre junio y octubre de ese año ardieron 10.771.550 hectáreas, de las cuales el 65,4% se concentró en Santa Cruz y el 30,5% en Beni. La Fundación TIERRA elevo la cifra a 12,6 millones cuando se sumaron las pérdidas de noviembre. En términos proporcionales, Bolivia fue el segundo país del mundo en destrucción de bosque primario, solo detrás de Brasil, según Global Forest Watch y la Universidad de Maryland. La cifra equivale al 11,5% del territorio nacional.
Mientras tanto, el agronegocio avanza sin freno. Erai Maggi, el empresario brasileño conocido como el “rey de la soya” y fundador del Grupo Bom Futuro, habría adquirido entre 30.000 y 40.000 hectáreas en la Chiquitanía, según reportes de la CNN Brasil Money y el portal AgFeed. El precio por hectárea en la zona ronda los 2.000 dólares, una fracción de los 7.000 dólares que cuestan en Mato Grosso. Maggi lo dijo sin ambages durante el Foro Brasil-Bolivia, con el propio presidente Paz en el auditorio: Bolivia representa hoy lo que Mato Grosso fue en décadas pasadas. La frontera agrícola brasileña, que ya destruyo el 25% de los bosques de ese estado, busca nuevo territorio.
En el altiplano, la otra gran historia es el litio. Bolivia posee 23 millones de toneladas de recursos identificados, el doble de las reservas de Chile. Pero el Servicio Geológico de Estados Unidos no reporta ni una sola tonelada como reserva certificada. La estatal Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) pensaba producir apenas 3.500 toneladas en 2025, y se acercó a 2.500, mientras Chile extrae 300.000 anuales. Los contratos firmados con el consorcio chino CBC y la rusa Uranium One Group, filial de Rosatom, están suspendidos por orden judicial desde agosto de 2025, por incumplimiento de evaluaciones de impacto ambiental y falta de consulta previa a comunidades indígenas.
La crisis hídrica se anuncia sin titulares, pero con contundencia matemática. Las ciudades de La Paz y El Alto, con más de 2 millones de habitantes, dependen de los glaciares andinos para abastecer entre el 60% y el 85% de su agua. Esos glaciares han perdido entre el 30% y el 50% de su superficie en tres décadas. El Chacaltaya, que albergaba la pista de esquí más alta del mundo, desapareció por completo en 2009. En las proyecciones del IPCC, todos los glaciares tropicales andinos bajo los 5.000 metros desaparecerán en las próximas décadas.
En Tarija, la situación es igualmente alarmante. En 2025 una sequía extrema que redujo los caudales de ríos, reservorios y represas hasta en un 40%. Los municipios de Yunchará, El Puente, Padcaya y Entre Ríos declararon emergencia. El río Guadalquivir, principal arteria hídrica del valle, paso de clasificarse como moderadamente contaminado en 2008 a muy contaminado en 2015, según la Contraloría General del Estado. Las descargas de las quebradas Sosa y Sagredo convirtieron sus aguas en un riesgo para la salud pública.
La geopolítica añade otra capa de complejidad. Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha redefinido su relación con América Latina en clave de recursos estratégicos. El litio, el cobalto y el cobre son ahora materiales de seguridad nacional. El Comando Sur ha dicho que el litio del triángulo latinoamericano es prioridad estratégica. El gobierno de Paz Pereira señala un viraje hacia Washington, pero China y Rusia tienen contratos firmados que esperan la aprobación legislativa (los proyectos PL-197-2024-2025, PL-170-2024-2025, y PL-588-2023-2024 están archivados en la Cámara de Diputados).
Bolivia juega en un tablero donde sus fichas son valiosas pero su posición es débil.
Tierra arrasada: extractivismo, crisis y poder en Bolivia
En esta serie de reportajes, cada entrega aborda una dimensión de la crisis ambiental boliviana con datos, testimonios y el contexto de otros países que enfrentaron dilemas similares. El horizonte es 2050, pero las decisiones que lo determinan se toman hoy, en estos años, en estas legislaturas. El tiempo no es neutral.
1 | Bosques: La deforestación que consume el futuro | 12,6 millones de hectáreas ardieron en 2024. La compra de tierras por Erai Maggi, el “rey de la soya”, y las leyes que premian la quema. Un modelo agroindustrial que convierte bosques en mercancía.
2 | Minería: La herida metálica | Del Cerro Rico a los salares de litio: cinco siglos de extractivismo. La fiebre del oro envenena ríos y pueblos indígenas con mercurio. Los convenios con China y Rusia y la paralización judicial.
3 | Hidrocarburos: La reserva que se resiste a morir (Próximamente) | Tariquía, el bosque tucumano-boliviano que Petrobras quiere perforar. La lucha de mujeres campesinas contra el crudo en una reserva nacional de flora y fauna.
4 | Agua: Glaciares fugaces y ríos agonizantes (Próximamente) | El río Guadalquivir se contamina mientras los glaciares andinos desaparecen. Tarija sufre sequías extremas. Más de 2 millones de personas en La Paz y El Alto enfrentan una crisis hídrica estructural.
5 | Áreas protegidas: Asedio a lo sagrado (Próximamente) | Madidi, TIPNIS y Noel Kempff: las joyas de la biodiversidad boliviana bajo asedio de mineros, petroleros y colonizadores. El jaguar gano una batalla legal, pero la guerra continúa.
6 | Cambio climático: Bolivia paga una deuda que no contrajo (Próximamente) | Menos del 0,1% de las emisiones globales, pero entre los países más vulnerables. Los incendios convirtieron a Bolivia en emisor masivo de CO2. La diplomacia climática frente a la realidad doméstica.
7 | Dimensiones económicas, políticas y sociales (Próximamente) | Los bonos verdes, el endeudamiento climático y la geopolítica del litio. Por qué un país con las mayores reservas del “oro blanco” sigue sin producirlo.
8 | Prospectiva: Bolivia 2050, tres escenarios, una sola decisión (Próximamente) | La Deriva, el Reformismo y la Transformación Soberana: tres caminos plausibles para Bolivia entre 2026 y 2050. Las ventanas de tiempo que se cierran y las decisiones que determinan el futuro.
Esta sección es independiente. Ninguna empresa, gobierno u organización paga por estas publicaciones. Las presentamos porque creemos en el periodismo como herramienta de resistencia y porque estamos ante factores que nos atraviesan a todos: un sistema extractivista sin frenos y un punto de no retorno en la crisis climática. Visibilizar estas luchas no es un acto de solidaridad abstracta, es reconocer que puede pasarnos mañana a cualquiera.
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