Pura Cepa | Día Mundial del Teatro
Teatro en Tarija: entre la resistencia y sus grietas
El actor Willem Dafoe escribe en 2026 que el teatro resiste la fragmentación del mundo. En Tarija, ese llamado urgente llega a un gremio que lucha y también se fractura.
Willem Dafoe, el actor que construyó su oficio en los márgenes del sistema antes de que el sistema lo reclamara, escribe este año el mensaje del Día Mundial del Teatro con una frase que parece hecha para Tarija: “Debemos evitar la corrupción del teatro como una empresa meramente comercial dedicada al entretenimiento por distracción, o como un mero instrumento institucional para conservar tradiciones”. Dos trampas. Dos espejos en los que el teatro tarijeño lleva décadas mirándose sin terminar de reconocerse.
En 2023, en este espacio nos preguntamos a dónde va el teatro en Tarija. En 2025, exploramos la ruta hacia un teatro tarijeño propio. En 2026, la pregunta no ha cambiado demasiado, pero el paisaje tiene algunas grietas nuevas que merecen nombrarse, junto a las luces que persisten.
Lo que persiste es admirable
Esta semana, con motivo del 27 de marzo, Tarija despliega funciones en la Casa de la Cultura, microteatro en mercados y líneas de micros, un conversatorio sobre teatro en los espacios de formación, proyecciones de teatro filmado y un convivio de celebración. Jësaete Teatro, Epopeya Teatro, la Compañía Oráculo, la Compañía Artescenic, la Compañía de Títeres y Sombras Respira: nombres que sostienen con sus espaldas lo que las instituciones no sostienen con presupuesto. Los mismos nombres, o sus herederos directos, que aparecían en los boletines de 1999. Julián “Chiquis” Cartagena, fallecido en octubre de 2024, y César Siles Torrez, también conocido como el payaso “Pepe Trueno”, fallecido en noviembre de 2025, sembraron ese suelo, convirtiéndose en dos de las principales caras de un orgulloso y regional teatro tarijeño. Otros lo trabajan todavía.
Lo que no ha cambiado tampoco sorprende
El Teatro de la Cultura cuesta 865 bolivianos por función para un grupo local —grupos de música y danza logran pagar la cuota sin tanto esfuerzo—. La Gobernación y la Universidad están exentas de ese pago. No existe una Escuela de Teatro. La dramaturgia original sigue siendo obra de contados artistas. El público prefiere el teatro folclórico del calendario festivo, que no tiene entrada, sobre el teatro de sala, que cuesta 30 bolivianos. Dafoe también escribe que “debes estar presente para ganar”. En Tarija, el problema es que cada vez hay menos razones institucionales para que los hacedores de teatro quieran estar presentes.
Recursos que se fueron sin dejar raíz
Hay un capítulo de esta historia que pocas veces se dice en voz alta, quizás porque duele más que la queja contra el Estado: la posibilidad que existió y se desperdició desde adentro.
Ronald Millares, director de Itaú Teatro y uno de los dramaturgos activos en Tarija hoy, lo dice sin rodeos: durante el auge del gas, entre 2012 y 2017, Tarija tuvo fondos culturales que no volvieron. Él y otros —Ana Rosario Choque, Sadid Arancibia— pelearon para que esos recursos generaran intercambio real: un festival nacional con grupos de afuera, maestros del interior, formación. “Habíamos propuesto que eso se debería diversificar, que deberíamos traer grupos de afuera para que haya un festival de teatro aquí, porque había plata en ese entonces”. La resistencia, según Millares, vino de una mirada regionalista instalada en quienes ya tenían acceso a los canales institucionales: “No querían que la plata vaya a otro lado, que otros grupos vengan”.
Millares recuerda que Freddy Chipana, Tabla Roja, Títeres Paralamano, son algunos directores y compañías que podían haber formado generaciones, que pudieron haber llegado. “De alguna manera, te alimenta eso”. Al final, en 2017 o 2018, los que se oponían se retiraron del proceso, los fondos se perdieron, y la pandemia hizo el resto.
El nombre que Millares recupera con más énfasis es el de Nelson Ugarte, gestor casi borrado de la historia oficial del teatro tarijeño. Según Millares, Ugarte fue quien trajo la noción de trabajo en cooperativa, quien gestionó maestros del interior, quien abrió el camino que él mismo recorrió: “Yo conocí la Escuela Nacional de Teatro ahí, y así me fui a Santa Cruz”. Ugarte terminó auto-exiliado en Pando, luego de que un grupo de figuras del gremio —algunos de los mismos que hoy son citados como pilares del teatro regional— firmaran una carta para impedirle trabajar con instituciones públicas o privadas. “Más allá de sus desencuentros con otros artistas, que los tuvo, creo que no les competía tomar esa decisión”.
El saldo de esa era, en el relato de Millares, no es solo la pérdida de dinero. Es la pérdida de una oportunidad de construir lo que todavía no existe: una escuela, una red, un circuito. “Por eso estamos así”.
Una historia que el gremio tardará en digerir
A este panorama conocido se suma el siguiente caso. En octubre de 2025, Martín Leis y su grupo UMA Teatro viajaron a Cochabamba para participar en la XXXIV edición del Premio Nacional de Teatro Peter Travesí con Bajo terapia, del dramaturgo argentino Matías del Federico. La obra recibió su premio. Pero al finalizar la función, la jurado Mariana Bredow señaló públicamente que la puesta en escena era idéntica a la del director Daniel Veronese: misma organización del espacio, misma escenografía, mismo movimiento escénico, mismo tratamiento actoral, todo verificable en plataformas de acceso público. Leis, interpelado frente al público, se adjudicó en un primer momento la autoría de la puesta en escena. Luego reconoció que no contaba con los derechos de Veronese.
Lo publicado por la Revista La Trini de Cochabamba el 8 de octubre de 2025 documenta que, tras el suceso, Leis y el organizador Juan Argandoña contactaron retroactivamente a Veronese y a del Federico, quienes otorgaron su aval: “No pasa nada, no hay ningún drama de mi parte ni de Daniel (Veronese)”, dijo del Federico en una grabación. La situación quedó, según la organización, “resuelta”. Bredow no lo ve así: en una carta al Comité del Premio la jurado sostiene que “cuando yo le pregunté frente al público de quién era la puesta en escena, el director se la adjudicó a sí mismo, teniendo la oportunidad de decir la verdad”, que “una obra que copia un video tan visto en YouTube debería ser descalificada”, y advierte que el Premio “desvalorizará su dignidad” si no incorpora y exige la originalidad de la puesta en escena como criterio irrenunciable.
No sería la primera vez que Leis ha recurrido a la réplica de un trabajo ajeno sin atribución apropiada. Ocurrió algo similar con Como si pasara un tren, de la dramaturga argentina Lorena Romanin, quien fue consultada sobre derechos de autor y la figura de director residente de su obra en Bolivia, dado que la puesta en escena presentada por Leis en octubre de 2024 en Tarija replicaba a detalle la versión grabada de dicha obra disponible en la plataforma Teatrix. Romanin, quien escribió y puso en escena su propio trabajo, prohibió a Leis que continúe la presentación de Como si pasara un tren al no tener los derechos correspondientes.
Versiones que no conviven
Lo que complica aún más el cuadro de Bajo Terapia se conoció a través de entrevistas. El 8 de octubre de 2025, Janeth Jurado, actriz de UMA Teatro, y Martín Leis situaron otro factor del conflicto en el papel del Comité del Premio: “Han permitido que se nos trate así cuando hemos ido a nombre de Tarija. La gobernación tiene conocimiento de nuestra participación allá”, dijo Jurado. “Nosotros ahora somos el elenco del teatro (de la Cultura)”, dijo Leis.
El 15 de octubre de ese año, Cinthia Choque, Directora de Cultura de la Gobernación, dijo no saber nada y lamentó que algo así le ocurriera a un grupo tarijeño: “Nosotros no somos auspiciadores de nada, no tenemos elencos ni representaciones artísticas. Sería erróneo que comenten eso (…) Debería él sacar una nota pública, agradecer a la población, y reconocer: esta obra no es mía, es de otra persona”.
Dos versiones que no conviven. Es evidente que quedó un mal sabor para el grupo tarijeño que viajó a Cochabamba a vivir una experiencia que al menos para un par de los actores era la primera vez que sucedía. Pero la situación tiene detalles y matices que revelan el gran vacío del teatro en Bolivia: qué es una puesta en escena, qué es una escenografía, qué es la autoría, y qué es el derecho que tienen los autores de esos y otros oficios.
Mientras tanto, la obra se volvió a presentar en Tarija con el rótulo de ganadora del Premio Peter Travesí, sin mencionar a Veronese como autor de la puesta en escena, y Leis sigue disponiendo del Teatro de la Cultura para sus talleres. El mismo teatro que los grupos tarijeños no pueden costear.
Lo que también hay que decir
Un argentino gana el único premio nacional de teatro boliviano con el trabajo de otro argentino, representando a una ciudad donde los teatreros locales no tienen escuela, ni escenario propio, ni presupuesto. El dato es redondo y amargo. Pero adentro del problema convive lo humano. Al menos hasta ahora, el grupo que Leis ha conformado con decenas de jóvenes tarijeños es un espacio que ofrece lo que hay en muy pocos sitios.
Janeth Jurado soñó durante 30 años en convertirse en actriz y lo logró con Leis. “Hay muchos chicos que tienen problemas, para ellos es un desahogo llegar a la clase, y pisar un escenario es su sueño. Chicos que jamás en la vida habían pensado que iban a poder expresarse así”, dijo, revelando una de las funciones fundamentales del teatro. “La gente no sabe lo que hay detrás de todo este trabajo, de los sueños de los pibes, de los problemas con los que vienen”, acotó Leis.
Resurgir de otra manera
Ronald Millares tiene sus propias cicatrices de este panorama, y también sus propias apuestas. “Con la pandemia se ha sepultado todo. Y ahora estamos resurgiendo”, dice. Su grupo Itaú Teatro está preparando una gira a Paraguay y ha participado recientemente en un festival en Potosí. No es la primera vez que salen: ya han estado en El Alto, en Jujuy, en Chile.
Lo que Millares reivindica no es solo la queja —que también tiene, y la justifica— sino el hacer: “Nosotros nos quejamos, pero justificamos y estamos haciendo”. Su punto no es que el teatro tarijeño esté muerto, sino que el relato de su historia necesita más voces para ser honesto. “Qué bueno que haya notas que también nos permitan sacudirnos y repensar lo que estamos haciendo”.
Dafoe escribe en 2026 que el teatro debe ser el espacio donde nos preguntemos “hacia dónde vamos”. En Tarija, la pregunta sigue abierta, sea cual sea el año en que estemos. Lo honesto es reconocer que la respuesta depende no solo de las instituciones que fallan, sino también de la integridad con que el propio gremio cuida lo que construye.
El teatro tarijeño existe. Tiene raíces, tiene gente que lo ama con una dedicación que no admite otra explicación que la vocación pura. Tiene también sus sombras. Nombrarlo todo es, quizás, la única manera honesta de celebrarlo.






