El cóndor y la niña que viajan contando historias sin edad
La compañía Respira lleva cinco años construyendo un teatro de títeres propio, vivo y con identidad, que desafía el olvido y recupera los mitos de Tarija con técnica, emoción y una vocación que ya germina en las nuevas generaciones.
Había niños que llegaron a la función con sus propios títeres. Los trajeron para participar, para compartir la obra con sus amigos de tela, plástico y madera. Así pasó en las dos funciones del domingo 12 de abril en la Casa de la Cultura de Tarija, y eso dice mucho sobre el trabajo de la compañía Respira. El arte del teatro de títeres está germinando, y eso, en una ciudad donde la escena favorece la danza y la música por encima de las artes escénicas, no es poca cosa.
Mitos y Leyendas de Tarija es una obra con cinco años de desarrollo sostenido, construida en etapas, con apoyos institucionales que llegaron y se fueron, y con una obstinación creativa que hoy se traduce en un espectáculo de notable factura.
Con el apoyo técnico de Luna Eva, Ana Choque y Armando Arancibia combinan las técnicas del títere de guante y el teatro de sombras para contar tres relatos: el cuento de Óscar Alfaro sobre el sapo que quería ser estrella, la leyenda de Moisés Navajas y sus juegos de taba con el Diablo, y el mito guaraní de Imaybé, la mujer que se convirtió en toborochi para escapar de la violencia de los conquistadores. Los une un cóndor narrador llamado Óscar, que viaja por las regiones recolectando historias.
La estructura es sencilla y eficaz, tiene ritmo, tiene dinamismo escénico, y una propuesta honesta que reconoce la multiplicidad de lo tarijeño, que tiene tanto de andino como de chaqueño mezclado en los valles, resultando más en riqueza que en contradicción. Eso se ve en el personaje de la niña Imaybé, con sus chapitas rojas y sus colores guaraní; y en el cóndor Óscar, símbolo nacional que también sobrevuela Tarija. Juntos, entre chistes y risas, abren la conversación necesaria sobre quiénes somos y qué historias nos conforman.
El nombre de la compañía se vuelve un recurso fundamental, pues antes de cada relato, los personajes invitan al público a respirar profundamente, varias veces, con insistencia. El nombre se vuelve pedagogía escénica y apuesta por la atención plena en un tiempo de inmediatez digital, para niños y adultos por igual.
Ana Choque: “Hemos visto parejas ir a disfrutar la obra, personas mayores también ir a disfrutarlo incluso solos. El títere no tiene una edad a la cual va dirigido”
Porque el títere, como descubrió Respira en plazas, barrios, el festival de Oruro y los teatros, no tiene edad. Llegan familias, llegan jóvenes, llegan adultos mayores solos. Y todos salen con alegría en el rostro.
Hacia adelante, Respira proyecta una temporada en el Teatro de la Cultura durante las vacaciones, giras a ciudades intermedias del departamento, y la incorporación de nuevos relatos, entre ellos el Silbaco e historias de Todos Santos que el cóndor aún guarda en su vuelo. Es un proyecto que crece con inteligencia, que busca público propio y que entiende que la profesionalización del teatro de títeres en Bolivia pasa por construir desde los territorios.
En Tarija, ese trabajo tiene raíces y tiene nombre: Respira.





