¿Casualidad? El caso “narcomaderas” coincide con la caída de las exportaciones forestales chilenas
Mientras Chile registra su peor caída forestal en años, Bolivia enfrenta un escándalo por droga en cargamentos de madera que terminó siendo un falso positivo, dejando pérdidas millonarias y mercados paralizados en ambos países.
El sector forestal sudamericano atraviesa su peor momento en años. Chile registra una caída pronunciada en sus exportaciones de madera y celulosa, mientras Bolivia enfrenta lo que sus empresarios llaman “la tormenta perfecta”: una investigación por presunta droga impregnada en cargamentos de madera —el caso “narcomaderas”— que terminó siendo un falso positivo, pero que ya dejó pérdidas millonarias y mercados paralizados.
¿Casualidad o consecuencia? Chile atribuye su caída a factores estructurales como la baja de precios internacionales, pero la cronología del escándalo y su impacto en la logística portuaria bien pudo haber contribuido al deterioro: los envíos chilenos sumaron US$ 2.254,1 millones en los primeros meses de 2026, un 15,4% menos que en 2025. En negocios, las casualidades son poco frecuentes.
El desencadenante
El 8 de junio de 2026, el fiscal regional de Arica y Parinacota, Mario Carrera, informó sobre la presunta detección de más de 100 toneladas de sustancias ilícitas en cerca de 1.080 toneladas de productos derivados de madera enviados desde Bolivia: 108 toneladas de cocaína y ketamina, equivalentes al 10% de la carga. La operación involucró a la Fiscalía de Arica, la Armada y Aduanas, y fue presentada como uno de los mayores hallazgos de narcotráfico en la historia reciente del país.
El escándalo se expandió rápido. Se activaron controles férreos en los puertos de Arica, Valparaíso y San Antonio, donde se detectaron 45 contenedores contaminados; en Brasil se retuvieron camiones bajo la misma sospecha. Navieras y transportistas comenzaron a rechazar carga boliviana de inmediato.
Chile: una caída que ya venía gestándose
La debilidad del sector chileno no arrancó en junio. Según el Instituto Forestal (INFOR), las exportaciones de 2025 totalizaron US$ 5.922,5 millones, por debajo de los US$ 6.370,7 millones de 2024, por menores precios internacionales, menor demanda global y problemas logísticos.
En 2026 no hubo alivio: entre enero y mayo, los envíos alcanzaron US$ 2.254,1 millones (-15,4% interanual), con retrocesos generalizados salvo en pulpa textil de eucalipto y tableros MDF de pino radiata. China, que pasó de representar el 5% de las exportaciones en 2000 a cerca del 40% en 2026, redujo su demanda y presionó los precios a la baja.
Bolivia: el desplome posterior al escándalo
El impacto en Bolivia fue abrupto: la Cámara Forestal de Bolivia (CFB) reportó una caída del 66,1% en las exportaciones del segundo trimestre de 2026 frente a igual período de 2024, con pérdidas superiores a los US$ 16 millones.
En mayo de 2026 las exportaciones apenas llegaron a US$ 1,88 millones, y en junio cayeron a US$ 1,16 millones —cifras menores incluso a las de la pandemia (US$ 4,23 millones en junio de 2020). Unos 60 contenedores permanecen retenidos en el puerto de Arica.
El presidente de la Cámara Forestal, Pedro Colanzi, describió el escenario como “la tormenta perfecta”, tras 53 días de paros, escasez de diésel y nuevos controles. “Nos hemos convertido en un sector leproso”, advirtió, señalando el riesgo sobre mercados construidos durante más de 40 años. La Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz calificó el daño como “incalculable”.
La investigación que cambió el rumbo
El 17 de julio de 2026, casi seis semanas después, el Gobierno boliviano informó que los análisis de laboratorios de Chile y Brasil descartaron droga en los cargamentos retenidos. El viceministro Hernán Paredes explicó que el error pudo originarse en la mala interpretación del reactivo de detección, cuyo resultado debe leerse en los primeros 40 segundos. Bolivia anunció que denunciará al fiscal de Arica y exigirá resarcimiento y disculpa pública.
¿Casualidad o causalidad?
Queda la duda de si la caída chilena —que ya venía gestándose desde 2025— se aceleró por el escándalo, o si incluso se benefició de la abrupta caída boliviana. Los controles extraordinarios activados el 8 de junio demoraron los despachos más de 20 días, según la CFB, ralentizando el flujo portuario en Arica, Valparaíso y San Antonio, puertos clave también para la carga chilena.
Los datos de INFOR para enero-mayo (previos al escándalo) ya mostraban -15,4%, pero las cifras de junio y julio —aún no publicadas en detalle— podrían revelar un impacto adicional. Paredes reconoció que varios puertos chilenos “no están queriendo aceptar exportaciones bolivianas”, dejando abierta la pregunta de si esa desconfianza se extendió a otras cargas forestales.
Un sector en vilo
Mientras Bolivia prepara su denuncia, ambos países enfrentan un panorama incierto: en Chile, a la caída de precios se sumó una disrupción logística difícil de aislar en las cifras; en Bolivia, la crisis es existencial, con 200.000 empleos en riesgo y una confianza internacional golpeada. Por ahora, la coincidencia temporal es, cuando menos, llamativa.





