Pura Cepa | La Contra
Samia Imaybé, una nueva dramaturga en el pueblo
La joven escritora estudia Idiomas, lleva apenas un cuarto de siglo en este planeta, y tiene entre manos proyectos de obras que todavía nadie puede siquiera sospechar.
El 16 de mayo de 2026 se estrenó el primer montaje de la obra “Rojo”, escrita por Samia Imaybé. Ella no da los apellidos. Todos los que la conocen saben que su familia no aprueba sus pasiones. El teatro, ese arte tan necesario y tan mal ponderado, es para sus parientes una marca bestial. Samia, una hermana gemela, termina siempre comparada con la que sí transita caminos más constructivos y sin riesgo social. Llegará el día en que se alegren de una vez por todas y reconozcan el color verdadero de esa oveja negra.
No es una historia nueva. Las mujeres artistas han librado esa batalla doméstica con frecuencia, precisamente en el tramo de profesionalización, cuando se necesita apoyo y se recibe silencio o reproche. Samia, al menos, ya tiene un estreno.
“Rojo” es la primera obra de Samia que ve la luz de la escena. Dice que es una obra sobre la salud mental, que es como entrar a la cabeza de una persona y escuchar desde adentro sus voces. Habla sobre la psicosis. No, Samia no ha tenido brotes psicóticos, solo curiosidad desde el colegio, cuando empezó a pensar en esta y otras obras. Investigó, supo que la psicosis puede aparecer cuando una persona se vuelve incapaz de lidiar con el dolor al punto que, simplemente, se quiebra. De ahí en adelante, solo queda el abismo interminable entre esto y una realidad imposible de compartir con nadie.
Sin embargo, el montaje no es fiel al texto original de la autora. De hecho, es una adaptación hecha a medida del grupo Uma Teatro, dirigido por Martín Leis, quien comanda a una docena de actrices y actores que se vuelven el coro de voces en la cabeza de una mujer devastada por la infidelidad, al punto de no guardar siquiera una grata memoria de lo que fue amor. Falta conocer el texto original de la nueva dramaturga tarijeña y todo lo que no fue escenificado.
Por el momento, el dispositivo hace honor al slogan del afiche (“Una experiencia teatral donde lo que te habita define lo que ves”) con una escenificación infrecuente en el medio teatral tarijeño, digna en su economía de recursos, que permite experimentar la fragmentación de la realidad, concepto que suena bien, aunque en los hechos roce el descuido y bajo aprovechamiento de talentos y elementos; el video puede olvidarse por completo y no habría mucho que extrañar, no atrapa como lo hace el sonido, que por algo es el sentido psicótico por excelencia. Múltiples intérpretes, múltiples voces, sonidos que construyen la textura de la deriva mental.
Mirar la obra con los ojos cerrados, por momentos, y moverse por el espacio para apreciar otras cosas, por momentos, es lo más recomendable en esta experiencia.
“Rojo” tiene linaje. En los noventas, Sarah Kane irrumpió en el panorama teatral inglés con una escritura que provocó rechazo inmediato. Su última obra, “Psicosis 4.48”, es un poema escénico lleno de musicalidad y vacío que alude a la hora del día en que más suicidios se cometen. Kane escribía desde adentro de la mente rota, igual que Samia lo intenta desde Tarija. Kane es hoy una de las dramaturgas más representadas en Europa, traducida a más de una docena de idiomas. Empezó con una primera obra, en una sala pequeña, con más detractores que aplausos.
Entonces, no importa lo que falte al montaje, o que falte la familia. Lo que vale es que Samia Imaybé escribió y encontró un grupo dispuesto a escenificar su texto, y que el 16 de mayo hubo un público escuchando las voces que ella imaginó desde el colegio. Lo demás llegará. Y no importa, porque Samia y el teatro ya ganaron.





