Paola Álvarez, el arte de los tejidos
La artista cuenta cómo trabaja sus mantas y lo que significan para ella.
Karina Paola Álvarez Rotuno es una arquitecta y artista de 45 años nacida en Córdoba, Argentina, pero hace 20 años que reside en Tarija. Llegaría a Bolivia cuando se acercaba el nacimiento de su primer hijo, ya que el deseo de sus suegros era que sus nietos sean chapacos. Luego nació su segundo hijo, y Paola se estableció definitivamente en el departamento.
Sobre el arte dice que, más que una faceta o afición, es “la esencia de su ser”. Por lo tanto, afirma que disfruta de todas las artes. La pintura fue el primer arte en el que incursionó, lo hizo de manera autodidacta. Aunque cuenta que disfruta pintar, también siente que le es muy difícil.
“El arte es la esencia de mi ser”
Sin embargo, Paola se expresa y plasma su arte en multitud de lienzos. Tiene en casa un taller, un “multi-taller”, en sus palabras, donde logra creaciones en pintura, soldadura, madera, vidrio o costura. El lienzo, el material o la técnica dependen exclusivamente de su estado de ánimo. Hace un tiempo que Paola solo trabaja con tejidos, logrando mantas únicas.
Pura Cepa (PC): ¿Por qué ahora trabajas con tejidos?
Paola Álvarez (PÁ): “Siempre es algo que depende de mi estado de ánimo y fuerza. Estoy en un momento especial y espiritual, y los tejidos son una meditación para mí. En las mantas que hago siempre queda una parte de mí. Lo hago completamente por pasión, no las vendo e invierto todo mi dinero y tanto tiempo como puedo”.
(PC): ¿Cómo son las mantas?
(PÁ): “Lo primero es la lana, realizo viajes al altiplano tarijeño para poder conseguir buena lana de llama o alpaca. Originalmente, me inspiré en los tejidos de ahí, estos son hechos a mano y deben ser los únicos en el mundo. Cada manta es única y ninguna permite errores, si se comete uno, hay que destejer. Por la seguridad que puede dar una manta, decidí agregarles metales, aunque me gustaría trabajar con los 5 metales sagrados, les pongo cobre o bronce y hago flecos o diseños”.
(PC): ¿Por qué no vendes tus tejidos?
(PÁ): “Es que se trata de algo que hago por puro gusto, no hay un fin económico. Pasa también que son muy caras por los materiales y el trabajo que conllevan. Cada manta cuesta entre 100 y 300 dólares y no es una prioridad o no hay plata para algo así. Me gustaría poder exportarlas y tengo en mente ir a Cuzco a ofrecerlas, pero, aunque no gane nada, voy a seguir tejiendo”.








