“Perspectivas” afirma que el arte joven late fuerte en Tarija
Con veintiocho obras de catorce artistas y técnicas que van del óleo al bajorrelieve, el Colectivo Bohemia Andaluz inauguró su primera muestra de 2026 con temática libre y voluntad colectiva.
Desde el lunes 22 hasta el sábado 27 de junio, la sala de exposiciones de la Casa de la Cultura albergó “Perspectivas”, primera muestra anual del Colectivo Bohemia Andaluz, agrupación tarijeña que cumple tres años de actividad ininterrumpida y que reúne en esta ocasión veintiocho obras de ocho integrantes del colectivo y seis artistas invitados.
La muestra prescinde de un concepto temático unificador. El nombre elegido funciona como declaración de principios y como bienvenida a la multiplicidad. “Cada artista ve la vida y a través de su arte refleja de diferente forma”, explica Mariela Morales, una de las fundadoras y portavoz del colectivo. “Cada persona tiene diferente perspectiva desde lo que es la vida misma, la realidad, el arte, su estilo, y así también el público interpreta de acuerdo a su perspectiva cada obra”.
El resultado es una convivencia de registros que traza un mapa expresivo del momento. Las técnicas se suceden —pastel, óleo, acrílico, tinta, carboncillo, bajorrelieve, escultura— y los temas oscilan entre el paisaje, la música, la mitología, lo onírico y la contingencia política reciente.
Entre las obras más destacadas figura Anfibio, de Fernanda Andrade, que explora el espacio intermedio entre pintura y escultura mediante relieves de frescura singular. Juan Antonio Álvarez, hasta ahora conocido por sus copias de maestros antiguos, da un giro sobrio con Animal en Tinta, un pulpo tratado con contención expresiva. Mariela Morales rinde tributo a Gustavo Cerati, Charly García y Ludwig van Beethoven en tres piezas de pastel, sepia y sanguina.
La coyuntura nacional impregna dos obras con nitidez. Exavel responde a los bloqueos recientes con 50 días grises, y Diego Soliz firma Clamor por Bolivia. Ambas son la traducción de una emoción cívica al lenguaje del lienzo y el papel.
Los registros contemplativos también encuentran su lugar. Junto a una fogata, de Areli Rosellón, alcanza una simpleza casi mística. Fabián Tirado propone con Paraíso un surrealismo personal en el que una figura gris comienza a iluminarse mientras los pájaros alimentan al muerto recién llegado. Samira Estrada aporta la única escultura del conjunto: una Medusa solitaria, ojos cerrados, abrazada a sí misma.
La maestría técnica completa el cuadro. Jardín, de Sergio Miranda, construye un simbolismo vigoroso en carboncillo, con un cráneo animal que resplandece entre la naturaleza viva. Nº 1906, de Roger Vargas, captura con realismo vibrante una de esas puertas que el avance urbano amenaza con borrar. El Paisaje Marítimo de Luis Albino suma una escena sencilla y limpiamente ejecutada.
“El arte es también un medio de comunicación”, sintetiza Morales. “A través de una obra nos comunicamos; reflejamos lo que pensamos, sentimos y vemos”.








