Colores de Tarija: maestros que enseñan, artistas que exponen
La Galería de Arte de la Casa de la Cultura acoge hasta el 6 de junio una muestra donde los docentes del Instituto de Formación Artística José Santos Mujica Mier exponen para Tarija y, sobre todo, para sus alumnos.
Hay algo conmovedor en ver a un maestro exponerse ante sus propios alumnos.
El grupo Colores de Tarija, conformado por docentes del Instituto de Formación Artística José Santos Mujica Mier, inauguró el 1 de junio su muestra pictórica en la Galería de Arte de la Casa de la Cultura, en homenaje al Día del Maestro. Estos artistas enseñan de lunes a viernes, y dibujan, pintan y esculpen en sus ratos libres.
La exposición ofrece lo que algo que el ecosistema tarijeño ya conoce: óleos de factura correcta, acuarelas de paleta amable, temáticas costumbristas que recorren los mismos circuitos de siempre. Waldo Oropeza regresa, puntual, con sus tres figuras que marchan hacia un destino que nunca se revela. Víctor Galarza insiste en su estilo tierno y sincero que captura el mundo rural con la lógica de quien lo habita. No hay sorpresas, pero tampoco deshonestidad.
Adriana Lema, que rara vez expone su propio trabajo, presenta piezas cerámicas que merecen atención detenida. Utilitarias, decorativas y alegóricas a la vez, sus obras recuerdan que el arte puede vivir en los objetos sin perder dignidad estética. Incluso tratándose de obras rescatadas de un proceso lleno de turbulencias, Lema habla desde sus piezas de una forma de vida, no de una demostración técnica, y esa diferencia se percibe.
Ramiro Paricagua trae obras estimulantes dentro del conjunto de la muestra. Dos dibujos, elaborados con carboncillo y tierra de Entre Ríos, interpelan más por la materialidad que por el tema, con ese algo terroso, local, puesto en el papel con un gesto claro. Además, un grabado con técnica Hayter completa el perfil de una propuesta que intenta ir más allá del repertorio disponible.
Otros grabados destacables en el conjunto son los que presenta David Ramos, cuyas composiciones resultan extraordinariamente similares al “Retrato de Lucio Cabañas” del artista mexicano Mario Guzmán. Los rostros cambian, un hombre mayor, una mujer mayor, posiblemente personas cercanas al autor, pero el fondo y la estructura visual del original permanecen intactos.
En estos tiempos, tal decisión estilística apunta a un préstamo logrado con inteligencia artificial o alguna herramienta de reproducción digital que fue dejada en último plano, lo que en una exposición de maestros hace pensar que si existen herramientas que permiten crear a partir de obras ajenas, ¿qué impediría decirlo? ¿Por qué no enseñarlo? Las técnicas cambian, pero la transparencia sigue siendo una forma de respeto hacia colegas, alumnos que observan, aprenden e imitan, y público que, individual y colectivamente, debe seguir cultivándose.








