“Habitación” de Faél Lara: la construcción de la intimidad
El pintor paceño inauguró su segunda muestra individual en Daniela Mérida Gallery, un ejercicio de orden, memoria y símbolos entre la figuración y el sueño.
La Paz recibió el pasado 24 de junio a Faél Lara, nacido en esa ciudad en 1996, quien inauguró en Daniela Mérida Gallery su segunda exposición individual, titulada Habitación, con el respaldo de Laboratorios Bagó. Apenas catorce meses después de su debut, la muestra confirma que aquel joven que en marzo de 2025 desplegó 170 obras bajo el nombre Reflejos Etéreos ha dejado de ser una revelación pasajera en la nueva pintura boliviana.

El apellido pesa. Lara pertenece a la tercera generación de una de las familias artísticas más influyentes del país, heredera directa del universo de Raúl Lara, el pintor orureño que definió el llamado barroco mestizo boliviano, con personajes flotantes, cargados de simbología andina. Formado en la Academia Nacional de Bellas Artes, en la Fundación Simón I. Patiño y en la carrera de Artes Plásticas de la Universidad Mayor de San Andrés, Faél asumió pronto esa herencia, pero su trabajo hace eco en la gestualidad visceral de Willem de Kooning y de la materialidad de Antoni Tàpies, además de las cosmovisiones alucinadas de otros miembros de su propia familia, todo procesado en un lenguaje que ya nadie confunde con el de sus mayores.

Si Reflejos Etéreos fue un estallido de impermanencia, un viaje hacia adentro narrado casi sin límites de formato ni de técnica, Habitación representa el momento en que ese magma se ordena. Faél Lara “ordenó la casa”, puso cada gesto, cada mancha, cada símbolo en su sitio, cambiando el pincel suelto por la plomada y la escuadra para trazar los pasajes entre su arquitectura interior y la de la ciudad que habita. El resultado es un universo poblado de habitaciones, ventanas, escaleras, peces, ojos y figuras fragmentadas que oscilan entre la figuración y la abstracción, entre lo cotidiano y lo onírico, dentro de una narrativa que privilegia las preguntas.

La curadora Daniela Mérida describe la muestra como una arquitectura mental: piezas que a primera vista parecen dispersarse en lenguajes distintos, pero que terminan articulándose en una sola habitación abierta para ser recorrida. La intervención museográfica extiende ese universo pictórico al espacio físico de la galería, convirtiendo al visitante en huésped de una intimidad que no es solo de Lara, sino de cualquiera que reconozca ahí sus propios cuartos: los recuerdos, las contradicciones, las formas particulares de entender el mundo.
Algo hay de abismo, también, y algo de esperanza. La oscuridad de los cuartos, allende el color, tiene su correlato en las escaleras que transforman las subidas y bajadas de la infancia, y desafían las dobles y triples alturas de los espacios públicos, de los centros comerciales, del campo abierto, espacios paceños entre tantos otros.

En Habitación, Faél Lara está cimentando también su propio alfabeto de símbolos, más allá y a partir del dominio familiar, del apellido, para empezar y seguir ejerciendo un dominio propio. Conocemos su intimidad, formada por la intimidad de muchas otras personas y cosas. Sentimos su crecimiento como un manifiesto a veces soterrado, a veces impúdicamente expuesto en palabras, como si no fuera suficiente la forma y sus colores, para imponer con claridad la obsesión de su juventud.

Habitación no elude la tensión entre el deseo de soledad y la necesidad del otro: exige público para existir, muros para protegerse y, al mismo tiempo, una transparencia crística, casi total, para dejarlo todo entrar; para invertir de una vez por todas el temor a ser tocado. Nada hay aquí que sea nuestro, y todo es nuestro. La habitación quedará sola, lista para alguien más cuando sea necesario. Solo venimos con un cuerpo, a compartir, a tomar, a cuidar, a destruir para construir la memoria de otros cuerpos que nos lleven ineludiblemente hacia el umbral que nos entregue a una nueva habitación.

Con el Premio de Pintura obtenido en 2025 en la Exposición de la Illas y una agenda que ya incluyó muestras colectivas en Madrid y Nueva York, Faél Lara consolida en Habitación una pintura como investigación permanente. La noche de la inauguración, el artista recibió a amigos, colegas y curiosos junto a Daniela Mérida, en un ambiente que privilegió la cercanía frente a cada lienzo, como corresponde a una obra que pide ser recorrida despacio, cuarto por cuarto.
La exposición permanece abierta de lunes a sábado, de 9:00 a 13:00 y de 15:00 a 20:00, en Daniela Mérida Gallery, sobre la avenida Montenegro de la zona de San Miguel. Con apenas treinta años, Faél Lara ya no dialoga únicamente con el legado de su apellido: dialoga, de igual a igual, con el arte que está por venir.






