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Nunca le cortes las alas a un niño

Mis manos son pequeñas y por eso se me cae la leche aunque no quiera.

Mis piernas son cortas, por favor, espérame y camina más despacio, así puedo andar contigo.

No me pegues en las manos cuando toco algo y de color brillante, es que quiero aprender.

Por favor, mírame cuando yo te hablo. Así sé que me estas escuchando.

Mis sentimientos todavía son tiernos, no me regañes todo el día. Deja que me equivoque sin hacerme sentir tonto.

No esperes que la cama que haga o el dibujo que pinto sean perfectos. Ámame por el hecho de haber tratado de hacerlo lo mejor posible.

Recuerda que soy un niño, no un adulto pequeño. A veces no entiendo lo que me dices.

Te quiero tanto. Por favor, ámame por lo que soy, no por las cosas que hago.

No me rechaces cuando estas molesto conmigo y vengo a darte un beso. Me siento solo, abandonado y con miedo.

Cuando me gritas me asusto. Por favor explícame lo que he hecho.

No te enfades cuando en las noches las sombran y la oscuridad me dan miedo, cuando me despierto y te llamo. Tu abrazo es lo único que me devuelve la paz.

Cuando vamos a la tienda no sueltes mi mano, creo que voy a perderme y que no me encontrarás jamás.

Te molestaste porque me ensucio jugando. Pero es que la sensación del barro en mis pies era tan rica y la tarde tan linda. Ojalá supiera lavar, para lavar mi ropita.

Hoy te sentiste mal y yo me preocupé mucho. Traté de entretenerte con mis juegos, mis cuentos, ¿qué haría yo si a ti te pasara algo?

¡Tengo mucha suerte! Entre todos los niños que hay en el mundo, ustedes me escogieron a mí.

Los adultos tendemos a olvidarnos de nuestra infancia, qué sentíamos, qué nos hería, qué nos daba miedo.

Puede que escuchen este llamado a veces verbalmente y otras no, porque los niños lo piensan en silencio.


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