Elementos para el Estado fallido
"Lamentablemente, es duro decirlo, pero es una realidad. (...) Allá donde hemos entrado desde noviembre del año pasado, (...) las intervenciones han sido repelidas por grupos armados o utilizando dinamitas, armamento de fuego, y están los registros y esta es una realidad que debemos afrontar como Estado (…) el Estado está perdiendo gobernanza o ha perdido en las últimas décadas gobernanza sobre muchas áreas del territorio nacional donde se encuentran los recursos minerales".
Se trata de declaraciones realizadas en esta semana, por Jaime Sanabria, director de la AJAM – Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera, al noticiero de ERBOL. Tuvieron una repercusión moderada en los medios, aunque analizándolas con un criterio de largo plazo, constituyen un testimonio valioso respecto a una de las tendencias centrales que atraviesa el país, en la coyuntura histórica que estamos viviendo.
Las declaraciones de Sanabria, evidencian que la existencia de grupos armados irregulares, que mantienen diversas porciones del territorio nacional como zonas liberadas es común, y probablemente se da desde hace tiempo. Milicias que simple y llanamente se apoderan por la fuerza de los recursos de una región, ante un Estado que muestra desde hace años, una notable incapacidad para ejercer gobernanza en diversos ámbitos de la vida nacional.
No son las primeras señales que aparecen en ese sentido. Hace tiempo que se repiten los incidentes acerca de comunidades “tomadas” por el contrabando, por ejemplo, también reacias a permitir la vigencia de la legalidad.
Si analizamos con detenimiento la confluencia de estas tendencias, podríamos pensar que hace tiempo se viene articulando un tejido donde convergen el narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando, como actividades ilícitas principales. Y cada vez resulta más evidente, que dicha “entente”, ha evolucionado hasta constituir un genuino peligro para nuestra viabilidad. El problema se encuentra en que, como sociedad en su conjunto, al parecer todavía no terminamos de entender las consecuencias de este fenómeno.
El chatgpt nos dice que “Un Estado fallido es un Estado que ha perdido, de manera grave y sostenida, la capacidad de ejercer las funciones básicas que justifican su existencia”, y entre sus principales falencias se encuentran la “perdida del monopolio de la fuerza”, dado que no controla todo su territorio, la “debilidad institucional” y la “crisis política prolongada”.
Bolivia todavía no es un Estado fallido, pero las señales de los caminos que podrían conducirnos hacia ese destino, están ahí, visibles para todos.
En América latina, el único Estado fallido existente es Haití. Por mucho tiempo, en décadas pasadas, el nombre de Bolivia se asociaba al de Haití, en oraciones tales como “los dos países más pobres de América Latina”, o “Bolivia, el país más pobre de América Latina, después de Haití”.
Las razones que condujeron al primer país de América Latina en independizarse, a llegar a dicha situación, son diversas. En todo caso, un testimonio vivido de su sufrimiento, nos llegó hace poco cuando las noticias dieron cuenta de “la masacre de los abuelos”; una ola de asesinatos cometida por un “señor de la guerra”, Monel Felix, jefe pandillero, en 2024, que controla uno de los barrios de Puerto Príncipe. La razón según las investigaciones, se encuentra en que un sacerdote vudú le comunicó, que la muerte de su hijo se debía a conjuros realizados por algunos ancianos brujos. Ese fue el motivo para que 184 ancianos del barrio que controla fueran asesinados en forma brutal. Según los reportes existentes Monel Felix, sigue controlando “su” porción de territorio en Haití, a pesar de las diversas condenas públicas que se han dado en este periodo, por parte de organismos internacionales.
Evidentemente existen diversas diferencias de contexto, pero la anécdota relatada no deja de recordarme, a la tortura y asesinato del viceministro Illanes en 2016, hecho por el que hubo tan solo algunas condenas abreviadas (en los hechos no-condenas), sin que se hubiera castigado a los autores materiales o intelectuales, a pesar de haber sido un hecho público.
Bolivia tiene un solido sustento geográfico, político e institucional para su conformación, sin embargo, no es inmune a la erosión institucional, política y social sostenidas.
En ese sentido, constituiría un craso error, el no comenzar a discutir las implicaciones que tiene el control territorial que diversos grupos criminales han comenzado a ejercer en el país.


