¡34 años de democracia ininterrumpida!
El mural estuvo desplegado hasta el mediodía, cuando finalmente nos retiramos y los “tiras” lo quemaron en el atrio.El ELN había estado en un intenso proceso de reorganización, bajo la dirección de nuestro comandante Omar (Jorge Ruiz Paz), con el propósito de enfrentar a la dictadura....
El mural estuvo desplegado hasta el mediodía, cuando finalmente nos retiramos y los “tiras” lo quemaron en el atrio.El ELN había estado en un intenso proceso de reorganización, bajo la dirección de nuestro comandante Omar (Jorge Ruiz Paz), con el propósito de enfrentar a la dictadura. Sabíamos que el aparato de inteligencia del gobierno militar contaba con la colaboración de mercenarios alemanes, italianos, argentinos y bolivianos que entrenaban y dirigían a los grupos de asalto que, entre otras acciones, habían asesinado al padre Luis Espinal, a Marcelo Quiroga, a los compañeros del MIR en la calle Harrington y a tantos otros dirigentes y trabajadores. Pero eso no desanimaba a quienes creíamos estar iniciando una nueva y épica jornada en las filas del ejército del Che. Sería necesario un cambio radical del escenario político para desmovilizar a ésta y otras pequeñas organizaciones populares emergentes entonces, dispuestas a tomar el camino de las armas para recuperar la democracia.Encerrados como estábamos en nuestro mundo clandestino, con escaso contacto real con las masas de trabajadores que se volcaban a las calles, ¡no atinamos a ver que ese cambio se produciría apenas dos días después!El día 10 de octubre de 1982, producto de la descomposición terminal del régimen militar que se había instalado el 17 de julio de 1980, asumía el poder Hernán Siles Suazo encabezando a la Unidad Democrática y Popular (UDP), una coalición de partidos y organizaciones entre las que destacaban el MNR-I, el MIR y el PCB.La presión sobre Siles fue tan grande que aceptaron tomar las riendas, a la carrera, en las condiciones más adversas: con un parlamento controlado por la oposición de derecha; una economía demolida literalmente por la inepta y corrupta conducción castrense y la sobrevivencia de grupos paramilitares, incluidos los “novios de la muerte” y otras facciones de la derecha cavernaria boliviana, intactas y prestas a nuevas aventuras golpistas en caso de que el proceso se salga de control y derive en un real ascenso popular democrático.No hubo ninguna necesidad de aquello, como visionariamente lo predijo Marcelo Quiroga Santa Cruz, asesinado aquel funesto 17 de julio, la UDP cumplió a cabalidad el rol histórico que le depararon sus enemigos circunstanciales.Quiroga, en efecto, creía que el imperialismo y sus socios nacionales necesitaban de un instrumento de relevo táctico, que permita el repliegue de los militares a sus cuarteles; que administre por ellos la crisis económica inminente; que enfrente a los trabajadores desgastando sus métodos de lucha; que divida sus filas mediante la acción de los propios comunistas y miristas que eran parte de las direcciones sindicales; y que, finalmente, arrastre a la izquierda en su conjunto al descrédito causado por el manejo desastroso de la inmanejable crisis económica que incubó la dictadura.Estas premoniciones ocurrieron matemáticamente. Una tras otra, los “paquetazos” de Siles, la incontrolable devaluación, la frustración del pueblo trabajador que se veía impotente ante la magnitud del descalabro, la rearticulación de la derecha política y el descontento creciente de las clases medias crearon las condiciones para el acortamiento del mandato del presidente Siles y el retorno del liberalismo económico a la conducción del país. Los partidos de izquierda fueron los primeros en fragmentarse. El PS-1 de Marcelo Quiroga se fracturó en tres grupos. Los que constituimos la fracción obrera del PS-1, junto a dirigentes históricos como José María Palacios (COB) y Justo Pérez (Federación de Mineros), dimos todavía algunas batallas desde la DRU (Dirección Revolucionaria Unitaria) que llevó al dirigente histórico don Juan Lechín Oquendo a un nuevo periodo como cabeza de la COB. Insuficientes fueron estos esfuerzos para rectificar el rumbo de la UDP.Ya con Paz Estenssoro en el Gobierno, nos encontrábamos en lo que es hoy el edificio de la COMIBOL, en medio de la huelga de hambre nacional contra el 21060, escuchando cerca de la madrugada las fascinantes anécdotas de don Juan, cuando se produjo el operativo que derivó en el “exilio” interno a la selva amazónica de miles de dirigentes sindicales y políticos. Esta fue la manera en que se dio la restauración neoliberal en el país.El reflujo político del pueblo trabajador boliviano, aturdido por este golpe, duraría algo más de 20 años. Durante ese largo periodo, la partidocracia tradicional gobernaría entregada a los dictámenes de la poderosa Embajada Norteamericana y de instituciones como el FMI o el BID.Una segunda fase democrática, sin embargo, finalmente se consolidó de la mano del movimiento indígena-campesino. Renovadas sus fuerzas, el campo popular impulsaría una radical transformación de la sociedad, la economía y el Estado. Hoy, cerrando esa brecha entre el desarrollo de la democracia social y la forma estatal, estamos los bolivianos construyendo, en democracia, ¡un nuevo Estado Plurinacional y Autonómico!


