Día del Campesino: el homenaje que no puede esperar

Cada 2 de agosto, Bolivia celebra el Día del Campesino con discursos sobre su aporte a la economía y la seguridad alimentaria. Este año, sin embargo, muchas familias de Tarija miran sus cerros quemados y se preguntan con qué alimentarán a sus animales durante el estiaje. Una ceremonia sin decisiones concretas puede parecer una burla involuntaria.

El incendio que entre el 16 y el 22 de julio recorrió el Valle Central y la Cordillera de Sama afectó, según PROMETA, 9.949 hectáreas. Más de 5.200 están dentro de la Reserva Biológica de Sama, de la que dependen fuentes de agua esenciales para Tarija. Ardieron tierras de pastoreo, chaleros y reservas de avena y chala destinadas a sostener al ganado hasta las lluvias. En las comunidades afectadas, el incendio no terminó con la última brasa apagada: apenas comenzó una emergencia más silenciosa y prolongada.

El Niño ya está activo y probablemente alcance gran intensidad en 2026. No es correcto culparlo de cada incendio, pues la mayoría de las igniciones sigue siendo humana. Pero temperaturas elevadas, baja humedad, vegetación seca y vientos fuertes pueden convertir una quema irresponsable en desastre y comprometer la próxima campaña si las lluvias llegan tarde o se distribuyen mal.

Esto ocurre en una Bolivia debilitada por la recesión, la falta de divisas, las dificultades para importar y el transporte caro. El país sale de soportar más de cincuenta días de bloqueos que interrumpieron combustibles, alimentos y medicamentos. Si se agregan sequía, pérdida de ganado y menor producción, el problema llega al precio de la carne, la leche, las verduras y los granos que consume la ciudad.

Existen cinco decisiones que no deberían esperar.

La primera es cuantificar, comunidad por comunidad, el déficit real de forraje y agua. No basta conocer las hectáreas quemadas. Hay que saber cuántos animales quedaron sin pastura, cuántas toneladas de alimento necesitan y cuántos días puede resistir cada familia con sus reservas.

La segunda, y más urgente, es crear un Banco Departamental de Forraje. No debe ser un galpón que se llena después de cada incendio, sino un sistema permanente de seguridad ganadera. La Gobernación, coordinada con los municipios, tendría que registrar proveedores, comprar chala, heno y avena en épocas de abundancia, controlar su calidad, mantener reservas rotativas y activar contratos ante incendios, sequías o heladas.

La entrega de forraje traído desde Bermejo es correcta, pero insuficiente. La ayuda debe medirse en toneladas distribuidas, animales atendidos y días de alimentación garantizados. El Banco debería contar con centros de distribución en las zonas productivas, no depender de un almacén en la capital.

El punto decisivo es subsidiar el transporte. La chala y el heno son voluminosos; su flete puede costar tanto o más que el alimento. Aunque exista forraje en Bermejo, el Chaco o departamentos vecinos, llevarlo hasta San Lorenzo o las comunidades de Sama puede resultar prohibitivo. Sin apoyo logístico, el supuesto mercado de forraje no existe. Es más económico y menos riesgoso trasladar alimento hacia los animales que intentar una transhumancia masiva del ganado.

El subsidio no debe convertirse en reparto político. Debe asignarse según productores registrados, ganado afectado, daño comprobado y distancia. Municipios y Gobernación pueden cofinanciarlo, con participación de las asociaciones campesinas y ganaderas en el control de la distribución.

La tercera decisión es proteger el núcleo reproductivo y reducir ordenadamente la carga animal. Deben priorizarse vientres, reproductores y ganado lechero. Los animales secundarios pueden comercializarse anticipadamente, evitando que todos vendan al mismo tiempo y a precio de remate.

La cuarta es asegurar agua y modernizar el riego. Primero deben repararse fugas, proteger las tomas frente a cenizas y sedimentos y organizar turnos. Después habrá que reemplazar gradualmente el riego por inundación mediante tuberías, surcos mejorados, aspersión o goteo, comenzando por pequeños productores y cultivos de mayor valor.

La quinta es convertir la prevención de incendios en una tarea diaria. Tarija necesita alertas basadas en viento, temperatura, humedad y sequedad de la vegetación; prohibición efectiva de quemas en jornadas críticas; vigilancia satelital y comunitaria; y brigadas listas antes de que aparezca el fuego. Drones y torres pueden ayudar, pero no sustituyen personal entrenado, cisternas y mando unificado.

El Día del Campesino debería cambiar este año el contenido del homenaje. El mejor reconocimiento no es otra declaración solemne, sino impedir que el productor pierda su ganado, abandone su tierra o tenga que venderla para sobrevivir. Crear el Banco Departamental de Forraje, subsidiar su transporte y ejecutar estas cinco decisiones demostraría que Tarija comprendió la advertencia. El fuego ya pasó. La verdadera emergencia comienza ahora.


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