Reflexiones del 7M
El Carnaval y los pecados políticos tarijeños
La larga trayectoria que cargan los candidatos en Tarija, por muy jóvenes que sean, hace que acumulen una serie de decisiones tomadas que muchas veces generaron problemas o de las que ahora no quieren hacerse cargo



La cosa del Carnaval es que sirve para quemar, para dejar atrás, para superar traumas y tropiezos de un año, asuntos pesados que quedan atrás entre excesos y salvajadas varias. En campaña electoral, los políticos también tratan a su manera de olvidar sus errores y vender un nuevo paradigma a su alrededor, construir un nuevo “relato” que olvide o acomode lo anterior a sus nuevas intenciones.
Los actuales candidatos, por muy jóvenes que sean, cargan ya una larga trayectoria a sus espaldas donde han tenidos días de éxito, pero también groseras equivocaciones o tomaron decisiones que a la larga les han perjudicado. Momentos que desearían borrar de su currículum, y que a veces lo logran haciéndose los desentendidos, pero que siempre estarán ahí, en las hemerotecas, dispuestos a ser usados.
Pecados y errores
Es cierto que todo depende desde el lugar donde se lo mire. Luis Alfaro decidió abandonar la disciplina del Movimiento Al Socialismo en 2015 luego de ser rechazado como candidato a Gobernador de Tarija y después de haber cuestionado las listas de 2014, cargadas de invitados. Alfaro armó su partido y sumó un 13% en la elección a la Gobernación entre halagos por haber enfrentado al establismenth masista. En la segunda vuelta decidió dar el apoyo a Adrián Oliva y finamente entró al equipo de la Gobernación como secretario de Gobernabilidad, donde renunció dos años después. En su nueva aventura como candidato a la Gobernación no está siendo capaz de explicar coherentemente este paso.
Otro político que guarda un buen puñado de momentos oscuros “olvidables” es Óscar Montes, 15 años alcalde y hoy candidato a la Gobernación, ha tomado muchas decisiones políticas en su vida, algunas de las que reniega abiertamente, como la de apoyar a Tuto Quiroga en 2014 o a Óscar Ortiz en 2019, decisiones que favorecían directamente al MAS, así como haber apoyado a Jeanine Áñez en 2020, formando así parte del Gobierno más controvertido de la historia boliviana, de momento incatalogable.
Otro momento político que Montes y su hoy socio Mario Cossío tratan de olvidar es el de la configuración de las listas de Convergencia Nacional en 2009. Ambos decidieron dejar fuera al chaqueño Wilman Cardozo, que acabó ganando la uninominal con Alianza Social y conformando Poder Autonómico Nacional (PAN) que en las departamentales de 2010 consiguió cinco curules claves para suspender a Mario Cossío del cargo seis meses después.
Cardozo se había convertido en una máquina de ganar elecciones nacionales y departamentales, pero la creciente influencia del MAS en el Chaco, donde logró aliados de la talla de Carlos Brú, Rubén Vaca y Lorgio Torres, le obligó a buscar nuevos aliados departamentales convirtiéndose en mano derecha del Gobernador Adrián Oliva. Hoy por hoy no está claro qué le aporta qué a cada cual y Cardozo se ha tenido que reinventar, de nuevo como candidato a alcalde de Yacuiba.
Tanto a Cardozo como a Alfaro se les cuestiona por haberse plegado a Oliva, mientras que a Oliva se le acusa de algo así como de no haber respetado el orden generacional y haber roto demasiado abruptamente con Camino al Cambio de Mario Cossío y Mauricio Lea Plaza. Este lo acusa directamente de “traición”. Oliva, que fue fundador de CC y asesor general de la Gobernación de Mario Cossío, tal vez se arrepienta de aquel viaje a Paraguay con Luis Pedraza en el que tal vez no quedaron tan claras las cosas.
Otro con pecados de identidad es el hoy candidato a Gobernador por el Movimiento Al Socialismo Álvaro Ruiz, que comparte con otros el haber sido electo con Camino al Cambio – Never Vega, Lorgio Torres, etc., - y haberse dado vuelta, pero que además, fue candidato de Samuel Doria Medina, tal vez el principal enemigo de su partido en los últimos 15 años, una condición que entre la vieja guardia del partido no acaba de cuadrar.
Algunos han pecado de exceso de emotividad, dejando algunos hits recurrentes. El exalcalde y hoy senador Rodrigo Paz Pereira – el compadre del río Guadalquivir – dedicó grandes halagos a su entonces amigo y antecesor en el cargo Óscar Montes, quien lo eligió como sucesor y no tardó ni ocho meses en convertirse en profundo rival. Sin duda el discurso del día que se colocó la banda municipal le ha debido causar más de una pesadilla.
Pesadillas como las que debe sufrir allí donde esté Víctor Hugo Zamora, fiel escudero de Montes y que también repartió mandobles a Rodrigo Paz incluso cuando se convirtió en ministro de Jeanine Áñez, y que acabó arruinando su carrera política.
Grueso legado de asuntos a olvidar tiene Johnny Torres, candidato a alcalde de Cercado por Unidos e histórico jefe del MNR en Cercado, que ha transado con Tuto Quiroga en su momento y que protagonizó uno de los momentos incomodos de Camino al Cambio en la legislatura que colocó a Lino Condori como Gobernador interino por cuatro largos años mientras Torres negociaba cargos en la directiva del Legislativo. Por cierto que en 2019 se rifó la sigla del MNR con Virginio Lema en solitario – hablando de unidad – y sumó un 0,69% que es más que el porcentaje de la polémica entre la victoria del MAS en primera vuelta o el haber ido a segunda vuelta.
Pecados feos también ha cometido su hermano Gonzalo Torres que va de outsider pero ya fue candidato en 2015 a alcalde y en 2019 a diputado, y que empezó su campaña sacando trapitos familiares e incluso haciendo que la señora Torres lo prefiriera a él como alcalde que a su otro hijo. Feo, feo.
Y también Patricia Paputsakis tiene en su haber un largo historial de giros y juramentos a regañadientes, como cuando tuvo que defender la candidatura presidencial de Jaime Paz Zamora a renglón seguido de defender la participación de los jóvenes y la regeneración política.
Sin duda el carnaval es buen momento para quemar y olvidarse de los errores, hacer propósito de enmienda y pensar en el futuro. O tal vez no.