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El apostolado de la catástrofe y el puesto de Luis Arce

Si la especulación acaba contagiando a todo el sistema financiero por la falta de credibilidad política las consecuencias sociales serán dramáticas para todo el país

La situación económica financiera mundial es incierta. La ortodoxia de los bancos centrales ha puesto en jaque a los de siempre, pero la respuesta que los de siempre están dando son, de momento, contradictorias.

La realidad es que no hay dólares en el mercado, es la consecuencia directa de las subidas de interés decretados por las potencias mundiales para retirar liquidez del mercado global, una medida que siempre acaba perjudicando a los “emergentes”, porque esa misma ortodoxia dice que subir los tipos de interés es un asunto de riesgo y que hay que retirar posiciones en los países más expuestos y refugiarse en las famosas inversiones AAA que determinan las mismas agencias de calificación que hace 15 años mantenían la calificación al Lehman Brothers mientras se derrumbaba por la crisis de las hipotecas.

Arce llegó de la mano del MAS, de Evo, de la pandemia y de la catastrófica gestión de Jeanine Áñez, ahora debe ganarse el puesto

La materialización de este problema en este país suele tener que ver con la exposición a la inversión extranjera y la dependencia de la deuda, que en el caso de Bolivia no es excesiva, pero también a la honestidad con la que se gestione el problema. De momento vamos mal.

Demasiados lo tomaron primero como un juego y después como la enésima oportunidad de hacerle daño al gobierno. Hasta Evo Morales, convertido en acérrimo opositor de Arce, no duda en sacudir el asunto. La cuestión es que esta vez tiene base sólida, porque el problema, efectivamente, es mundial, y por tanto, no faltan los aprovechados que esconden los dólares para especular con ellos ni quienes los dejan en paraísos fiscales o debajo del colchón, que para el caso es lo mismo.

Agrandar la situación se ha convertido en un mantra desde diferentes foros con menos sentido de Estado que responsabilidad, y las consecuencias hoy por hoy se hacen impredecibles. De momento uno de los bancos más grandes del país se ha metido en problemas por esta coyuntura, pero como se trata de uno de los grandes financiadores del agronegocio oriental que está dejando los dólares a buen recaudo, esos mismos apóstoles de la catástrofe optan por mirar para otro lado, por ejemplo, a lo que dice The Economist que imagina una República socialista que no existe.

Lo que se añade a todo esto es la penosa actuación que están teniendo los órganos clave del gobierno, más preocupados en esconder la cabeza o repetir frases como salidas de manuales de autoayuda para negar u ocultar lo que está pasando.

El Gobierno de Luis Arce juega a la defensiva desde hace demasiados meses y el margen se le empieza a agotar. Si la especulación acaba contagiando a todo el sistema financiero por la falta de credibilidad política las consecuencias sociales serán dramáticas para todo el país y, sobre todo, para los que menos tienen. Se necesitan medidas valientes y comunicación eficaz.

Arce llegó de la mano del MAS, de Evo, de la pandemia y de la catastrófica gestión de Jeanine Áñez. No le fue difícil ganar. Ahora le toca ganarse el puesto de verdad asumiendo un liderazgo sin soberbias y sin reservas.

 

 


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