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La soberbia contra el dólar

El gobierno se ha acostumbrado a comunicar a la defensiva, a tomar medidas cuando las papas queman, una estrategia de alto riesgo que puede tener que ver con la incompetencia, pero también con la soberbia

En algo tiene razón el Gobierno y nadie se lo puede negar: hace 16 años que sus opositores vienen vaticinando una crisis económica sin precedentes, una debacle nunca vista, un levantamiento popular por asfixia económica, y lo cierto es que nada de eso ha sucedido.

Hace 16 años que los opositores vienen vaticinando una crisis económica sin precedentes que nunca llega

Ha habido momentos críticos, como aquellas crisis del azúcar y de la harina por afectar a los productos de primera necesidad, pero nunca se ha llegado a un levantamiento popular por causas económicas que hiciera tambalear al gobierno. Ni siquiera el gasolinazo de 2010, vigente entre Navidad y Año Nuevo, estuvo cerca de aquello porque alguien decidió claudicar mucho antes de que siquiera empezaran las movilizaciones que, efectivamente, podían haber supuesto la caída de un ejecutivo que se presentaba como popular y que nunca lo llevó en ningún programa electoral.

También es cierto que el relato político que el gobierno del MAS, tanto el de Evo Morales como el de Luis Arce, hace de la economía es más potente que la economía misma vista en datos fríos y secos. El periodo liberal no aguanta comparación. Que se ha crecido está fuera de toda duda, y que se ha crecido más y más deprisa también, aunque alrededor de esos datos se instalen otros debates eternos sobre la autoría de las palancas que han permitido ese crecimiento – básicamente la Ley de Hidrocarburos y la nacionalización – o la interpretación de las reformas que en realidad nunca se han abordado.

Eso sí, el gobierno del MAS ha abusado en su relato de diferentes indicadores, que en el nuevo contexto económico no encajan. Bolivia ha dejado de ser un país miserable y tiene una economía en vías de desarrollo, lo que cierra el acceso a las limosnas y te coloca en la órbita del mercado de bonos y otros productos normalmente especulativos y fundamentalmente pensados para perpetuar el sistema de ricos y pobres, aunque los pobres sean, veinte años después, un poquito menos pobres.

Durante lustros se sacaba músculo sobre el volumen de las Reservas Internacionales como si sirvieran de algo en la comparación o incluso, en sí mismas siendo un dato complejo y extremadamente voluble. Se manejaba, básicamente, porque era sencillo y le quedaba a todo el mundo aun sin entender nada de economía al simplificarlo como ahorros y aquello de “las joyas de la abuela”. Así, cuando estas se volatilizan por los motivos evidentes de la coyuntura, como el precio del diésel y los impagos argentinos de un gas que cada vez se vende menos, pues no se puede pretender que se haga como si no pasara nada.

El gobierno se ha acostumbrado a comunicar a la defensiva, a tomar medidas cuando las papas queman, una estrategia de alto riesgo que puede tener que ver con la incompetencia, pero también con la soberbia. Dar seguridad económica es clave, pero eso no se hace amenazando con procesos, descalificando cualquier dato adverso e insultando a cualquiera que pida reflexión. El gobierno de Arce fue elegido por una causa por encima de todas: la seguridad económica que evocaba después de los once traumáticos meses de Áñez en esa parcela.

Sin seguridad económica ¿qué le queda al gobierno de Arce?


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