Libro vs película: “La desconocida” o cómo arruinar una novela
La adaptación de la obra de Rosa Montero y Olivier Truc sacrifica la sutileza literaria en favor de la prisa y los tiros en pantalla.
En la novela, todo comienza con uno de los vigilantes del muelle de Barcelona, un hombre apocado y lerdo que, sin embargo, lleva consigo un perro entrenado en la detección de sobrevivientes en medio de derrumbes.
Es el perro el que, contra la voluntad de su amo, descubre con el olfato y el súper oído a una mujer maniatada y amordazada dentro de un contenedor aparentemente comercial.
En la película, el vigilante escucha ruidos dentro del contenedor, a pesar de que la mujer adentro está inmovilizada como hemos dicho. Bueno, es que en el cine hay prisa, no se puede ser sutil.
En la novela, la mujer ha perdido la memoria y no sabe por qué ha sido secuestrada. Uno de los hilos narrativos, entonces, es el descubrimiento de quién es ella.
En eso, entra en juego un policía francés, porque el contenedor venía de este país. Es un policía malhablado, de costumbres no muy ordenadas y bastante díscolo, pero un buen sabueso. Sin embargo, ha sido acusado por una informante de haber cometido graves crímenes. Para escapar de la investigación, y porque hablaba español, logra que su jefe lo envíe a ayudar a los españoles con el caso de la mujer del contenedor, que todo indica que es francesa. Al viajar, el policía bueno aparta del caso a su colega, un guapo y arribista policía que está haciendo una carrera meteórica en la división de personas perdidas. Este policía quiere viajar a Barcelona porque ha estado investigando a la empresa que había enviado el contenedor, que pronto sabemos que es una tapadera de una mafia de trata de personas. La chica, por tanto, ¿es una prostituta?, ¿una joven engañada?; ¿por qué, entonces, ha sido torturada? Y, sobre todo, si los malos tenían algo contra ella, ¿por qué no la mataron?
En la película todas estas significaciones han quedado borradas. La chica ha perdido la memoria, pero el policía asignado (que es español, así se ahorra presupuesto) entra el caso porque la ha reconocido como hermana de la informante que lo ha denunciado a Asuntos Internos, así que intenta atraparla. Todo de frontón. En el camino se enfrentará casi de inmediato con la mafia de tratantes, etc.
Podría seguir dando muchos ejemplos de pasajes en los que la película reduce, simplifica y finalmente transforma a la novela, pero no tiene caso. Lo cierto es que como resultado de esta operación, lo que era una novela policial, en la que el gancho residía en el suspenso de la investigación, se ha convertido en una película de acción, donde los buenos se enfrentan con los malevos, salvan vidas y patatín patatán.
La novela tenía clichés, no se crea que no, pero eran más interesantes que los de la película, que, por ejemplo, introduce la enésima policía que acaba de sufrir un trauma personal y ha sido reincorporada al trabajo poco antes de que ocurran los hechos que debe investigar. Una policía sin ningún atractivo, y no porque sea fea, que eso no interesa (y además no lo es), sino porque carece de atractivo alguno, punto.
Sé que el cine tiene que simplificar y recortar los libros en los que se basa. No se me esconde ese hecho. Sin embargo, ¿también tiene que aplanar una obra al punto de hacerle perder sus características distintivas? ¿Olvidar en qué consiste un buen policial?
Obviamente, la mayor parte de los espectadores de la película no habrá leído la novela. ¿Qué será para ellos entonces el visionado de este título? Bueno, uno más que habrán hecho y olvidado de inmediato.
En cambio, si leyeran la novela, que tampoco es un novelón, no se crea, quedarían sin embargo satisfechos por haber consumido una historia policial con cierta dignidad, y entonces al menos la recordarían cuando viesen la portada de nuevo en una librería.
La novela y la película de las que habló se llaman, ambas, “La desconocida”. La primera es de la española Rosa Montero y el francés Olivier Truc. La segunda, de Gabe Ibáñez y puede encontrarse en Netflix.








