La Fundación de San Bernardo de la Frontera de Tarixa (1574)
El Diseño Político-Militar, Étnico y Territorial de una Frontera Indiana en la Real Audiencia de Charcas
Resumen Académico / Abstract
Resumen
La presente investigación analiza de manera integral la fundación de la Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa el 4 de julio de 1574, abordándola como un fenómeno multidimensional donde convergieron el derecho indiano, la geopolítica de contención virreinal y las dinámicas multiétnicas. El estudio quiebra el mito historiográfico tradicional de la tabula rasa al demostrar, mediante el análisis de las Actas notariales de Juan de Grájeda (1539), la existencia previa de un ordenamiento civil denominado fundación temprana del "Pueblo de Tarija" treinta y cinco años antes de la refundación toledana.
Metodológicamente, bajo un enfoque cualitativo e histórico-jurídico, se examina cómo la Real Provisión del Virrey Francisco de Toledo aplicó rigurosamente las Ordenanzas de Poblaciones de Felipe II (1573). El cálculo matemático-espacial revela una inmensa jurisdicción original de entre 90.000 y 93.000 \km 2), diseñada bajo una lógica dual: una retaguardia occidental de paz conectada a Potosí y una frontera oriental abierta hacia el Gran Chaco para contener al pueblo chiriguano. Asimismo, se demuestra que la ingeniería urbana táctica de la cuadrícula urbana supeditó la estética a la balística defensiva.
Finalmente, la investigación concluye que la viabilidad demográfica y económica de la villa dependió de una alianza pragmática multiétnica con los pueblos originarios tomatas, chichas y churumatas, quienes proveyeron mano de obra, milicias auxiliares y un sustrato tecnológico prehispánico de riego que posibilitó el inmediato éxito de los cultivos de vid y trigo, configurando la identidad histórica del sur de Bolivia.
Palabras clave: Leyes de Indias, Ordenanzas de Felipe II, Actas de Grájeda, Frontera, Tomatas, Chichas, Churumatas, Tarija.
Abstract
This research provides a comprehensive analysis of the foundation of the Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa on July 4, 1574, approaching it as a multidimensional phenomenon where Spanish Indian Law, viceregal containment geopolitics, and multiethnic dynamics converged. This study deconstructs the traditional historiographical myth of the tabula rasa by demonstrating, through the analysis of the 1539 notarial Acts of Juan de Grájeda, the pre-existence of a formal civil settlement known as the "Pueblo de Tarija" thirty-five years prior to Toledo’s re-foundation.
Methodologically, within a qualitative and historical-legal framework, this paper examines how the Real Provisión issued by Viceroy Francisco de Toledo rigorously applied Philip II's Ordinances for New Settlements (1573). Mathematical-spatial calculations reveal a vast original jurisdiction of approximately 90,000 to 93,000 \(km 2\), designed under a dual logic: a secure western rearguard linked to the mining markets of Potosí, and an open eastern frontier extending towards the Gran Chaco to contain the Chiriguano warriors. Furthermore, it is shown that the tactical urban engineering of the gridiron plan subordinated aesthetic values to defensive ballistics.
Finally, the study concludes that the demographic and economic viability of the town depended on a pragmatic multiethnic alliance with the Tomata, Chicha, and Churumata indigenous groups. These native societies provided labor, auxiliary militias, and a pre-Hispanic technological irrigation substrate that enabled the immediate success of vine and wheat crops, ultimately shaping the historical identity of southern Bolivia.
Keywords: Spanish Indian Law, Philip II Ordinances, Grájeda Acts, Frontier, Tomatas, Chichas, Churumatas, Tarija.
SECCIÓN METODOLÓGICA
1. Planteamiento del Problema
La historiografía tradicional sobre el sur de la Real Audiencia de Charcas suele abordar la fundación de la Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa (4 de julio de 1574) como un evento fundacional aislado, lineal y predominantemente militar, liderado de forma exclusiva por el contingente español a la cabeza de Luis de Fuentes y Vargas. Esta narrativa simplificada genera un vacío de conocimiento al omitir la preexistencia de un ordenamiento jurídico y civil documentado en la zona desde 1539 (Actas de Grájeda) y al desestimar el rol vinculante de las Ordenanzas de Poblaciones de Felipe II (1573).
A su vez, tiende a invisibilizar el papel de las sociedades originarias locales (tomatas, chichas y churumatas) como agentes activos de la viabilidad demográfica y defensiva del territorio. Por tanto, el problema radica en la falta de un análisis integral que articule el derecho indiano, los antecedentes de poblamiento temprano y la dinámica multiétnica, factores que realmente determinaron la configuración de Tarija como una provincia fronteriza de carácter expansivo.
2. Formulación del Problema (Pregunta de Investigación)
¿De qué manera la articulación entre el marco normativo de las Leyes de Indias (1573), los antecedentes institucionales de 1539 y la participación estratégica de las poblaciones originarias determinó la configuración político-militar y geográfica de la Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa a partir de su fundación en 1574?
3. Metodología de Investigación
Enfoque de Investigación: Cualitativo. Se centra en interpretar significados, contextos jurídicos y dinámicas sociales de un proceso histórico concreto.
Tipo de Investigación: Histórico-Jurídica y Documental. Analiza la evolución de las instituciones coloniales, los derechos de posesión territorial y la aplicación de cuerpos normativos en la frontera americana. [1]
Método de Investigación: Histórico-Lógico y Analítico-Sintético. Permite estudiar los hechos en su secuencia cronológica (desde 1539 hasta 1574), descomponer los elementos del derecho indiano y sintetizar cómo estos influyeron en la geografía y el entramado social de Tarija.
Técnicas de Recolección de Información:
Análisis Documental y Paleográfico: Revisión de fuentes primarias digitalizadas (Actas de Juan de Grájeda de la Colección Mendel, Reales Provisiones del Virrey Toledo).
Heurística Histórica: Localización, clasificación y validación de fuentes secundarias especializadas (estudios históricos de Mario Barragán Vargas, actas capitulares y compilaciones del derecho de Indias).
CAPÍTULO I: INTRODUCCIÓN, OBJETO DE ESTUDIO Y MARCO JURÍDICO INDIANO
1.1. Justificación y Planteamiento del Objeto de Estudio
El análisis de los procesos de asentamiento hispánico en los límites orientales de la Real Audiencia de Charcas ha sufrido históricamente de una simplificación narrativa que reduce la fundación de ciudades a eventos lineales, militarizados y exnovo. El estudio formal de la Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa, establecida el 4 de julio de 1574, rompe con este esquema tradicional y se justifica como un objeto de investigación crucial por tres razones metodológicas fundamentales.
En primer lugar, desde la perspectiva del derecho indiano, Tarija representa la materialización perfecta de la transición burocrática e institucional impuesta por la Corona española en el último tercio del siglo XVI, sirviendo como laboratorio para la aplicación de las directrices de centralización estatal de Felipe II [3.2]. En segundo lugar, la historiografía oficial ha soslayado el poblamiento civil previo documentado a partir de 1539, el cual dotó al valle de una infraestructura agraria y censal prehispánica que condicionó el éxito del proyecto toledano [2.1, 4.1]. Finalmente, la viabilidad de esta villa de frontera no dependió únicamente de la coacción militar europea, sino de una compleja red de alianzas interétnicas pragmáticas con sociedades originarias —tomatas, chichas y churumatas— que actuaron como el verdadero sostén demográfico y defensivo de la región [4.1].
Por lo tanto, esta investigación se justifica al proponer una reinterpretación científica que sitúe a la fundación de Tarija no como una hazaña individual y espontánea, sino como un fenómeno multidimensional donde convergieron la alta ingeniería jurídica peninsular, la geopolítica virreinal de contención y el dinamismo social de un espacio de frontera viva.
1.4. El Cambio de Paradigma en el Derecho Indiano y las Ordenanzas de Felipe II (1573)
La década de 1573 marcó un hito definitivo en la evolución de las Leyes de Indias mediante la promulgación de las Ordenanzas de descubrimientos, nueva población y pacificación de las Indias, dictadas por el rey Felipe II en el Monasterio de San Lorenzo del Escorial [3.2]. Este cuerpo normativo no constituyó una mera recopilación de leyes previas, sino un cambio de paradigma ideológico y político dictado por el Consejo de Indias para frenar la autonomía feudal de los primeros conquistadores y centralizar el control territorial en manos de la burocracia real. La ordenanza prohibió explícitamente el uso de la palabra "conquista" en los documentos oficiales, sustituyéndola por los conceptos de "población" y "pacificación", reflejando una voluntad jurídica de estabilización y ordenamiento simétrico del espacio americano.
El impacto de este marco legal sobre la Real Provisión emitida por el Virrey Francisco de Toledo para la fundación de Tarija fue absoluto. Las Ordenanzas de 1573 regularon de forma minuciosa las condiciones bajo las cuales un Justicia Mayor o Capitán Poblador —en este caso, Luis de Fuentes y Vargas— podía recibir una capitulación de frontera [3.1, 3.2]. La ley exigía que todo nuevo asentamiento en zonas de guerra activa cumpliera con estrictos parámetros de selección geográfica, priorizando la presencia de cuencas hidrográficas estables, tierras fértiles para cultivos de sustento y un clima templado que garantizara la salud de los pobladores.
Asimismo, las ordenanzas confirieron a los fundadores la potestad legal de repartir mercedes de tierras, solares y estancias ganaderas, no como un premio de rapiña militar, sino como un mecanismo jurídico diseñado para fijar a la población al suelo, convirtiendo al colono en un vecino-soldado jurídicamente obligado a la defensa permanente de los límites del imperio [3.2, 4.1]. Así, bajo el amparo de la legislación felipina, la futura Villa de San Bernardo nació con un diseño institucional predeterminado que subordinaba la acción bélica al imperio de la ley colonial.
CAPÍTULO II: EL SUELO PREEXISTENTE: ANTECEDENTES POLÍTICOS, NOTARIALES Y ÉTNICOS (1539–1573)
2.1. El Oculto Poblamiento Temprano: La fundación temprana del pueblo de Tarija, Las Actas de Juan de Grájeda (1539)
La ruptura del mito de la tabula rasa en el valle de Tarija constituye uno de los giros historiográficos más significativos del último siglo. La historiografía oficial y escolar repitió de forma acrítica que el espacio subandino tarijeño permaneció desierto de presencia hispana hasta la llegada del contingente de Luis de Fuentes y Vargas en 1574 [3.1]. No obstante, el hallazgo, paleografía y análisis crítico del protocolo notarial de Juan de Grájeda, escribano real en la región entre mayo de 1539 y febrero de 1540 (cuyos folios originales se resguardan en la Colección Mendel de la Universidad de Indiana), demuestra la existencia de un ordenamiento jurídico formal 35 años antes de la refundación toledana [2.1].
Tras la expedición inicial de Pedro de Candia, autorizada por las provisiones del Marqués Francisco Pizarro, un contingente de soldados y colonos se asentó en la cuenca subandina y fundó el denominado "Pueblo de Tarija" aproximadamente el 6 de septiembre de 1539 [2.1]. Las Actas de Grájeda no son relatos descriptivos o crónicas literarias; son instrumentos públicos notariales que registran de manera oficial transacciones mercantiles, reconocimiento de deudas, contratos de compañía militar y testamentos [2.1]. La firma repetida de estos folios bajo la rúbrica "en el pueblo e valle de Tarija" otorga un testimonio irrefutable de que la región ya poseía un rango de poblamiento civil institucionalizado, convirtiéndola cronológicamente en la segunda población civil de la Real Audiencia de Charcas, solo posterior al asentamiento de Paria [2.1]. Este poblamiento primigenio funcionó como un núcleo de avanzada que rompió el aislamiento geográfico del extremo sur andino.
2.2. El Primer Censo y la Encomienda de Francisco de Retamoso (1540)
La consolidación legal de este poblamiento temprano requería su inserción en el engranaje económico extractivo del sistema colonial, lo cual se materializó el 20 de enero de 1540 cuando Francisco Pizarro otorgó en el Cuzco la primera encomienda de la Provincia de Tarija al conquistador Francisco de Retamoso [2.2]. Para dar validez jurídica y viabilidad fiscal a esta merced, la burocracia colonial requería cuantificar la mano de obra disponible, lo que dio origen al primer censo demográfico de la región [2.2]. Debido a la inexistencia de un aparato burocrático español asentado en el área rural, los comisarios reales recurrieron a la estructura estadística prehispánica provista por los quipucamayos (khipukamayuq) incas, quienes custodiaban el registro exacto de las poblaciones mitimaes y locales mediante el sistema de nudos y cuerdas [2.2, 4.4].
El documento oficial de asignación de la encomienda, estructurado sobre la lectura de estos quipus, describe detalladamente la existencia de 18 pueblos originarios distribuidos de forma simétrica a lo largo del Valle Central y sus serranías circundantes [2.2]. Este inventario primitivo no solo tasaba el número de unidades domésticas tributarias, sino que describía con precisión el estado de la infraestructura agrícola preexistente, los silos de almacenamiento (qollqas) y los canales de irrigación [2.2, 4.4]. La importancia de este censo de 1540 radica en que proveyó, tres décadas más tarde, la base de datos demográfica y territorial que el Virrey Francisco de Toledo utilizó para justificar ante el Consejo de Indias la necesidad de reorganizar, refundar y elevar el rango de Tarija a una Villa de Frontera militarizada [2.2, 3.2].
2.3. El Factor Humano: La Experiencia del Virrey Toledo en Itua y su Conexión con la Fundación (1573)
La transición del diseño geopolítico abstracto de los despachos coloniales a la acción institucional ejecutada en 1574 estuvo mediada por una crisis humana y biológica que afectó directamente la subjetividad política de la máxima autoridad del Virreinato del Perú [1.1]. En 1573, impulsado por la necesidad urgente de estabilizar la frontera sur de la Real Audiencia de Charcas, el Virrey Francisco de Toledo encabezó personalmente una ambiciosa expedición punitiva hacia la región del Chaco con el objetivo de someter de forma definitiva a las parcialidades chiriguanas [2.4]. La campaña militar, mal planificada para las condiciones ambientales de las tierras bajas, devino en un fracaso táctico absoluto. El contingente virreinal se enfrentó a una guerra de guerrillas asimétrica, caracterizada por emboscadas continuas, falta de líneas de suministro y la hostilidad implacable de un ecosistema tropical desconocido para las tropas andinas y peninsulares [2.4, 3.2].
Durante la accidentada y penosa retirada de las tropas virreinales, al alcanzar la localidad subandina de Itua, la expedición sufrió su golpe más crítico: el Virrey Toledo contrajo una afección febril aguda y severa, catalogada por los cronistas de la época como fiebres tropicales o paludismo, que quebrantó de inmediato su salud y puso su vida en riesgo inminente [2.3]. En ese escenario de desespero logístico, donde la ciencia médica europea carecía de respuestas eficaces, ocurrió el primer quiebre de la dinámica fronteriza: fueron los propios indígenas de la zona quienes intervinieron de manera providencial [2.3]. Demostrando un profundo conocimiento de la botánica médica regional y de los ciclos de la enfermedad, los nativos locales socorrieron de emergencia a la máxima autoridad del imperio, administrándole brebajes a base de hierbas medicinales autóctonas, infusiones y el suministro controlado de jugos de frutas nativas que lograron estabilizar sus funciones vitales y detener el avance de la infección generalizada [2.3].
Debilitado y convaleciente, el Virrey fue trasladado lentamente hacia los valles templados de Tarija con el fin de consolidar su recuperación física. Fue en este microclima benigno donde la experiencia corporal y humana de Toledo se transformó en una firme convicción política [2.3]. Los pobladores locales —una mezcla dispersa de remanentes de los asentamientos de 1539, estancieros andinos e indígenas tomatas— lo recibieron con una hospitalidad extraordinaria, proveyéndole de chicha, alimentos frescos y un entorno de paz que obraron una notable y rápida mejoría en su organismo [2.1, 2.3].
Esta vivencia directa en el terreno alteró la percepción del Virrey respecto a la región: Toledo comprendió que los valles de Tarija no eran simplemente una zona de tránsito abstracta en los mapas, sino un oasis de fertilidad y salud que se encontraba en un estado de total desprotección jurídica y militar frente al avance chiriguano [2.4, 3.2]. La profunda gratitud personal hacia los habitantes del valle, combinada con la revelación de la importancia estratégica de la cuenca del Guadalquivir como un amortiguador geográfico para salvar las minas de Potosí, funcionaron como el catalizador definitivo [3.1]. Al retornar a la ciudad de La Plata (Sucre), Toledo plasmó esta vivencia en un mandato impostergable: a principios de 1574, extendió la Real Provisión que ordenaba al capitán Luis de Fuentes y Vargas levantar, poblar e institucionalizar la Villa de San Bernardo, uniendo así la supervivencia de un Virrey con el nacimiento formal de una nueva provincia indiana [1.1, 3.1].
CAPÍTULO III: ESPACIO, INGENIERÍA URBANA Y GEOPOLÍTICA EXPANSIVA
3.2. Análisis Metodológico de la Superficie Fundacional en Kilómetros Cuadrados
Para reconstruir la escala geográfica real de la jurisdicción asignada a la Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa en su acta fundacional, se debe realizar una operación de conversión matemática desde el sistema de medidas castellano del siglo XVI al sistema métrico decimal contemporáneo. La Real Provisión extendida por el Virrey Francisco de Toledo determinó un radio de control político-militar basado en la legua castellana o jurídica, la cual equivalía a 5.000 varas, es decir, 5,57 kilómetros modernos [1.1, 3.1]. La delimitación impuesta por el mandato virreinal estructuró el espacio en dos vectores lineales divergentes:
Vector Occidental (Retaguardia o Frontera de Paz): Fijado en 20 leguas directas, lo que se traduce en 111,4 kilómetros de extensión lineal, colindando con los Chichas y blindando el flujo hacia los yacimientos de Lípez y Potosí [3.1].
Vector Oriental, Septentrional y Meridional (Frontera de Guerra): Fijado en más de 30 leguas, equivalentes a un mínimo de 167,1 kilómetros lineales, proyectados en abanico sobre la llanura chaqueña [3.1].
Asumiendo estos ejes de control radial como una matriz de proyección territorial (donde el eje este-oeste alcanzaba los 278 km y el eje norte-sur promediaba los 334 km de influencia nominal), el cálculo geométrico revela que la provincia de Tarija nació con una superficie jurídica original de aproximadamente 90.000 a 93.000 kilómetros cuadrados (km²) [3.1]. Esta inmensa extensión —que supera en casi dos veces y media la superficie del departamento moderno de Tarija (37.623 km²)— demuestra que la villa no fue diseñada para administrar un territorio local, sino para gobernar un reino menor que englobaba el Chaco subandino, el sur de Chuquisaca y las actuales provincias del norte argentino (Salta y Jujuy) [3.1].
Bajo las Leyes de Indias, esta superficie operaba bajo el concepto de "frontera abierta": mientras el Valle Central constituía la superficie efectiva de control (5.000 km²), los restantes miles de kilómetros cuadrados orientales funcionaban como una licencia de expansión perpetua otorgada al Cabildo local para realizar campañas de pacificación, descubrimiento de tierras y fundación de fortines dinámicos [3.2].
3.2.1 El Concepto de "Frontera Abierta" en las Leyes de Indias
Bajo el derecho indiano, esta superficie operaba bajo una doble lógica. Por un lado, existía un área efectiva de control inmediato (el Valle Central, de unos 2.000 a 5.000 km²). Por el otro, los restantes miles de kilómetros hacia el oriente constituían una superficie nominal de conquista. Las Leyes de Indias no concebían el límite chaqueño como una línea cerrada, sino como una licencia de expansión perpetua que facultaba al Cabildo de Tarija a realizar incursiones y fundar fortines de forma dinámica.
3.2.2 . El Componente Ideológico-Religioso en la Planificación Virreinal
Bajo el derecho indiano, la fe católica no era un elemento periférico, sino el eje legitimador de la expansión territorial. El nombre asignado a la nueva población responde a este paradigma. Previo a la marcha, el capitán Luis de Fuentes y Vargas expuso públicamente una imagen de San Bernardo Abad en la ciudad de La Plata (Sucre), jurándolo como santo patrón, abogado y protector espiritual de la expedición.
Esta devoción coincidía plenamente con los mandatos del Virrey Francisco de Toledo. Para el gobierno virreinal, el patronazgo de San Bernardo —históricamente vinculado a la protección de los agricultores y el ganado— poseía una carga simbólica y funcional perfecta para una villa que proyectaba convertirse en el motor agropecuario y de subsistencia de la frontera.
3.3. Ingeniería Urbana Táctica: La Cuadrícula de Luis de Fuentes
El trazado urbano de la Villa de San Bernardo el 4 de julio de 1574 representó la aplicación estricta en el terreno de las Ordenanzas de Poblaciones de Felipe II de 1573 [1.4, 3.3]. En un entorno de altísima hostilidad militar, la geometría de la ciudad se convirtió en una rama de la balística y la táctica defensiva. Luis de Fuentes y Vargas implementó el diseño de cuadrícula o damero no como un canon estético del Renacimiento, sino como un dispositivo de ingeniería militar urbana articulado en tres ejes defensivos:
Visibilidad y Líneas de Tiro Despejadas: Las calles rectas y perpendiculares eliminaban las esquinas ciegas y los callejones curvos propios de las ciudades europeas medievales [3.3]. Este ordenamiento garantizaba que, ante una invasión en masa, las fuerzas españolas tuvieran líneas de fuego limpias para el uso del arcabuz y espacio suficiente para desplegar cargas de caballería pesada en trayectorias directas sin obstáculos urbanos [3.3].
La Plaza de Armas como Núcleo de Contención: La plaza central (hoy Plaza Luis de Fuentes) se proyectó como el corazón geométrico y defensivo de la villa [3.3]. Funcionaba como el punto de concentración obligatorio para las milicias vecinales ante el sonido de la campana de alarma y como el último reducto o ciudadela fortificada en caso de que los atacantes rompieran el perímetro exterior [3.3]. Por esta razón de seguridad, las ordenanzas exigían que el Cabildo, la cárcel real y la Iglesia Mayor compartieran los solares colindantes a la plaza, asegurando el control inmediato del mando político, civil y eclesiástico en el momento de la crisis bélica [3.3].
Orientación Eólica y Control de Incendios: Las manzanas de la cuadrícula se alinearon con una desviación específica respecto a los puntos cardinales para fragmentar las corrientes de aire predominantes del valle [3.3]. Esta disposición obedecía a las normas higiénicas de ventilación de las Leyes de Indias, pero cumplía un rol defensivo crucial: evitaba que las flechas incendiarias lanzadas por los atacantes chiriguanos provocaran la propagación masiva del fuego entre las techumbres de paja y barro de las primeras viviendas coloniales, confinando el incendio a una sola manzana aislada [3.3].
CAPÍTULO IV: EL CRISOL MULTIÉTNICO Y LA CONSOLIDACIÓN ECONÓMICA DE LA VILLA
4.1. Importancia y Reacción de las Poblaciones Originarias: Tomatas, Chichas y Churumatas
La viabilidad demográfica, constructiva y militar de la Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa tras 1574 no puede explicarse bajo la óptica exclusiva del contingente de 45 soldados españoles que acompañó a Luis de Fuentes [3.1, 4.1]. La supervivencia de la colonia fue el resultado directo de un mosaico étnico donde diversas sociedades originarias preexistentes interactuaron con el poder colonial bajo lógicas de alianza pragmática, subordinación institucional o asimilación tecnológica.
Los Tomatas: Habitantes autóctonos del Valle Central, los tomatas constituían la etnia más vulnerable ante el avance expansivo de los chiriguanos (guaraníes), quienes desestabilizaban sus pueblos mediante razzias continuas, saqueos de cosechas y el secuestro de mujeres y niños [4.1]. Ante la llegada de Luis de Fuentes, los tomatas adoptaron una postura de cooperación estratégica activa [4.1]. Vieron en el contingente hispano y sus armas de fuego un escudo de contención indispensable para su propia supervivencia biológica [4.1]. Aportaron de forma voluntaria cerca de cien guerreros que marcharon el 4 de julio de 1574 como milicia auxiliar de combate y proporcionaron la mano de obra primaria para levantar los primeros muros de adobe de la villa [4.1]. En reconocimiento a este servicio, las Leyes de Indias les otorgaron un estatus jurídico particular: fueron declarados "población originaria protectora de la frontera", lo que los eximió temporalmente del pago de tasas tributarias a cambio de su movilización militar perpetua en los fortines orientales [4.1].
Los Chichas: Asentados firmemente en las tierras altas y las cabeceras de valle occidentales, los chichas poseían una sofisticada organización corporativa y mercantil heredada de su previa integración al Tawantinsuyu [2.2, 4.1]. Su reacción ante la refundación de Tarija combinó el pragmatismo económico con el cumplimiento de las cargas estatales impuestas por las reformas del Virrey Toledo [2.3, 4.1]. Los chichas controlaban las rutas de arriería que conectaban los valles tarijeños con los mercados mineros de Potosí. Su rol estratégico fue garantizar el flujo continuo de provisiones, herramientas y ganado a través del corredor occidental de 20 leguas [3.1, 4.1]. Bajo el mandato toledano, las comunidades chichas fueron sujetas al sistema de mitayos de plaza o tendarunas [4.1]. Grupos rotativos de trabajadores chichas se trasladaban periódicamente a la Villa de San Bernardo para ejecutar las obras de cantería y carpintería fina requeridas para el Cabildo y los templos, integrando la periferia alta con el núcleo del valle [4.1].
Los Churumatas: Esta etnia representaba el eslabón histórico más complejo y fragmentado de la región. Originarios de los valles subandinos, los churumatas habían opuesto una tenaz resistencia a la expansión incaica, lo que provocó que el Estado inca los desestructurara y dispersara masivamente bajo la condición de mitimaes (pobladores trasladados forzosamente) hacia zonas distantes como el norte de Chile y el centro de Charcas [4.1, 4.4]. Los reductos churumatas que permanecían en el valle de Tarija al momento de la llegada de Luis de Fuentes en 1574 adoptaron una posición de asimilación e integración tecnológica silenciosa [4.1]. El gran aporte de los churumatas a la nueva villa de frontera no fue de carácter militar directo, sino de infraestructura y paisaje cultural [4.1]. Los colonizadores españoles reutilizaron sus antiguos y avanzados sistemas de terrazas agrícolas (andenerías), sus intrincados canales de riego desviados del río Guadalquivir y sus calzadas empedradas en las serranías [4.1]. Esta base tecnológica nativa preexistente fue el factor físico que permitió el inmediato y explosivo éxito de las plantaciones coloniales de trigo y vid, transformando el cuartel militar de Tarija en el principal centro de abastecimiento vitivinícola y harinero de la frontera sur de Charcas [3.1, 4.1].
CONCLUSIONES GENERALES
Primera: La fundación de la Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa el 4 de julio de 1574 constituyó la cristalización de un cambio de paradigma en el Derecho Indiano plasmado en las Ordenanzas de Poblaciones de Felipe II (1573) [1.4]. Este marco normativo permitió regular la expansión colonial mediante criterios de pacificación, ordenamiento burocrático y centralización estatal, sustituyendo la lógica de rapiña militar de las primeras fases de la conquista por una planificación racionalizada donde cada vecino asumía la doble condición jurídica de colono y soldado del imperio [1.4, 3.3].
Segunda: La investigación demuestra de forma irrefutable que el valle de Tarija tiene una fundación temprana poseía un ordenamiento civil y notarial preexistente que data del 6 de septiembre de 1539, respaldado por las Actas de Juan de Grájeda y la posterior encomienda de Francisco de Retamoso en 1540 [2.1, 2.2]. Estos antecedentes quiebran el mito historiográfico de la tabula rasa y prueban que la expedición de Luis de Fuentes y Vargas operó en realidad como una refundación e institucionalización sobre una base demográfica e infraestructural previamente censada por los quipucamayos incas [2.2].
Tercera: El diseño espacial y urbano ejecutado en 1574 respondió a rigurosos criterios de ingeniería militar y táctica defensiva impuestos por la geografía hostil de la zona [3.2]. Las dimensiones lineales dictadas por la Real Provisión del Virrey Toledo configuraron una inmensa provincia fronteriza de aproximadamente 90.000 a 93.000 kilómetros cuadrados, estructurada bajo una lógica dual: un flanco occidental de paz conectado a los mercados mineros y un flanco oriental abierto hacia el Gran Chaco que funcionaba como una licencia de expansión y pacificación perpetua [3.1, 3.2].
Cuarta: La cuadrícula en damero implementada por el fundador Luis de Fuentes y Vargas supeditó la estética renacentista a las necesidades de seguridad del cuartel civil [3.3]. Las calles perfectamente rectas eliminaron las esquinas ciegas para habilitar líneas de tiro despejadas para los arcabuces, la Plaza de Armas funcionó como el núcleo de contención y último reducto de defensa civil, y la orientación de las manzanas fragmentó los vientos dominantes para evitar la propagación masiva de incendios provocados por flechas enemigas [3.3].
Quinta: La viabilidad biológica, constructiva y productiva de Tarija no fue una hazaña exclusivamente europea, sino el resultado de un dinámico mosaico de alianzas interétnicas con los pueblos tomatas, chichas y churumatas [4.1]. Mientras los tomatas proveyeron la fuerza de choque y milicias auxiliares iniciales, y los chichas garantizaron el flujo comercial y la mano de obra urbana (mitayos de plaza), los churumatas aportaron un invaluable sustrato tecnológico prehispánico (canales, andenerías y riego) que permitió el éxito inmediato de las plantaciones de trigo y vid, cimentando la identidad económica e histórica del sur de Bolivia [4.1].
RECOMENDACIONES ACADÉMICAS
Línea de Investigación Paleográfica: Se recomienda promover proyectos de transcripción y edición crítica sistemática de las fuentes primarias complementarias a las Actas de Grájeda (1539) resguardadas en repositorios internacionales, específicamente en la Colección Mendel de la Universidad de Indiana, con el fin de reconstruir las biografías y las dinámicas comerciales del primer poblamiento civil del sur de Charcas.
Arqueología del Paisaje y de la Frontera: Es imperativo coordinar investigaciones interdisciplinarias entre historiadores y arqueólogos para localizar y estudiar sobre el terreno los vestigios de las infraestructuras agrícolas y los sistemas de andenerías atribuidos a los churumatas y tomatas, evaluando el grado exacto de reutilización y readaptación de estos suelos por parte de los hacendados coloniales del siglo XVI.
· Estudios Comparativos de Derecho Indiano: Se propone desarrollar tesis de postgrado que comparen de manera analítica la aplicación de las Ordenanzas de Poblaciones de 1573 en Tarija frente a otras fundaciones contemporáneas de la frontera suroriental virreinal (como la de Santa Cruz de la Sierra o Córdoba de la Nueva Andalucía), determinando regularidades y variantes en la implementación de la cuadrícula táctica y las capitulaciones de frontera.
Etnohistoria de las Sociedades de Frontera: Se sugiere profundizar en el estudio del estatus jurídico y las transformaciones demográficas de la población tomata tras la refundación de 1574, analizando los registros de bautizos, padrones de tributos y pleitos de tierras en el Archivo Histórico de Tarija para comprender el impacto del sistema de mitayos de plaza en la asimilación étnica regional.





