Crónica política de la jornada
A dos años del 7M ¿Qué fue de los pactos electorales?
El Pacto de Unidos se respeta en la Gobernación y apenas fue necesario en la Alcaldía de Tarija. Las tensiones entre ambas instituciones se incrementan con choques por la forma de hacer determinadas cosas



Se cumplen dos años desde la jornada electoral de 2021 en el que los ciudadanos eligieron a sus alcaldes, gobernadores y también asambleístas y concejales, una elección que supuso la consolidación democrática del país y que dejó muchos resultados sorpresivos (o no tanto) en el país, como incontestable victoria de Luis Fernando Camacho en Santa Cruz que arrinconó a los Demócratas; la derrota sonada de Jeanine Áñez en el Beni o la victoria de Iván Arias, Johnny Fernández y Manfred Reyes Villa en La Paz, Santa Cruz y Cochabamba respectivamente confirmando esa tendencia de “retorno al pasado” instalada en el país con las contiendas electorales.
En lo estratégico se confirmó también que los nombres propios de los candidatos siguen estando por encima de las fórmulas electorales y los programas: Comunidad Ciudadana, por ejemplo, que buscó alianzas por todo el país, no logró colocar un solo alcalde en una ciudad mediana – solo peleó hasta el final en Santa Cruz con Gary Áñez – y sufrió serios varapalos en las gobernaciones, como en la de Tarija, donde se alió con el gobernador Adrián Oliva que fue desbancado incluso de la segunda vuelta.
En el país no tardaron en romperse pactos que habían sido formados solo para candidatear, como el de Eva Copa en El Alto o el de Santos Quispe, que heredó la candidatura de su fallecido padre, el Mallku, sin tener claro cómo era eso de gobernar.
Tarija, pactos no son amores
La elección en Tarija vino condicionada por una madrugada, la de Johnny Torres anunciando su candidatura a la Alcaldía de Tarija en octubre de 2019, justo en el momento en el que se cerraba la campaña presidencial que después acabó en protesta, renuncia, gobierno de Áñez y una gestión alargada por la pandemia. 18 meses después, Torres no había cambiado de idea, pero aún accedió a “abrir conversaciones” para conformar una alianza que “hiciera frente” al MAS, empoderado tras la rotunda victoria de Arce en octubre de 2020.
Torres no necesitaba la alianza, pues sus mediciones durante toda la gestión de Oliva en la Gobernación y él en la subgobernación de Cercado le daban sobradamente para intentarlo solo con el MNR, pero al final decidió escuchar e integrarse en “Unidos”, la fórmula que también Montes había ideado para asaltar la Gobernación en su retorno a la primera fila. La dura batalla sostenida con Rodrigo Paz por la Alcaldía entre 2016 y 2019 y el cisma abierto en UNIR por el entusiasmo exacerbado con el que dos lugartenientes de primer orden como Víctor Hugo Zamora y Gina Torres habían abrazado la causa de Áñez recomendaban concentrar fuerzas, y lo hizo, cediendo además la batuta del “diálogo” al exgobernador Mario Cossío, de retorno en Tarija después de 10 años de exilio y muy descolocado con el retorno del MAS.
Cossío ofició de maestro de ceremonias de lo que ya estaba decidido e incluso presentado, pero disfrutó de su último momento de gloria con el teatrillo del diálogo en el Hotel Los Ceibos. Camino al Cambio se integraba finalmente con Montes mientras que Oliva lo intentaba en solitario. Torres, que no quería muchas poleras rosadas, le vino bien y no cedió poder de su futuro gabinete – que anda justito de talento- pero sí dos concejalías al propio Montes, la de Alberto Valdez y la de Marcela Guerrero, que vendrían a ser decisivas si hubiera guerra.
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Montes por su lado ha cumplido escrupulosamente los acuerdos: secretarías para Camino al Cambio y Unidad Nacional y representación de otras fuerzas menores, pero controla a fondo la información que sale de su gabinete y no ha nombrado voceros. Pesos pesados como María Lourdes Vaca se prodigan muy poco en la política, siquiera la nacional. Eso sí, no hay representación del MNR en la Gobernación, fundamentalmente porque no van sobrados de recursos humanos.
Tensiones propias
Aunque Montes y Torres han coincidido en política en varias ocasiones, destacando la alianza de 2014 con Tuto Quiroga en las presidenciales, no hay una gran afinidad política y varias fuentes señalan que la relación profesional no atraviesa el mejor momento: a nadie se le escapa que Torres administra la ciudad que Montes gestionó quince años.
De momento hay choques de baja intensidad. Los hubo con la FexpoTarija donde todos se adjudicaron éxitos; los ha habido recientemente con la organización de los festivales paralelos de la vendimia, los hubo con la campaña de vacunación del covid y los está habiendo ahora con la coordinación de la batalla contra el dengue.
Es improbable que haya una ruptura en tanto nunca hubo un matrimonio por amor, pero en cualquier momento pueden aflorar capitulaciones que tensen más la relación. Por el momento todo apunta a que Montes querrá repetir en la Gobernación y Torres en la Alcaldía, aunque anticipar algo así en Bolivia sería por demás una imprudencia.
Sin alianza, el MAS Tarija apunta a quiebre
La elección de 2021 dejó aparentemente los mejores resultados del MAS Tarija en una batalla por la gobernación, mejorando incluso el 43% de Carlos Cabrera en 2010, sin embargo, una vez que el candidato perdedor Álvaro Ruíz se retiró del foco quedaron las evidencias: el MAS perdió el poder territorial sin subgobernadores y quedó en minoría en la Asamblea, lo que le ha impedido tomar el poder en la Directiva.
El ostracismo del partido ha avivado la pelea interna. El presidente del MAS Tarija, Carlos Acosta, reconocía el fin de semana las tensiones y fijaba posición ambigua. El Congreso acabara dirimiendo si el MAS Tarija es más de Evo que de Arce. De momento, nadie dejó lores.