Pura Cepa | La Contra
Cambiar la narrativa: lo que el suicidio no dice
Cada 10 de septiembre el mundo conmemora la prevención del suicidio. En Tarija, donde las cifras preocupan, el psicoanálisis lacaniano propone escuchar antes de etiquetar, y actuar antes de que sea tarde.
Hay una frase que circula hace tres años como lema mundial: “cambiar la narrativa”. No es un eslogan vacío. Significa dejar de contar el suicidio como un acto de debilidad, cobardía o egoísmo, y empezar a entenderlo como lo que las investigaciones muestran que es, un fenómeno que casi siempre carga con un sufrimiento psíquico que no encontró dónde alojarse. En Bolivia, y en Tarija en particular —departamento que ha figurado entre los de mayor incidencia del país—, esa narrativa todavía pesa, porque se calla, se avergüenza, se disimula.
El psicoanálisis lacaniano aporta aquí una idea incómoda pero útil. El suicidio rara vez es “un querer morir” simple. Muchas veces es la respuesta desesperada ante algo que Lacan llamaba lo real, eso que no entra en palabras, que no se deja explicar ni razonar, y que por eso mismo desborda. Cuando alguien no encuentra con quién hablar aquello que lo real le impone —una pérdida, un secreto, un fracaso sentido como total—, el cuerpo y el acto quedan como única salida. De ahí que la prevención más eficaz no sea solo vigilar síntomas, sino sostener espacios donde ese “no tengo palabras para esto” pueda, con tiempo, empezar a tenerlas.
¿Qué hacer en lo concreto? Algunas guías básicas, avaladas por organismos de salud, dicen que, si alguien cercano habla de “no querer seguir”, hay que tomarlo en serio siempre, nunca minimizarlo. No dejarlo solo. Preguntar directamente “¿estás pensando en hacerte daño?” no induce la idea, sino que la libera. Retirar el acceso a métodos letales cuando hay riesgo evidente. Y, sobre todo, acompañar hacia una consulta profesional sin exigir explicaciones inmediatas, pues a veces la persona todavía no las tiene.
La mirada lacaniana suma un consejo más, y es no apurar al otro a “estar bien”. Antes de la solución, hace falta la escucha —de eso que aún no tiene forma de decirse—. En una ciudad como Tarija, con lazos comunitarios todavía fuertes, esa escucha puede empezar en cualquier parte, quizá la familia, o la escuela, o un vecino atento. No hace falta ser especialista. Hace falta, simplemente, no mirar para otro lado.
Si tú o alguien cercano atraviesa una crisis, no estás solo/a. Acude al Grupo de Reacción Inmediata. En Tarija: Psi. Franz Reynaldo Loayza (70234233), Psi. Yossemar Guerrero Vistas (70218833), y Psi. Mary Cruz Vidaurre Fernández (77174973). En Potosí: 72395050 y 76803330. Tu vida importa, tus emociones son válidas. Siempre hay esperanza.








