Pura Cepa | La Contra
El calendario del fuego
Casi 10.000 hectáreas y más de la mitad de la Reserva de Sama ardieron en Tarija, arriesgando el agua de 250.000 personas, mientras Portugal y una app argentina prueban que prevenir funciona.
El incendio del 16 al 22 de julio dejó tres cicatrices que hoy pueden medirse con precisión. Según el reporte técnico de PROMETA, el fuego afectó 9.949 hectáreas entre La Victoria-Sella, Quirusillas-Alpahuasi y Pinos Sur-Pampa Redonda, con el 20% de esa superficie en severidad alta o moderada-alta. El sector La Victoria-Sella concentró el 77% del daño total, y dentro de él, 5.279 hectáreas, más de la mitad de todo lo quemado, pertenecen a la Reserva Biológica de la Cordillera de Sama, fuente de agua para el río Tolomosa y, vía el embalse San Jacinto, para 250.000 habitantes de Tarija. Más que paisaje, es la cuenca que bebe la capital.
Las causas conocidas: basura quemada que se descontroló y un motociclista sospechoso de encender fuegos deliberadamente, ya detenido. ¿Piromanía, negligencia o algo más? ¿Qué tan atendida está la salud mental en Tarija? El fuego arrasa el monte y la respuesta institucional al comportamiento incendiario individual sigue sin diagnóstico público.
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Nueva línea gratuita de atención ante emergencias por incendios.
Lo nuevo es que la ciencia ya identifica dónde golpea primero el fuego (laderas, cabeceras y parches arbóreos de severidad alta) y el mundo ya probó cómo evitarlo. Portugal lo hizo tras perder más de 100 vidas en 2017, creando una agencia única de gestión de fuegos rurales que, según Climate-ADAPT, distribuye el 58% de su presupuesto anual en prevención y el 42% en supresión, revirtiendo un modelo que antes solo apagaba incendios. La inversión en combate y prevención se duplicó de 143 a 289 millones de euros entre 2017 y 2020.
En Argentina, jóvenes cordobeses que vieron arder las casas de sus familias crearon Satellites On Fire, un sistema que hoy monitorea 160 millones de hectáreas en seis países y detecta focos en promedio 35 minutos antes que la NASA, alertando directamente a brigadistas por WhatsApp.
En Tarija no hay tecnología ni presupuesto dedicado. En su lugar, persiste la descoordinación entre el nivel nacional y sus “erizos”, una Gobernación con presupuesto en rojo que declaró emergencia departamental tras días de fuego sin tregua, y municipios y ciudadanía cubriendo con cadenas humanas y donaciones el vacío de un plan estatal. Como sea, todos se adjudican el crédito cuando lo peor ya pasó.
La Reserva de Sama tiene mapa de daño, cifras exactas y un río que depende de su recuperación. El mundo tiene el manual. Si el patrón se repite un año más, ¿para qué prevenir si el incendio ya es, de facto, la fiesta más puntual del calendario tarijeño?
Entre chaqueos, bomberos voluntarios y solidaridad espontánea, quizás lo más honesto sea declararlo efeméride oficial y venderlo como turismo de emergencia, mientras siga faltando el único ingrediente que ninguna fiesta reemplaza: un sistema real de prevención.








