Warmi Andina y los invisibles
Cecilia Ruiz Angeletti, Warmi Andina, inauguró “Invisible/Inmaterial” en Los Altos del Marqués, salón de alta sociedad en Tarija, y retrata a excluidos y vulnerables con pintura, collage, humor y ternura.
Hay una ironía deliciosa en que “Invisible/Inmaterial” haya elegido, para hacerse visible, uno de los salones más exclusivos de Tarija. Los Altos del Marqués, con su cúpula de cristal azul coronando la Plaza Luis de Fuentes, es territorio habitual de manteles largos, cartas de vinos y una cierta idea de buen gusto que rara vez se cruza con los “loquitos”, los pobres o los artesanos. Y, sin embargo, ahí estaban esta vez, colgados de sus paredes, mirando de frente a quienes solían mirar hacia otro lado.
La autora de esta irrupción es Cecilia Ruiz Angeletti, nacida en Tarija en 1977, formada en Artes Plásticas en la Escuela de Bellas Artes “José Santos Mujica” y conocida en el circuito artístico como Warmi Andina, nombre bajo el que también desarrolla una línea de joyería tejida que aprendió en Colombia. Su obra ha oscilado entre la pintura de línea libre y la geometría sagrada del tejido; esta vez, decidió sumar el collage, técnica con la que, confiesa, se permitió recortar fotos de amigos, cambiarles el escenario y construir pequeñas historias surrealistas y divertidas.
“Siempre he sentido una profunda atracción hacia los excluidos, los pobres, los vulnerables, los loquitos, los sensibles, los auténticos, los intensos, artistas, artesanos”, explica la artista, y aclara que entre ellos siempre se ha sentido parte. De ahí el título de la muestra. Su proceso, dice, empieza un mes antes de inaugurar, cuando entra en un estado de inspiración bajo presión. Un cuadro la lleva a otro, y si se traba, no puede avanzar hasta resolverlo. Las ideas le llegan de sueños, películas, tarot, meditaciones, bicicleta, y hasta de la basura, donde encuentra formas y rostros que otros no ven.
La curadora Patricia Solís Peña resume que la artista pone el pincel sobre aquello que preferimos no ver, porque duele, incomoda o no acompaña la paleta de nuestra retina, y en ese gesto reside la capacidad del arte de interpelar lo que creemos ordenado.
Pero “Invisible/Inmaterial” no es solitaria ni solemne, es una exposición que juega. En “Mi crush Julio”, el retrato del poeta Julio Barriga se posa sobre una litografía de Van Gogh; en “Sobrevivientes de Teoponte”, los rostros recortados narran una historia colectiva con economía de gesto; en “Lavanda”, sus amigos músicos viajan juntos en un bus, casi como un chiste con las palabras. Hay también contundencia. “Desolación” muestra niños esperando la caída de la lágrima de un ojo gigante para tener algo de agua, y “Ensalada de patas” reúne piernas femeninas en una bañera con humor descarado. “Guayawarmisin” cruza a Warmi Andina con Guayasamín, mientras “Cerrando ciclos” y “Orishas” tienden puentes hacia lo afro, y “Los Chunchos”, entre los cuadros grandes, no podía faltar en pleno septiembre.
La muestra se divide entre obras grandes, collages pequeños y piezas de formato intermedio, y ofrece algo distinto a la faceta más espiritual y abstracta que Ruiz Angeletti había explorado antes. Aquí está lo próximo, lo familiar, lo entrañable, que toma el primer plano con una ligereza técnica que solo da el dominio ya ganado.
Entre copas y cúpulas azules, los invisibles, por los días de septiembre, se sentarán a la mesa de Los Altos del Marqués.








