Exaltación Velásquez y el pastel chapaco que colorea tradiciones
La artista tarijeña convirtió la Casa de la Cultura en espacio de exposición y formación durante la temporada carnavalera.
Enero y febrero tienen en Tarija un pulso especial. Las calles se llenan de turistas que vienen a vivir el Carnaval Chapaco, y la Casa de la Cultura abre sus puertas diariamente de manera gratuita para ofrecer cautivadoras exposiciones de arte tarijeño. Este año, entre las obras que reciben a los visitantes, están las de Exaltación Velásquez Batallanos, artista tarijeña que aprovechó la temporada alta para montar una retrospectiva de su trabajo centrado en la cultura de Tarija y Bolivia.
“Reservé la fecha justamente para este mes de enero por el tema del movimiento turístico que hay”, explica Velásquez, quien buscaba no solo exhibir su obra, sino también generar ingresos a través de la venta de cuadros y la realización de talleres intensivos. La exposición, que se extendió hasta la primera semana de febrero, presentó principalmente obras en tiza pastel, la técnica que la artista domina con mayor maestría y que ha convertido en su sello distintivo.
Velásquez, gestora del colectivo Ecos del Lienzo Boliviano, representa a Tarija junto a artistas emergentes en un momento crucial para la cultura boliviana. En 2023 recibió el premio “Fomento Mejor Obra” con una recompensa de 5 mil bolivianos, consolidando su trayectoria en el panorama artístico nacional.
Durante las semanas de exposición, Velásquez ofreció dos versiones de un taller intensivo de tiza pastel de tres días cada uno, respondiendo al interés del público que constantemente le pregunta sobre esta técnica. “Muchos admiran mis cuadros en tiza pastel, les encanta el trabajo que realizo y me preguntan cómo se hace, cómo es esta técnica”, comenta la artista, quien ve en estos talleres una oportunidad tanto para generar ingresos como para darse a conocer.
Pero la labor pedagógica de Velásquez va más allá de los talleres puntuales. En su espacio personal, bautizado como “Atelier Corazón de Tiza”, la artista imparte clases regulares de dibujo y pintura a alumnos de diversas edades, desde niños de ocho años hasta adultos mayores. “Hay muchos chicos que aman pintar y por alguna razón solo toman cursos vacacionales, o algunos que querían ir a Bellas Artes y no han podido ingresar”, explica, identificando un vacío formativo que su atelier busca llenar.

Su propuesta pedagógica es amplia: óleo, acuarela, carboncillo, tiza pastel, acrílico, e incluso técnicas no convencionales como pintura con tinta de impresora, café o vino. Esta diversidad técnica refleja la filosofía de Velásquez sobre el arte como una práctica accesible, experimental y profundamente conectada con la identidad cultural.
La exposición también sirvió para promocionar otro aspecto del trabajo de Velásquez: las obras personalizadas a pedido. “No solamente están las obras que están expuestas ahí, sino que más allá de eso, como artista también realizo obras específicamente con las temáticas que me piden, con las técnicas que me piden”, señala, evidenciando una comprensión pragmática del oficio artístico como fuente de sustento.

Para Velásquez, como para muchos artistas emergentes, el trabajo creativo no es solo un hobby, sino una profesión que requiere remuneración. La combinación estratégica de exposición, venta, talleres y obras por encargo representa un modelo de gestión cultural autónoma, donde la artista no espera el mecenazgo institucional, sino que construye sus propias oportunidades en el flujo turístico de su ciudad.
En tiempos donde la cultura enfrenta desafíos institucionales, la propuesta colorida, arraigada en lo local, pedagógica y comercialmente sostenible de Exaltación Velásquez representa una forma de resistencia creativa desde el corazón del valle chapaco.
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