Comunicación y lenguajes frente a la desinformación digital: enseñar a leer también lo que circula en las redes

Vivimos en una época en la que una noticia puede llegar al celular de una adolescente antes de aparecer en un periódico. Un video, un audio o una imagen pueden compartirse cientos de veces en pocos minutos y adquirir apariencia de verdad simplemente porque muchas personas los repiten. Frente a esta realidad, la enseñanza de Comunicación y Lenguajes ya no puede limitarse a comprender textos escritos: también debe preparar a las y los estudiantes para interpretar críticamente los mensajes que reciben y comparten en internet.

Bolivia ha experimentado situaciones recientes que muestran la dimensión del problema. En mayo de 2026, durante una jornada de conflicto social, circularon audios falsos atribuidos a autoridades militares y documentos que también resultaron ser falsificados. La Agencia Boliviana de Información informó que uno de esos audios presentaba indicios de haber sido generado o manipulado con inteligencia artificial. Estos hechos demuestran que hoy una voz conocida, una imagen convincente o un mensaje reenviado no son pruebas suficientes de que una información sea verdadera.

El problema no es solamente tecnológico. Es, sobre todo, comunicativo y educativo. Una persona puede saber utilizar perfectamente un teléfono y, al mismo tiempo, no saber quién produjo un contenido, con qué intención, qué evidencias presenta o qué intereses puede haber detrás. Como advierte la UNESCO, la alfabetización mediática e informacional permite acceder, evaluar críticamente, utilizar y crear información de manera responsable. En otras palabras, no basta con saber buscar: debemos aprender a valorar lo que encontramos.

En este contexto, las y los adolescentes necesitan herramientas concretas. Antes de compartir una publicación, deberían preguntarse: ¿quién la publicó?, ¿cuándo?, ¿de dónde proviene?, ¿presenta pruebas?, ¿otros medios confiables informan lo mismo?, ¿la imagen o el audio podrían haber sido manipulados? Estas preguntas no buscan generar desconfianza hacia todo lo que circula en internet, sino desarrollar el hábito de comprobar antes de creer y compartir.

Desde Comunicación y Lenguajes podemos convertir este desafío en una oportunidad de aprendizaje. Una noticia de redes puede compararse con una noticia periodística; un audio puede analizarse para identificar afirmaciones, fuentes y posibles contradicciones; una imagen puede investigarse para conocer su origen; y una publicación puede ser reescrita distinguiendo hechos, opiniones y rumores. Así, leer deja de ser una actividad encerrada en el libro y se convierte en una práctica necesaria para la vida cotidiana.

La investigación de Ferrés y Piscitelli sobre competencia mediática plantea que desenvolverse en los medios requiere capacidades relacionadas con el lenguaje, la tecnología, la recepción crítica y la participación. Esta mirada resulta especialmente pertinente en la escuela: formar usuarios de redes no es suficiente; necesitamos formar ciudadanos capaces de interpretar los mensajes que reciben, producir contenidos responsables y participar sin reproducir engaños ni discursos de odio.

La Resolución Ministerial N.º 0001/2026, al fortalecer la lectura, la escritura y la producción propia en el sistema educativo, ofrece un marco para avanzar en esta tarea. Considero que ese fortalecimiento debe dialogar con los nuevos espacios donde las y los estudiantes leen y escriben todos los días: WhatsApp, TikTok, Facebook, YouTube y otras plataformas digitales.

Como maestra de Comunicación y Lenguajes: Lengua Castellana y Originaria, considero que enseñar a comunicar también significa enseñar a verificar. No podemos pedir a nuestros estudiantes que sean buenos lectores si no los ayudamos a enfrentarse críticamente con los textos, imágenes, audios y videos que forman parte de su realidad.

La desinformación no se combate únicamente eliminando contenidos falsos. Se combate formando personas que sepan detenerse, preguntar, contrastar y argumentar antes de compartir. Esa es, para mí, una de las tareas más urgentes de Comunicación y Lenguajes en la educación secundaria boliviana.


Bibliografía

  • Ferrés, J., & Piscitelli, A. (2012). La competencia mediática: propuesta articulada de dimensiones e indicadores. Comunicar, 19(38), 75–82.
  • Ministerio de Educación. (2026). Resolución Ministerial N.º 0001/2026: Normas generales para la gestión educativa 2026. Subsistema de Educación Regular.
  • UNESCO. (2024). Alfabetización mediática e informacional. UNESCO.
  • Agencia Boliviana de Información. (2026, 16 de mayo). En una jornada compleja, la desinformación y los audios falsos inundaron las redes sociales.

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