Niñez sedentaria
El sedentarismo infantil representa un problema creciente pues gran parte de las actividades que los niños realizan en la actualidad, la llevan a cabo sin movimiento. Este problema está agravado por la cantidad de horas de pantallas que consumen niños y adolescentes a diario.
De acuerdo a datos internacionales, se estima que el 70 % de los niños y adolescentes no realizan la actividad física mínima recomendada por la OMS y que las horas en pantallas también superan las recomendadas por edad.
Hay otros datos bastante llamativos, por ejemplo que solo el 5 % de actividad física de los niños sería actividad moderada/vigorosa. Respecto al género se indica que son los chicos quienes más actividad física hacen en comparación con las chicas.
Si hablamos de las consecuencias, el sedentarismo aumenta el riesgo de obesidad, diabetes y problemas cardiovasculares desde edades tempranas; también puede generar alteraciones de desarrollo psicomotor. La vida urbana también ha contribuido a ampliar este problema, ante la progresiva falta de espacios verdes y áreas recreativas en entornos citadinos.
Por contra, entre los beneficios de la actividad física están justamente la prevención de enfermedades crónicas, el aumento de la masa ósea, la mejora del rendimiento cognitivo, la reducción del riesgo de depresión y ansiedad, la mejora del autoconcepto y la facilitación de relaciones interpersonales, entre otros. Los especialistas también indican que el desarrollo neurológico de los niños necesita de actividad física para secretar las hormonas necesarias para el crecimiento y desarrollo sano.
Diferentes asociaciones pediátricas han advertido sobre el aumento del sedentarismo en la niñez y recuerdan el mínimo recomendado de una hora diaria de actividad física para los niños; alertando que los pequeños no se están moviendo como deberían.
Algunas alternativas que tenemos las familias para cumplir estas recomendaciones son: fomentar los juegos activos, acudir con mayor frecuencia a los parques; también apuntar a los hijos a actividades extraescolares como deportes u otras acciones físicas que reduzcan también las horas de pantalla. Asimismo se recomienda el contacto con la naturaleza porque implica realizar mayor actividad y movimiento muscular. Las familias, en definitiva, debemos esforzarnos para estar más activas y ayudar así a reducir la brecha entre lo que se deberían mover los niños y lo que realmente lo están haciendo.


