Adolescencia, más allá de la rebeldía
Solo al finalizar la adolescencia e incluso en los primeros años de juventud el cerebro ha logrado la suficiente madurez para tomar decisiones juiciosas, planificadas y con sentido crítico, inhibir conductas de riesgo e impulsividad y mejorar en la interacción social
Durante décadas se ha caracterizado a la adolescencia como una etapa de cambios, de rebeldía y de autoafirmaciones. Una antesala hacia la juventud que puede crear más de un dolor de cabeza, a los padres especialmente. Si bien esto es cierto, hoy las neurociencias y la evidencia científica nos muestran una realidad amplificada y compleja para entender de una manera más extensa las necesidades y respuestas de esta edad.
Una de ellas es que el cerebro adolescente seguiría madurando hasta después de los 20 años. Este desarrollo no se realiza de forma simétrica, sino que algunas áreas maduran antes que otras. Por ejemplo la corteza prefrontal es una de las últimas partes en desarrollarse por completo; esta área es vital para habilidades superiores como planificar, establecer prioridades y tomar buenas decisiones.
Otro elemento distintivo tiene que ver con el aumento de neurotransmisores en esta etapa, relacionados con la gratificación y la atracción de los adolescentes hacia experiencias estimulantes, impulsivas y novedosas o también con las reacciones intensas que tienen frente al éxito y el fracaso.
A pesar de la contradicción esto también favorecería un pensamiento más creativo e imaginativo, como una oportunidad para la innovación y el aprendizaje en esta etapa de la vida.
Las investigaciones indican también que la adolescencia es una etapa clave también para el desarrollo de enfermedades mentales, por su especial disposición al estrés; junto con los cambios físicos, emocionales y sociales propios, es una edad donde muchas enfermedades mentales pueden surgir, como la esquizofrenia, ansiedad, depresión, trastorno bipolar y alimentario. Sin embargo las investigaciones también sugieren que el cerebro adolescente es resistente y también puede crear factores de protección frente a estas dolencias a largo plazo.
Solo al finalizar la adolescencia e incluso en los primeros años de juventud el cerebro ha logrado la suficiente madurez para tomar decisiones juiciosas, planificadas y con sentido crítico, inhibir conductas de riesgo e impulsividad y mejorar en la interacción social. Esta evidencia aporta luces para la comprensión del fenómeno de la delincuencia en la adolescencia, un mejor diseño de la justicia penal juvenil y el entendimiento de otras problemáticas adolescentes.
Comprender hoy la adolescencia de una manera más amplia y liberada de tópicos o prejuicios quizás nos pueda ayudar a abordar esta especial etapa de la vida y verla más allá de sus rebeldías; y que pueda ser concebida sobre todo un comienzo de nuevos y prometedores horizontes hacia la completud del ser.


