Bolivia: La violencia que aprendemos

Esta semana Joining Forces Bolivia, alianza entre organizaciones no gubernamentales que promueven el ejercicio de los derechos de la niñez y adolescencia, ha emitido un pronunciamiento importante sobre la afectación de la conflictividad social actual de Bolivia en el ejercicio de derechos de los NNA.

Las consecuencias más importantes que se han detectado son la restricción al acceso a salud, alimentación y protección; interrupción del derecho a la educación y contextos de encierro, miedo e incertidumbre. Alerta también sobre impactos en la salud mental de los chicos, incluyendo estrés toxico; afectando al desarrollo integral de niños y adolescentes especialmente los que están en situación de trabajo, en centros de acogimiento y en entornos familiares con predisposición a mayores índices de violencia. Estas vulneraciones son inaceptables y deberían ser un marco que limite la radicalidad de las demandas y las formas de respuesta que se les den.

El efecto de la situación social actual sobre nuestros niños y adolescentes incluso va más allá. Un escenario conflictivo en espacios sostenidos de tiempo también configura una forma recurrente de relacionarnos y tolerarnos como sociedad y es un marco de ejemplo de comportamiento social que se proyecta en muchas ocasiones en conductas personales. Un entorno así eleva discursos cada vez más polarizados, donde el odio, el racismo y a intolerancia se acrecientan sin control ni reflexión.

Así, un entorno conflictivo aumenta el estrés y ansiedad de nuestros chicos, afectando su capacidad para concentrarse y llevar a cabo actividades cotidianas. También pueden manifestarse en ellos comportamientos externos aprendidos, como la agresividad y rebeldía. El desarrollo educativo de los chicos también se ve afectado, alterando no solo la regularidad de clases sino también la concentración y la memoria, fundamentales para el aprendizaje.

Las situaciones de violencia y tensión social revelan también la carencia de modelos saludables a seguir; en medio de un entorno donde imperan los discursos radicales y agresivos, cuyos posicionamientos adoptan y comparten muchas personas, mientras son vistos y aprehendidos por los más pequeños.

En medio de tanta conflictividad social quizás a menudo no reparamos en el efecto sobre nuestros chicos,  quienes están presenciando posicionamientos cada vez más polarizados y discursos violentos de uno y otro lado.

Urge deponer actitudes y radicalismos, favorecer las vías de solución no violentas, el diálogo y el entendimiento. No solo para hallar salidas a nuestros problemas actuales sino porque también estaremos mostrando una forma de responder diferente; una que educa y muestra que otro país pacífico y dialogante también es posible.


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