Tenía 4 o 5 años…

Tenía 4 o 5 años. Es poco más que eso lo que sabemos de la niña que este mes fue llevada por su padre al hospital de San José de Pocitos; y tras constatarse su muerte, él finalizó con su propia vida a través de un disparo en el mismo nosocomio.

La autopsia de la niña, en este hecho tan consternador, dio un resultado terrible. Fue asesinada cruelmente; pero además se descubrieron numerosas lesiones de data antigua e incluso costillas rotas; es decir que la niña fue lastimada de manera grave y recurrente probablemente desde hacía meses atrás.

Casi nada sabemos de tu historia, ni tu nombre ni cómo vivías. Solo tu cuerpo ha hablado del calvario que debiste haber pasado. Tampoco sabemos por qué los vecinos, familiares, el sistema educativo o de salud no alertaron de que vivías atrapada en violencia sistemática y en absoluta vulnerabilidad al ser tan pequeñita. Quizás se pudo hacer algo, quizás no.

El caso ha ocupado las páginas de policiales con absoluta frialdad; la niña se ha ido, casi sin historia, como un caso más. Sin embargo no es solo uno más. Ella es una de las 16 víctimas de infanticidios que tenemos en el país en lo que va del año. Finalizando abril ya hemos superado la mitad de los casos del año pasado y la tendencia revela un 2026 especialmente duro y cruel con los niños y niñas de Bolivia; además en un contexto de fuerte crisis y mayor vulnerabilidad socioeconómica para muchos sectores de la población.

Nuevamente, y en relación con lo que pasa en este tipo de hechos, la inmensa mayoría de los perpetradores de infanticidios son padres, madres, madrastras y padrastros. Quienes son sus principales cuidadores suelen ser también los principales vulneradores de derechos; quienes deberíamos protegerles en ocasiones somos quienes más daño les podemos hacer y ante su especial vulnerabilidad. Lo dicen así también las miles de denuncias de agresiones que no llegan a infanticidios. La violencia familiar, es decir la que ocurre dentro del círculo más cercano, es la forma más recurrente de delito contra la niñez y adolescencia en Bolivia.

Abordar la violencia como un problema de salud pública en nuestro país, nos urge a mirar el problema como una emergencia diaria a ser atendida; especialmente cuando se ceba en contra de nuestros niños. Entender que los niveles de violencia muestran las fallas estructurales del sistema de protección y de sistemas de crianza vulneradores, también nos puede ayudar a reconocer los sesgos y errores con los que abordamos las problemáticas de la infancia y la falta de prioridad en su debida atención, así como en la prevención de vulneraciones y daños. El panorama tan desolador de este año nos muestra que hay demasiado camino aún por recorrer para resguardar los derechos, la vida y la integridad de nuestros más pequeños.

El anonimato de la historia de la niña fallecida en Pocitos disfraza la impunidad con la que la violentaron sistemáticamente en su corta vida, hasta finalmente asesinarla. La verdad de lo que te ocurrió se fue en el balazo con el que tu padre decidió acompañarte. Descansa en paz, pequeña. Solo tenías 4 a 5 años…


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