Analfabetismo funcional en salud
Hace unos días participé en una reunión en el hospital sobre el acceso y la comunicación con los pacientes. Un nuevo miembro de la comisión compartió que, cuando era niño, por diversas razones no tuvo la oportunidad de aprender a leer y escribir correctamente. A pesar de ello, gracias a su creatividad, logró encontrar empleo y llevar una vida relativamente normal, aunque siempre ocultando su dificultad. Sin embargo, enfrentó muchos obstáculos. Con el tiempo, su incapacidad para leer derivó en problemas de salud, especialmente porque el sistema de salud da por sentado que las personas saben leer y escribir.
La baja alfabetización se refiere a personas que tienen dificultades para leer, escribir, calcular y/o manejar habilidades digitales, lo que hace que participar en la sociedad sea complicado. En los Países Bajos, uno de cada seis adultos tiene baja alfabetización. No siempre son analfabetos, pero no dominan las habilidades básicas al nivel de la educación secundaria.
Sin duda, la solución ideal sería que estas personas aprendan a leer y escribir, o que el sistema educativo logre detectarlas a tiempo para brindarles apoyo. Es mucho más sencillo adquirir estas habilidades durante la juventud, ya que en la adultez el proceso se vuelve más desafiante. Sin embargo, también resulta fundamental que el personal del sistema de salud sea consciente de que existen pacientes que no pueden leer los letreros, instrucciones, formularios o incluso los nombres de los medicamentos. Muchas veces, por vergüenza, las personas no expresan esta dificultad, lo que hace que el personal sanitario no lo perciba fácilmente. Hay excusas recurrentes que pueden dar una pista, como “olvidé mis lentes”, “lo leeré en casa” o “mi esposo siempre llena estos papeles por mí”, pero, aun así, identificar estos casos no es sencillo.
Las consecuencias para la salud pueden ser muy graves. Al no poder leer, muchas personas toman medicamentos incorrectos, omiten dosis o no entienden las instrucciones, lo que puede afectar negativamente su tratamiento. Además, suelen evitar acudir al hospital, llegan tarde porque no logran ubicar la dirección, o incluso renuncian a buscar atención médica por temor o frustración. Todas estas situaciones representan barreras significativas para el acceso efectivo al sistema de salud.
Por todo lo anterior, es esencial incluir a este grupo en la atención sanitaria. Una estrategia simple y útil es preguntar al agendar la cita: “¿Tiene usted alguna dificultad para leer?”. Así, el médico puede estar informado y explicar el tratamiento verbalmente, en vez de solo entregar un folleto. También se recomienda complementar las indicaciones con dibujos, videos e iconos, para facilitar la comprensión y transmitir la información de manera clara y accesible.
Juntas, al reconocer y atender las necesidades de cada persona, podemos lograr que la atención en salud sea verdaderamente accesible para todas.


