Viviendo con discapacidad y sin familia: drama silencioso que crece

SEDEGES alerta del crecimiento del número de niños y niñas con discapacidad abandonados en los centros de acogimiento públicos de Tarija, especialmente en adolescentes varones. Informan que se inició la presente gestión del gobierno departamental en 2021 con 11 adolescentes y en la actualidad se cuenta con 18 menores con discapacidad y en situación práctica de orfandad, es decir de ausencia de padres. Una de las causas de este fenómeno es la pobreza que orilla a las familias a entregar a sus niños con discapacidad al cuidado del Estado por no contar con los recursos, la ausencia de ayudas y la dificultad en el cuidado de menores que nacieron o adquirieron una discapacidad. Sin embargo, en Tarija tampoco se cuenta tampoco con un centro de acogimiento especializado en discapacidad y enfermedades mentales de niños, niñas y adolescentes.

La sola situación de orfandad puede ser altamente traumática por las secuelas psicoemocionales que deja el abandono, las vivencias adversas previas al mismo, la ausencia de un referente afectivo y redes de apoyo, la vida al interior de instituciones de acogimiento y otros que pueden afectar y persistir durante toda la vida. Si sumamos a esta situación además una condición de discapacidad, el drama se agudiza y ofrece un panorama muy complejo no solo en la etapa de crecimiento, donde se asientan las bases del futuro de niños y niñas, sino también en la mayoría de edad pues las personas con discapacidad, dependiendo de la misma, cuentan con diversas limitaciones para la vida autónoma.

En nuestro país tenemos algunos centros y ayudas para la discapacidad, sin embargo, no contamos con políticas ni recursos claros ni sostenibles de apoyo a las personas mayores de 18 años con discapacidad que puedan asegurarles un sostenimiento y una vida adulta digna. No se cuenta con una ruta institucional pública clara que acompañe la vida de personas con discapacidad que se encuentran solas, lo que puede orillarlas a la pobreza y marginalidad en muchos casos.

La ausencia de la familia en la vida con discapacidad además priva de un agente fundamental de socialización, inclusión y refugio emocional para quienes la tienen. Una familia que acompaña brinda amor, seguridad, estimulación y apoyo constante. También puede fomentar la autonomía, las habilidades y la aceptación del diagnóstico.

Lo que está ocurriendo en Tarija es una realidad preocupante que transcurre silenciosa y sin acciones claras a corto y largo plazo, pues nuestros niños acogidos crecerán y un día tendrán que enfrentarse a la vida adulta fuera de la tuición del Estado. Tampoco visualizamos acciones de prevención para que decrezca la cifra de niños acogidos con esta condición. Pensar, crear y actuar para establecer un apoyo sostenible y real para las familias que tienen niños con discapacidad puede prevenir el abandono de los mismos y todo el costo social y humano que la orfandad crea en la vida de las personas.


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