Partiendo de la posibilidad del cuidado hacia sistemas y políticas reales
El día 29 de octubre se ha conmemorado el Dia Internacional de los Cuidados y el Apoyo que reconoce el valor del trabajo de cuidado no remunerado y remunerado. El día 05 de noviembre fue el Dia Internacional de las Personas Cuidadoras, que rinde homenaje a quienes cuidan a personas con discapacidad, enfermedades crónicas o mayores.
Bolivia tímidamente se acerca hacia la creación de un sistema público de cuidado con cobertura y sostenibilidad; sin embargo la cultura del cuidado con soporte estatal aun no tiene bases firmes para mantenerla y hay una distancia muy grande entre lo que se ha avanzado en lo normativo y su aplicabilidad en la práctica. Analicemos algunos de los por qué.
En Bolivia el cuidado de niños, adultos y ancianos enfermos dependientes recae casi por norma general sobre las mujeres y es un trabajo no remunerado en general. Las mujeres dedican un promedio de 4 horas y 25 minutos diarios al trabajo de cuidados no remunerado, mientras que los hombres dedican 1 hora y 25 minutos; situación que limita el derecho al trabajo, a la educación y a la participación social de las mujeres. El trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en Bolivia representa aproximadamente el 16% del Producto Interno Bruto (PIB), lo que resalta su importancia económica, a pesar de su invisibilidad social y falta de remuneración.
La mayoría de situaciones graves de enfermedad y discapacidad no las cubre el Estado pues nuestros sistemas públicos de salud y protección son muy precarios aún; estas situaciones están muy sostenidas por el cuidado y las posibilidades económicas familiares. En este sentido no hay un sistema que garantice una atención integral en salud que puedan soliviantar o al menos disminuir la carga de cuidadores en el país.
No existen tampoco políticas claras conciliación para un cuidador que necesite compatibilizar la actividad laboral con el cuidado. Normalmente se debe renunciar a la actividad laboral para cuidar.
Tampoco existen ayudas para la dependencia, ingresos mínimos vitales, aportes a la Seguridad Social de los cuidadores y otros que les permitan cuidar en situaciones dignas de vida. Estas carencias pueden derivar en el agotamiento de los cuidadores en nuestros contextos, que en muchos casos son sostenidos a nivel comunitario más que estatal.
Respecto a los ancianos, en 2020, 84 de cada 100 personas mayores de 60 años no accedían a una pensión de vejez ni a una pensión solidaria de vejez. Sí reciben la Renta Dignidad, pero este es un beneficio insuficiente para sustentar las necesidades mínimas. Esta carga recae generalmente también sobre sus cuidadores.
El panorama no es halagüeño y hay muchos asuntos de base que atender, sin embargo si queremos llegar hacia sistemas de cuidado reales debemos partir por garantizar inicialmente el acceso y las posibilidades de cuidado, para poder avanzar luego hacia el sostén de un sistema de cuidado real, posible y efectivo que logre cuidar y también proteger al cuidador.


