Un video sobre la renovación en Tarija

Estaba por dormir cuando, entre el cansancio y el azar del algoritmo, me apareció en TikTok un video breve y sugerente sobre la llamada “renovación política” en Tarija. Hace algunos meses escribí sobre este mismo tema: la “renovación” por lo que mi posición al respecto, es clara, si no hay ideas diferentes, distantes a las vigentes y asumidas por la población en su conjunto, lo que se muestra hoy como renovación es una simple ilusión con nuevos rostros.

Tarija vive un agotamiento profundo. Nuevos grupos sociales emergen, crece el cansancio y la indignación frente a una clase política que ya no representa a nadie. El sistema autonómico colapsó hace tiempo; el escenario parece maduro para un nuevo momento constitutivo, que puede venir desde arriba o desde abajo. Pero el motivo de estas líneas no es tanto esa crisis estructural, sino un pequeño video que, en apenas doce segundos, condensa la gramática simbólica del poder local o el nuevo poder, veremos.

No hay palabras en el video. Solo una melodía tenue, de esas que buscan crear tensión sin protagonismo. El silencio, sin embargo, dice mucho: apela al símbolo, a la imagen como vehículo de sentido. Tres mujeres son las protagonistas, aunque el centro real de la escena lo ocupan dos. La tercera de rasgos más indígenas es sutilmente excluida de la última toma, aquella toma en que las otras dos posan frente a la estatua de Luis de Fuentes. No es casualidad: en doce segundos, la cámara traza las fronteras y jerarquías tarijeñas.

Las locaciones son reveladoras: la puerta del Concejo Municipal, la Alcaldía y la Gobernación. No son cafés ni parques; son los templos del poder departamental. Cada mujer se descubre el rostro quitándose un sombrero tejido, hasta llegar al plano final, donde las dos “elegidas” se colocan el sombrero y miran a la cámara, cómodas, seguras, dueñas del espacio. La tercera ha sido excluida.

El sombrero es el elemento que se hace presente en todo el video, es un sombrero tejido, común, de color amarillo otro café, su función de mostrar el rostro, para utilizarse en la última escena, puede hacer referencia a muchos elementos de la cultura popular, películas de vaqueros gringos, Indiana Jones, algún trend viral de tik tok, también puede hacer referencia a la escena de Luis F. Camacho poniéndose la gorra, o también el sombrero de trabajo de un campesino, aunque es menos probable, por la forma, color y disponibilidad del sombrero mostrado en el campo.

Para entender el video, se debe pensar, que el hecho de no decir nada y la puesta del sombrero no es más que una muestra de voluntad y afirmación del sujeto sobre sí mismo y sobre los otros, pero también, hace evidente un instinto de poder conquistador, representado muy bien en la última escena a los pies de Luis de Fuentes, buscando conectarse a la memoria de un grupo social que tiene los códigos suficientes para descifrar el mensaje.

Sin embargo, la carga estética de conquistador o superioridad estética libertaria, que es la raigambre que porta al menos una de las protagonistas, está asociado a valores de belleza occidental, razón probable del tercero excluido de la toma final, pues este tercero desencajaría la lógica estética y política mostrada, además de no representar un disparador de memoria para el grupo social al que está dirigido.

Las dos protagonistas visten de blanco, la excluida de negro. Ninguna expresa emoción; sus rostros neutros transmiten naturalidad ante el poder, como si siempre les hubiera pertenecido. Es la imagen renovación sin alterar su estructura discursiva, asumiendo códigos juveniles jeans, zapatillas, redes sociales.

La exclusión de la tercera es quizás el acto más elocuente. En la economía simbólica del video, su presencia “rompería” la armonía estética de la superioridad de un grupo tradicional. Su ausencia, en cambio, reafirma la frontera entre quienes encarnan la Tarija visible y quienes siguen siendo parte del margen, aunque ese margen sea, paradójicamente, la mayoría. Es la violencia simbólica que aleja a las personas con menor capital simbólico del centro del campo.

La sobriedad del video, sin saturación de colores, sin música típica ni folclore regional, también comunica: busca hablarle a la clase señorial tarijeña, aquella que se reconoce a sí misma en los edificios institucionales, no en los mercados ni en los barrios, que asumen la institucionalidad tarijeña, como disciplinamiento y sumisión ante el otro.

Las imágenes, de comodidad con el poder descritas anteriormente, denotan la afirmación sobre su identidad, estructura y posibilidad de acción, por lo que un elemento importante y machacado hasta el cansancio hasta ahora no se hizo presente me refiero la ropa típica regional o música, otra hipótesis, que pudiese ser más coherente, es la superación del regionalismo aislacionista que marcó el discurso político de figuras como Mario Cossío.

Por último, el video tiene una razón más, que es validar su acción dentro del campo político establecer, que su presencia en el margen del mismo es temporal, en la medida que puedan sujetarse a las reglas de juego adquiriendo su personería jurídica, no buscando cambiar las reglas y esperanzas de la gente sino al parecer buscando asumir la herencia del abuelo.

Bastan 12 segundos, para hacer evidente muchos elementos discursivos, que por la rapidez del consumo de un tik tok pueden pasar inadvertidos pero que son importantes desentrañar ante la contingencia del momento histórico.


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