¿Edmand Lara y Gualberto Villarroel?

“No soy enemigo de los ricos - había dicho Villarroel - pero soy más amigo de los pobres. Pero en la mañana del 21 de julio de 1946, su cadáver colgaba de un farol de la plaza Murillo, trofeo mórbido de la venganza oligárquica, lábaro de combate del nacionalismo. Estaba visto que, ya entonces, la única manera de ser amigo de los pobres era, precisamente, constituirse en enemigo armado de los ricos.” - René Zavaleta

El 8 de noviembre se tiene prevista la posesión del presidente y vicepresidente del Estado. Más allá de los actos protocolares, ensayados con pompa durante semanas, el vicepresidente electo anunció un acto posterior de masas. Luego de algunos desencuentros con la Alcaldía de La Paz, se definió como escenario la Plaza Villarroel, lugar cargado de historia y memoria.

Esa plaza, junto al monumento a la revolución, fue encargada por Víctor Paz Estenssoro y concluida poco antes de su derrocamiento en 1964. Durante décadas fue el espacio de los desfiles por excelencia en La Paz; más tarde, bajo la dictadura de Banzer, funcionó como centro de torturas de la DOP y depósito militar, antes de ser transformada en museo/mausoleo. En el proceso electoral de 2025, la misma plaza volvió a ser epicentro político: allí Andrónico Rodríguez inició su campaña con la famosa explosión del sullu, y Eduardo del Castillo la cerró. Este espacio, como un espejo de la historia, vuelve a latir al ritmo de lo político.

La historia del país está llena de casualidades, aunque en política se diga que no hay nada casual. El 17 de agosto, al conocerse los resultados de la elección, cuando el PDC obtuvo el primer lugar, Edmand Lara exclamó ante sus militantes: “Si el cap. Lara miente, si el cap. Lara roba, en la plaza Murillo, muerte al cap. Lara.” Semanas después, en una entrevista en el programa “No Mentirás” del 5 de septiembre, Lara confirmó la referencia que muchos habían intuido: “Yo le dije a la gente: si no cumplo, cuélguenme de la plaza Murillo, como a Gualberto Villarroel.”

Aquella declaración, pronunciada con aparente ligereza cambio algo en sus escuchas, trajo fantasmas a recorrer Bolivia, quizás por el color de los ojos, similitudes faciales, cercanía con grupos populares o su tono desafiante, trajo al presente un miedo lejano internalizado en la oligarquía boliviana, de pronto se les erizo la piel, la memoria llamaba a la puerta a gritos y las palabras de Lara conectaron con Challacollo y Chuspipata de 1944, del mismo modo en que la figura de Evo recordaba los cercos de Katari.

Desde ese momento, la oligarquía boliviana a través de sus medios de comunicación decidió “colgar mediáticamente” a Lara, tal como se colgó físicamente a Villarroel, su memoria les había dado un nuevo enemigo. El coronel mártir utilizó el panfleto y el quechua para hablar a los suyos; el capitán, en cambio, usa TikTok y mucha franqueza, que es el lenguaje hegemónico del momento. Si el primero fue silenciado por la horca en el farol de plaza Murillo, el segundo aprendió a evadir el colgamiento mediante el algoritmo.

En contra sentido, las mismas palabras que despertaron el miedo de unos, encendieron cierta esperanza de otros, campesinos, mineros, comerciantes que, ante la hostilidad política abierta de la oligarquía, crisis económica, desocupación, inseguridad, etc., realidades que pueden traducirse en impotencia  y la búsqueda de aferrarse a un discurso de fuerza, encontraron a un Lara, que tradujo esta necesidad de fuerza ante la impotencia en orden y lucha contra la corrupción que es como planteara Cas Mudde una corrupción sistémica, provocada por el “otro”.

El sentido de orden y nacionalismo une al Capitán y al Coronel mártir, a través del color verde olivo, en circunstancias similares Villarroel fue precursor de la revolución nacional, por tanto, un pez fuera del agua atacado por izquierda y derecha que compartían vínculos de clase en aquel momento, Lara ex policía que jurara con traje policial, es fruto, de un nuevo sujeto político que emergió tras las crisis de 2019 que es, la policía como actor político, (Ruth Nina candidata a la presidencia el año 2019 proveniente de la Asociación de Esposas de Suboficiales Clases y Policías, el motín policial que hizo posible la aceleración del golpe de estado en noviembre de 2019 y Cap. Edmand Lara vicepresidente 2025 - 2030) nuevo sujeto que proviene de las clases populares en su mayoría a diferencia del ejército.

Ambos comparten, además, un origen común: Villa Rivero, en Cochabamba, un pueblo pequeño que supo mostrarles en diferente tiempo la realidad de las mayorías del país y quizás intuitivamente las asumieron como propias, pues durante el tiempo de Villaroel, se vivía en las cercanías del pueblo la mayor crudeza del sistema hacendal, vio en carne propia la explotación y pongueaje sobre los indios y sintió sus lamentos a través del quechua. Lara por su parte, vivió en el mismo pueblo siendo casi fantasma, con la mayor parte de casas cayéndose a pedazos y con una población anciana, Edmand no tuvo más opción que migrar para sobrevivir, esta realidad le ayudo a conectarse con esa nueva Bolivia, fruto del proceso de cambio, el resto es historia.

A su vez, Lara vivió aquellos años en Villa Rivero, desfilando por el colgamiento de Villarroel cada 21 de julio, mirando su estatua reluciente mientras jugaba en la plaza del pueblo, observando cada día la casa convertida en museo de la familia de Villarroel con un sinfín de placas en la puerta, mientras retornaba de la tienda a su casa, ubicada además a una cuadra en paralelo, Allí, la historia se volvía vecina, y el héroe colgado se transformaba en presencia cotidiana.

Tras la segunda vuelta electoral, numerosos medios y analistas hacían reseña de la dinastía política de los Paz, donde se mostraba la participación de una buena parte de la rama familiar en la política boliviana desde el siglo XIX, inclusive algún analista menciono que la familia Paz tenia cierto “destino manifiesto” para gobernar el país.

De Edmand Lara, en cambio, poco se conoce. Mantiene una imagen de humildad que le permite hablar con soltura a las clases populares. De su familia apenas se sabe el origen de su padre y la vida austera que llevaron en Villa Rivero que está a casi una hora de la ciudad de Cochabamba, sin embargo, en sus venas corre la misma sangre de Gualberto Villarroel, siendo ambos familiares, quizás entonces el acto simbólico llamado por Lara, ante la contingencia del nuevo lugar buscara homenajear al Coronel mártir de la revolución nacional en la plaza que lleva su nombre, del que además escucho y vio tanto desde chico, pero también volver a llamar a la memoria de las clases populares, a través, del símbolo y el discurso, del hombre que era más amigo de los pobres, que de los ricos, como lo hizo aquel 17 de agosto.


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