¿Mariana?

El bloque popular exigía con vehemencia la conformación de un binomio capaz de reestructurar y garantizar la continuidad del proyecto político plurinacional

Era cerca del mediodía del lunes 19 de mayo. Después de varias semanas con una cantidad incontable de "verdades" flotando en el aire como mariposas de humo que confunden más de lo que aclaran, apareció en mi teléfono, mientras deslizaba los dedos como quien acaricia el tiempo en Facebook, la transmisión en vivo de la presentación de Mariana Prado como candidata a la vicepresidencia por Alianza Popular y me pregunte ¿Mariana?

La fórmula encabezada por Andrónico Rodríguez para las elecciones nacionales ha sido, desde principios de año, la única luz en un horizonte poco visible, la única opción viable del bloque nacional-popular boliviano, según lo demuestran diversas encuestas publicadas en el país. En este contexto, el bloque popular exigía con vehemencia la conformación de un binomio capaz de reestructurar y garantizar la continuidad del proyecto político plurinacional. Porque, si las organizaciones sociales tienen un "instinto de poder", como afirmaría Nietzsche, y no una "mentalidad de rebaño", como cree la oposición tradicional, entonces la necesidad de renovación coherente se vuelve evidente.

La practicidad fértil y organicidad tenaz de las organizaciones sociales fueron las raíces profundas que permitieron al MAS cosechar victorias aplastantes en los últimos veinte años. Pero fueron las derrotas, como herramienta de aprendizaje colectivo, las que ofrecieron a las masas la oportunidad de aprender y mejorar sus estrategias. Ya han pasado nueve años desde el referéndum constitucional de 2016, aquel parteaguas histórico que marcó un antes y un después en la continuidad del Proceso de Cambio.

Después del 21F, el bloque nacional-popular, con fuerte raigambre campesina, comprendió que para sostener el Proceso de Cambio era vital sembrar nuevos cuadros políticos. Porque, al igual que en la vida en el campo, no se puede sembrar toda la esperanza (semillas) en un solo surco. En la tierra, como en la política, se diversifica: se siembra en diferentes sitios que no son necesariamente continuos en el espacio, se cultivan además diferentes frutos, para que, ante la adversidad climática o el capricho de malos suelos, la vida persista. Así sobreviven las familias, y permite la buena salud de la comunidad.

Esta lógica ancestral, de supervivencia y del esfuerzo colectivo, no solo está presente en el campo. También germina en la ciudad: en los múltiples puestos de venta en las ferias, en los emprendimientos diversos. Por esa memoria, las organizaciones sociales comenzaron a trabajar con ahínco en estos nuevos surcos. Prueba de ello es que, en 2018, Andrónico Rodríguez fue elegido presidente de la Federación de Productores de Hoja de Coca Mamoré-Bulo Bulo y posteriormente como vicepresidente de las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba.

Siguiendo esta lógica, pero desde el espacio del Estado, emergió Mariana Prado como brote nuevo de una semilla bien cuidada. Joven profesional forjada en el seno del Estado Plurinacional, fue designada ministra de Planificación en 2017, tras haber transitado por diversos espacios públicos. Desde entonces, se hizo visible esa nueva generación de servidores públicos, hijos del proceso de cambio, nietos de la resistencia contra las dictaduras, en fin, herederos de las causas del pueblo.

En Mariana se revelan nuevos valores, símbolos y actitudes. Mujer de clase media que aportó desde los más altos niveles del Estado, su recorrido no es pintura artificial ni un tigre de papel. ¿Pero cómo actuó realmente Mariana Prado?

Una muestra reveladora fue el lanzamiento del Programa de Intervenciones Urbanas (PIU) en 2019: más de 140 millones de bolivianos invertidos en cuatro ejes: cine audiovisual, industrias culturales, deporte e innovación tecnológica, que buscaba beneficiar a organizaciones barriales, juveniles, de mujeres, artistas entre otros. Lo más significativo de esta política fue que, desde el Ministerio de Planificación, el Estado se democratizaba a través de las iniciativas sociales de todo el país propuestas a este programa.

El PIU fue una flor breve pero poderosa del nuevo Estado Plurinacional. En Tarija, conocí iniciativas de dicho programa. Aún resuenan en mi memoria las palabras de un gestor cultural boliviano-argentino, quien afirmaba que el PIU fue una de las mejores iniciativas del gobierno, que favoreció a la cultura de la región. Luego, con pesar, lamentaba su cierre durante la gestión de Añez.

De igual manera, desde su experiencia como Ministra de Planificación y vice presidenta del Fonplata, enhebra un perfil importante para salir de la crisis económica en la que se encuentra el país, pues conoce la arquitectura del estado y de los organismos internacionales, elementos importantes que seguro aportaran a una gestión que no puede fallar, pues ya no podemos aguantar más las filas para gasolina, las subas de alimentos, o las declaraciones ridículas de autoridades, que prefieren no ver el sentir de todos los bolivianos.

Así, pues después de gastar algún tiempo navegando en la red, entiendo que Mariana es pieza fundamental de esa estatalidad más cercana, que fortalece y ayuda a avanzar al proyecto Plurinacional. Podemos decir entonces que Mariana es progresista, encarna hoy en el binomio de Alianza Popular, que es el fruto maduro de nueve años de siembra colectiva, el pulso vital que late en las entrañas del país que aún se construye y que agoniza.


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