Salud mental de niños, niñas y adolescentes en nuestro país
Tras la pandemia que afectó al mundo especialmente en 2020, la salud mental es un tema en boga. De ella se está haciendo énfasis en la de niños, niñas y adolescentes y como ésta en general ha sido desatendida, pero que silenciosa y progresivamente múltiples problemas detectados en la clínica actual.
En Bolivia el tema también nos toca, pero con pocos datos y sobre todo poca cobertura asistencial a un problema aun creciente.
Se sabe que el suicidio podría ser la cuarta causa de mortalidad en nuestro país en adolescentes de 15 a 19 años. Antes de la pandemia la OPS (Organización Panamericana de la Salud) informó que hasta los 5 años, la carga de los trastornos MNSS se debe principalmente a la a epilepsia (54%) y autismo (39%). Entre los 5 y 15 años, la carga de trastornos de conducta (20%), trastornos de ansiedad (17%) y dolores de cabeza (17%) incluyendo migraña y tipo tensional, ganan importancia.
En investigaciones post pandemia se halló que 8 de cada 10 adolescentes y jóvenes, varones, mujeres y de otras orientaciones sexuales expresaron sentir angustia, depresión y ansiedad a causa del nuevo contexto social, familiar y personal producto de la pandemia del COVID-19. Sin embargo, el 75% de ellos no buscó algún tipo de ayuda psicoemocional.
¿Por qué? Se pueden inferir varias razones, en principio la poca cultura de terapia en nuestro medio, el estigma, el precio para acudir a profesionales privados, la inaccesibilidad a servicios públicos, hasta el no saber dónde acudir, entre otros.
Ante estas barreras cabe preguntarnos cómo están canalizando nuestros niños y adolescentes los problemas y desafíos que se les presentan; si solos o acompañados, además tomando las crisis sociales, familiares así como el creciente acceso a tecnología, redes sociales y otros que no siempre son la solución sino que contrariamente pueden afectar aun mas a un adolescente afectado mental y emocionalmente.
Dentro de la problemática global, ya UNICEF Bolivia ha alertado que debemos trabajar en la prevención de servicios psicológicos especializados en niñez y adolescencia. Sin embargo no existe un reconocimiento público al problema, por ende no existen tampoco políticas suficientes que doten de recursos, programas, personal e infraestructuras para atender la salud mental de niños/as y adolescentes; la red de atención actual es escasa y desconectada y no tenemos aun la capacidad plena de atender a esta población.
Si se tiene en cuenta que la mayoría de los trastornos mentales adultos se originan en la niñez y adolescencia, se requiere priorizar la atención a este grupo, cuyo resultado no solo nos pueda ayudar a formar una niñez y adolescencia sanas sino a la larga crear una sociedad con mayor salud mental.