Asoman nuevas paternidades en Bolivia
En la cultura latinoamericana de corte patriarcal y machista, históricamente son y han sido las mujeres las llamadas al cuidado doméstico, de los hijos y la familia en general. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2022) las mujeres bolivianas destinan a las tareas de cuidado 23,5 horas semanales en promedio, el doble que los hombres; seis de cada 10 mujeres de 60 años y más dedican hasta cinco horas diarias al cuidado; y siete de cada 10 mujeres afirman tener la mayor responsabilidad del cuidado en su hogar, frente a solo una que sostiene que “ambos” o “su pareja”.
En Latinoamérica, son 16 los países que tienen licencia paternal, un derecho que se extiende desde los 2 días hasta los 14 (tiempo notablemente inferior a la tendencia global y al que tienen las mujeres con este derecho). En Bolivia la licencia de paternidad es de únicamente 3 dias laborales. Patrones culturales, económicos, laborales, sociales e ideológicos hacen que en la actualidad persista, en general, la brecha entre hombres y mujeres para ejercer cuidados del hogar y los hijos.
Pese a las barreras citadas algunos vientos de cambio asoman.
Un grupo creciente de padres presenta prácticas más implicadas y corresponsables, especialmente en familias monoparentales a cargo del padre, o familias biparentales en que padre y madre trabajan remuneradamente y existe un acuerdo y reparto más igualitario del trabajo del hogar y de cuidados no remunerado.
La participación de los padres en el cuidado y la crianza es diversa y se relaciona, entre otros factores, con la configuración familiar, el tipo de trabajo, la edad y la voluntad de estar presente. Actualmente, se habla de masculinidades cuidadoras (caring masculinities) (Hunter, Riggs y Augoustinos, 2017) para referirse a hombres que cuidan, pero que no necesariamente están renunciando a la masculinidad hegemónica (en la que conciben que su papel es solo proveer y dedican escaso tiempo a labores de cuidado). Los hombres estarían en un interjuego entre la noción del padre proveedor (económico) y la noción del padre involucrado en el cuidado.
En este sentido existe una tendencia positiva en la región hacía un crecimiento de la paternidad participativa, cuya función es importante en el desarrollo emocional, intelectual y social de niños y niñas para lograr la igualdad de género.
Los padres que interactúan más con sus hijos, que mantienen relaciones comprometidas, viven en promedio más tiempo, tienen menos problemas de salud mental o salud física, son menos propensos al abuso del alcohol, drogas, y son más productivos en el trabajo. Asimismo una paternidad participativa previene situaciones de violencia en el seno del hogar.
La corresponsabilidad en los cuidados también impacta positivamente en el bienestar, salud y empoderamiento de las mujeres, así como en el bienestar económico de la familia.
Transitar hacia un modelo más equitativo en la distribución de tareas y en el que hombres y mujeres compartan el cuidado integral, tanto del hogar como de los hijos e hijas, nos hace cada día una mejor sociedad.


