Cuando el dinero es “de la política”

“Ese dinero no me pertenecía, pertenecía a la política” nos dice que esa “portentosa frase” convierte a la política en “otra clase de ente orgánico, un Gran Molotch que devora personas, situaciones, argumentos, creencias, oratorias, leyes, escrúpulos”.¿Fenómeno típico de la...

“Ese dinero no me pertenecía, pertenecía a la política” nos dice que esa “portentosa frase” convierte a la política en “otra clase de ente orgánico, un Gran Molotch que devora personas, situaciones, argumentos, creencias, oratorias, leyes, escrúpulos”.¿Fenómeno típico de la modernidad? ¿De la gran ciudad? ¿Qué compleja trama encierran las palabras del tristemente célebre asesor de los Kirchner? Tal vez pueda venir en nuestra ayuda la obra “Filosofía del Dinero” escrita por quien aportó el primer análisis original de los fenómenos de la gran ciudad en habla alemana, el filósofo judío Georg Simmel, que había nacido en Berlín.Este gran inventor de miradas y de objetos sociológicos tiene un particular cuestionamiento a la sociedad de consumo: cuál es su relación con las mercancías, ejemplificada en el dinero; cómo es el nuevo tiempo de la moda; qué pulsiones poderosas se agrupan detrás de la búsqueda enfermiza del poder que el dinero otorga a quien lo posee, etc. Pero, ¿cómo es el nuevo sujeto de la sociedad de consumo? En sus ensayos paralelos a la redacción de la Filosofía del Dinero, Simmel considera que se trata de un sujeto dotado de una nueva cultura, afectado por la fragmentación de la vida en las ciudades, marcado por la técnica, mediado por las mercancías. Simmel se inspira en Marx, quien traza el análisis del sistema capitalista partiendo del paradigma de la producción y que, sin embargo, al analizar la esencia misma del fetichismo de la mercancía, inicia ya el fundamento crítico de la fase capitalista del consumo. De manera que el sujeto del consumo no es el individuo, sino el entramado de relaciones reales y simbólicas que éste mantiene y que Simmel llama inauguralmente “estilo de vida” y que López, por supuesto, entiende como “la política”.El objeto del consumo no es el bien que se compra, sino una red mayor de pautas culturales, de relatos y signos en la que los objetos se presentan y adquieren sentido. Para decirlo en el lenguaje de Simmel, el dinero no es más que un medio, un material o un ejemplo para la representación de las relaciones que existen entre las manifestaciones más externas, reales y contingentes y las potencias más ideales de la existencia, las corrientes más profundas de la vida del individuo y de la historia. El dinero es un medio, un material o un ejemplo para representar una dinámica más profunda. Cuando el filósofo judío alemán nos dice que “la significación final del dinero no reside en él mismo, sino en su transferencia a otros valores”, se sitúa al medio, entre la visión de Marx —la génesis del valor de cambio como equivalencia— y la visión culturalista de Weber. Va del reino de la necesidad al reino del deseo. Y en este tema tampoco está ausente el componente cuantitativo que induce sutiles propuestas cualitativas. Volviendo a Simmel:“También en el caso de la prostitución puede apreciarse el fenómeno de que, por encima de una cierta cantidad, el dinero pierde su falta de dignidad y su incapacidad para compensar valores individuales. El horror que la “buena” sociedad moderna profesa ante la prostituta es tanto más pronunciado cuanto más miserable e infeliz es ésta y se va dulcificando a medida que sube el precio de la venta, hasta llegar a recibir en sus salones a la actriz de la que todo el mundo sabe que es una mantenida de un millonario, aunque esta mujer puede ser más interesada, más falsa y más depravada en su interior que la prostituta callejera”. Para Horacio Gonzales, “…el dinero es un protagonista esencial de la actualidad; aparece más como categoría judicial y también como una proterva musa lasciva. Ya no como obvia intermediación económica. Los medios de comunicación lo presentan como un rezo obsceno de sentina, un elemento escatológico, en cualquiera de las acepciones de esta palabra. Asociado a fajos, bolsos, criptas y otros recipientes, es además un motivo privilegiado de encuadres fílmicos, tales como personas contando billetes de banco, bultos mostrando su vicioso contenido, sospechosas faltriqueras derramando dólares.”Pero no solo es López el único que “ quiere reabsorber “en la política” el dinero que estaba en su poder”, es evidente que podemos encontrar paralelismos en los casos nacionales vinculados al Fondo Indígena (Fondioc) y en otros de triste memoria en el Departamento como el caso de la Piscina Olímpica. Esta “monetarización” de los riesgos, costos y utilidades de la política, es visible en el discurso público de nuestra sociedad: el toma y daca, los canjes, el “maletín negro”, la ducha clandestina del Mallcu, etc. “Caro le costó a Lula Petrobras, caros cuestan López y Báez a Cristina.”, sostiene Gonzales y podríamos añadir que, caros también le salieron a Evo los Santos Ramírez y las Zapatas. Pero, acordamos con Horacio que, en cambio, para las corporaciones de todo tipo, ya en su propia idea corporativa yacen fusionadas legalidad e ilegalidad, una es la otra y viceversa. En esta óptica entendemos también mejor cómo impacta, por ejemplo, de un lado, el caso de los Panamá Papers, protagonizado sin consecuencias por “familias decentes” del ámbito nacional y, del otro, también los estragos familiares a los que arrastró el caso Fondioc, donde decenas de dirigentes de origen indígena y popular han sido sometidos a la cárcel y al escarnio.


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