El bloqueo campesino y la continuidad de la política por otros medios

Al parecer, el fracaso de la política, nos lleva hoy, otra vez, a la ocupación del territorio y al sitio de la ciudad por parte de los desposeídos del campo, a quienes, nuevamente, la casta señorial, intenta despojar de una porción del excedente económico que genera la explotación de...

Al parecer, el fracaso de la política, nos lleva hoy, otra vez, a la ocupación del territorio y al sitio de la ciudad por parte de los desposeídos del campo, a quienes, nuevamente, la casta señorial, intenta despojar de una porción del excedente económico que genera la explotación de recursos no renovables, para concentrarla en sus manos y administrarla en exclusividad.Pero el fracaso de la política debe verse también como el fracaso de las ideas y paradigmas que encarnan quienes hoy gestionan la cosa pública; tiene que ver con miopía y mezquindad; con su desprecio ancestral e inocultable por aquellos hombres y mujeres que, siendo sus pongos o sus “arrenderos” en el pasado reciente, de manera atrevida incursionaron en el campo de la política para reivindicar sus derechos históricos: los campesinos chapacos y, porque no decirlo, también tiene que ver con un desprecio cínico por la verdad.Este desprecio, el mismo que los ha llevado a desplegar primero la infame campaña de la “granjita feliz”, hoy imprime su sello a la campaña de desprestigio sobre el Prosol, como si solo hubiera sido una cueva de “corrupción y despilfarro”, pretendiendo convertir lo anecdótico en general y afirmando, en el mejor estilo del liberalismo reaganiano, que toda política de subsidios lleva inexorablemente al infierno.Tiene sentido, entonces, discutir las políticas de subsidio vigentes en los países más avanzados del planeta. Empecemos por EEUU, país al que reiteradamente visitaban (reportaban) el actual gobernador y sus allegados más cercanos: este país siempre se caracterizó por amplias políticas de subvención a los productores agrícolas. En los años finales de la década de los 90, el Gobierno estadounidense estableció un paquete de asistencia, como emergencia de la crisis asiática, proporcionando recursos cercanos a los tres mil millones de dólares en 1998. Cuatro años después, en 2002, se aprobó el llamado “Farm Bill” influenciado, entre otros, por la caída estrepitosa de los precios internacionales de los productos agrícolas. En ese contexto, la “Farm Security and Rural Investment Act of 2002” fue acompañada de una Resolución del Congreso que destinó un total de 73,5 miles de millones de dólares de fondos adicionales para la agricultura, en los siguientes 10 años. Además de los beneficios sobre comercialización y pagos contra cíclicos dirigidos a granos para alimentación animal y trigo, se tienen también pagos directos estilo Prosol, en el cual los agricultores pueden recibir, bajo estos programas, montos por un valor máximo de ¡75 mil dólares anuales por persona!En el viejo continente, la Política Agrícola Común (PAC) es una de las políticas más importantes y uno de los elementos esenciales del sistema institucional de la Unión Europea (UE).La PAC gestiona las subvenciones que se otorgan a los agricultores y ganaderos de la Unión Europea (UE) desde los 70, con el objetivo de desarrollar un sector vital destruido por la guerra. Esta política atraviesa distintas fases: en sus inicios, se rige por lo principios de unidad de mercado con libre circulación de productos agrarios, precios institucionales comunes, referencia comunitaria con establecimiento de medidas protectoras frente a la competencia extracomunitaria, solidaridad financiera, etc. En unas cuatro décadas, superan los requerimientos de soberanía alimentaria y empiezan a producir excedentes. La sobreproducción obliga a cambios en la PAC, de manera que, en 2003, se acuerda una reforma que incluía dos conceptos novedosos: la disociación y la condicionalidad. La disociación supone la ruptura de la relación entre ayudas y producción y permite/obliga a los agricultores a orientar la producción por las reglas del mercado. La reforma del 2003, cambió la forma en que la UE apoya al sector agrícola a partir de 2005, ya que establece un pago desvinculado de la producción, es decir, una ayuda que se abona al agricultor independientemente de que produzca o no y que se denomina régimen de pago único. Este pago está sujeto al cumplimiento de la condicionalidad: buenas prácticas agrícolas y medioambientales y requisitos legales y de gestión. Tan solo el 2014 los pagos a los productores y las subsidios representaron un valor cercano a los ¡58 mil millones de euros!Pero volvamos al país a discutir otro tipo de subsidios que, curiosamente, no son objeto de las abusivas críticas de los enemigos del Prosol: la agroindustria cruceña, por ejemplo, es beneficiaria directa de la subvención del diésel oíl, el mismo que ocupa un 60,8% del total de las importaciones de líquidos que realiza el país. El 2014, el Estado programó un gasto de 860 millones de dólares y el 2015, gracias al colapso de los precios del crudo, este monto bajó a 658 millones, con un gasto para el diésel ¡de 400 millones! Pero claro, ¡que los beneficiarios de estas millonarias subvenciones sean fundamentalmente sus hermanos de clase, obliga a bajar el tono de las críticas a aquellos que se consideran los dueños de la Tarija del subdesarrollo y la felicidad!Este racismo de patio trasero arrastra también a algunos sectores populares que se ponen del lado del patrón en contra de los rebeldes campesinos de poncho y ojotas. Las juntas vecinales deberían recordar que reciben una garrafa que vale 65 bolivianos en 25 bolivianos y que pagan la luz con tarifas subvencionadas por un precio del gas natural de 1,05 $us/MMBtu. Sí, el mismo gas por el que pagan cuatro veces más en Argentina o Brasil.La suerte está echada y se vienen días de lucha. Nuestra trinchera está en el campo popular, junto al pueblo trabajador.¡Viva la FSUCCT!


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