De Fidel a Milei: El viaje ideológico de los Paz
Rodrigo Paz Pereira ha tenido un largo recorrido en la política desde su más tierna infancia. Años de exilios y clandestinidades cuando su padre era una piedra angular de la izquierda marxista en Bolivia; el pragmatismo de los 90 y el tsunami del MAS marcaron su formación ideológica
Rodrigo Paz alcanzará este lunes el punto más alto de su vida política. Un clímax al que buscó desde niño y al que consagró toda su existencia y movimientos. Un punto álgido al que llega con una enorme mochila de aprendizajes y en el que aferrarse a una ideología no ha sido, ni mucho menos, su ancla.
Su abuelo Néstor Paz Galarza fue héroe de la Guerra del Chaco; su tío Néstor Paz Zamora murió en Teoponte abrazado a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional; su tío abuelo Víctor Paz Estenssoro, clave en la revolución del 52, fue cuatro veces presidente y el boliviano más universal del siglo XX, y otro tío abuelo, Óscar Zamora Medinaceli, Motete, otro de los legendarios comunistas maoístas que en los 70 buscaron hacer la revolución y después ocuparon numerosos puestos públicos y candidatearon a todo lo posible.
Todos ellos influyeron en Rodrigo, pero sobre todo, en su padre, Jaime Paz Zamora, vicepresidente de la UDP en el 82 y presidente entre el 89 y el 93 luego de quedar tercero. Inoculado con el virus de la política, entre sus referentes nacional-revolucionarios y marxistas se inclinó por los segundos. Hizo sus primeros pasos en el seminario católico y en el Partido Social Cristiano que en el 64, al calor del Concilio Vaticano II, se convirtió en el Partido Demócrata Cristiano que ya despojado de toda ideología, le ha servido de plataforma a su hijo Rodrigo.
Paz Zamora se fue a estudiar a Bélgica mientras las dictaduras de Ovando y Barrientos miraban con malos ojos a los izquierdistas. A su retorno, en 1971, fue uno de los fundadores del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) que años después sería el primero de los partidos de izquierda que reconocería los hechos del 52 como “revolución” y a partir de los cuales desarrollaría la teoría del Entronque Histórico entre los postulados nacionalistas y los marxistas para liberar la nación. Rodrigo Paz estaba ahí.
Los siete años de la dictadura de Hugo Bánzer fueron terribles para la familia. Siete años de persecución, exilios y clandestinidad. El MIR era uno de los grandes enemigos del gobierno totalitario y los Paz Pereira, con el plan Cóndor en marcha, no estaban seguros en ningún sitio. El hoy presidente recuerda los años de adolescencia escondido en casas y saltando de país en país. La tortura estaba a la orden del día y hasta la esposa de Néstor la sufrió hasta la muerte. La dictadura de Bánzer acabó el 21 de julio de 1978 cuando Rodrigo tenía 11 años, pero le siguieron nuevas juntas militares, más golpes, más elecciones frustradas en medio de un activismo heroico hoy olvidado que encarnaba aquel MIR. De aquella época seguramente aprendió que sobrevivir era lo más importante y que rendirse no estaba en la agenda.
Después de las frustradas elecciones de 1980, años de persecución y exilio, llegó a la vicepresidencia de la mano de Hernán Siles Zuazo dentro del conglomerado de la Unión Democrática Popular en 1982. El problema es que para entonces la unidad dentro del bloque se había destruido. Paz Zamora fue un vicepresidente incómodo que acabó renunciando en 1984.
Su carrera no acabó ahí. En 1989 alcanzaría la presidencia con el apoyo de ADN de Hugo Bánzer ante la estupefacción de Sánchez de Lozada, que erró en su cálculo de que el MIR y ADN nunca se apoyarían entre sí. Paz Zamora atravesó los “ríos de sangre” en un tiempo en el que el muro de Berlín se tambaleaba y las socialdemocracias se asentaban en los países centrales de Europa. Corrían tiempos de cambio, pero no tanto.
Con la economía liberalizada por el decreto 21060 de Paz Estensoro y los postulados de la Escuela de Chicago y el neoliberalismo bien instalado en la región, Paz Zamora dio cátedra de pragmatismo político. En 1993 fue el alumno aventajado de las tesis norteamericanas, Gonzalo Sánchez de Lozada, el que ganó la elección y Paz Zamora le guardó una sorpresa para el final: Ni más ni menos que Fidel Castro apareció en La Paz para la posesión.
Para entonces el muro había caído y Cuba cedía a una apertura luego de haberse hecho más visible durante los actos del V Centenario de la invasión española, pero no dejaba de representar al enemigo número 1 de Estados Unidos y algo así como la resistencia de la izquierda pura. A Paz Zamora no le salió gratis la broma: se retiraron pasaportes y explotaron los escándalos de los narcovínculos, y con seguridad le sirvió a Rodrigo Paz a reconocer nítidamente el poder y sus influjos.
El poder de Paz Pereira
Los 90 y los 2000 lo algodonaron todo y las ideologías se fueron difuminando ya sin referencia soviética. Aun así las tesis populistas nunca dejaron de incorporar elementos populares.
El elegido para seguir el camino de Jaime no era Rodrigo, sino su hermano Jaime Paz Pereira que también fue diputado, pero un movimiento arriesgado en la campaña a la Alcaldía de La Paz donde se quedó en cueros para contrarrestar aquellas críticas a los “culitos blancos” lo acabó por dejar fuera de juega.
Rodrigo siguió adelante dentro del MIR y su izquierda socialdemócrata. En el momento oportuno, decidió no apostar por el MAS. Otros exmiristas como Juan del Granado o Luis Revilla que conformaron conglomerados como el Movimiento Sin Miedo si apostaron por la alianza formal aun con reservas. Hoy Rodrigo no sería presidente.
Tras navegar en la legislatura fallida de Sánchez de Lozada incluyendo su incorporación a la bancada apócrifa en la que algo algo se podía apoyar Carlos Mesa, revalidó cargo de diputado ya en el entramado de Jorge Quiroga y su Podemos con el que candidateó en 2005, que para entonces era esencialmente una suerte de salvavidas ante el avance del MAS. La ideología, literalmente, no era parte de la discusión y nadie se definía.
En 2009 se vino a Tarija. El alcalde desde 1999 Óscar Montes le ofreció un puesto como presidente del Concejo Municipal dentro de su bancada UNIR, que era otra escisión del MIR, socialdemócrata pragmático que ganaba las elecciones sumando votos en los barrios populares. En 2015 Montes lo eligió sucesor; rompieron seis meses después y creó su partido naranja: Primero la Gente de alcance departamental. No buscó la reelección y se sumó a Carlos Mesa y su propuesta de Comunidad Ciudadana, que para unos era derecha, para los otros: socialdemocracia, y Carlos Mesa defendía aquello de que las ideologías no eran importantes, sino resolver los problemas de los ciudadanos.
En 2025 se presentó como “candidato de centro”, desafiando al MAS y sobre todo, a la unidad de la oposición con base en la derecha. “Capitalismo para todos”, “no soy enemigo de los ricos pero soy más amigo de los pobres” – citando a Villarroel - y todo el bagaje cultural y político ganado desde la experiencia durante décadas lo convirtió en presidente.
Su primer viaje oficial fue a Estados Unidos, el país al que años atrás le vetó la entrada a su padre. Se reunió con el BID, con el FMI y con el secretario de Estado Marco Rubio, pero la promesa de “platita fresca” llegó de la Corporación Andina de Fomento (CAF), el banco de inversión supranacional donde no participa Estados Unidos.
Hoy jurará el cargo ante altos representantes de Estados Unidos y delegaciones de todo el continente: estará Gabriel Boric, estará Santiago Peña y estará Javier Milei, de quienes ha copiado algunas propuestas – como las bandas cambiarias o la reducción de impuestos – para estabilizar la economía y enfrentar su nuevo desafío.
El viaje ha sido largo hasta aquí. Y lo que queda.





