¿Quién de verdad quiere Evo que gane la segunda vuelta?
Morales quería ser el líder de la oposición y lo logró, ahora queda por saber a quién prefiere de presidente para llevar a cabo su plan... y por qué
La inmensa mayoría del conglomerado sindical, popular, asociativo y gremial que algún día se identificó con el Movimiento Al Socialismo (MAS) y votó por Evo Morales fervorosamente ha entrado en una suerte de reflexión cansina – nadie tiene muchas ganas – después de la catarsis del 17 de agosto. Algunos consideran que hay que esperar a ver cómo termina la historia de la segunda vuelta, y hay uno en particular que anda feliz y despreocupado: justamente Evo Morales.
Morales está convencido de que las ánforas le han dado la razón. Lo cuenta la prensa amiga desde el otro lado del océano y su cinturón de fuego, que si hace falta suma voto nulo; nulo -nulo; blanco y el del PDC para reafirmarlo. En el Chapare son felices con las teorías conspirativas que hablan de un traspaso de voto intencional del evismo al capi Lara y de las leyendas que hablan de peregrinaciones de Jaime Paz a Lauca Eñe o de la influencia de la señora Pereira en el Grupo de Puebla a través de Rodríguez Zapatero.
Morales tiene motivos, pues sus apuestas le han salido relativamente bien más allá de que los objetivos han ido cambiando en la coyuntura. Muy al principio de la crisis económica decidió romper con el gobierno para tratar de salvar el proceso de la hecatombe que se venía según explicó en sus propias palabras, aunque otros achacan esta ruptura a asuntos mucho más pragmáticos y “sonantes”. Arce acabó marcando records internacionales de desaprobación de gestión y hubo momentos en los que más del 90% de la población consideraba que el país estaba en “muy mal camino”.
Destruido ese rival apareció el problema normativo: el TCP estaba decidido a cerrarle el camino a él y a su grupo, y si bien la interpretación del asunto de la reelección indefinida fue estrambótico, más lo fue la forma en la que la sigla del MAS acabó en manos de Grover García, Julia Ramos y los simpatizantes de Luis Arce tras convocar un cabildo en El Alto.
Evo insistía en que no había plan B, pero todo el mundo asumía que el plan B era Andrónico Rodríguez, presidente del Senado y criado bajo su ala. Incluso los amagues de división y emancipación de Rodríguez parecían nomás parte de la estrategia.
Algunos analistas creen que la balacera en el corazón del Trópico en aquel operativo fallido con la firma de Eduardo del Castillo, que soñaba con poner a Evo de compañero de celda de Camacho marcó el punto de inflexión: o yo o nadie.
Morales acumulaba negativos en las encuestas, que evidentemente mostraban un núcleo durísimo pero insuficiente para ganar. Andrónico consiguió sigla – aunque estuvo afuera una semana por intermediación del TCP – pero a Evo se le cerraron todos los caminos y nunca aceptó ser el segundo de Johnny Fernández. Era el momento de activar el plan B, pero nunca lo hizo.
El primer llamado fue a boicotear las elecciones, pero no había que ser un lince para saber que aquello no funcionaría. El segundo fue pedir el voto nulo. La campaña consistió en arremeter con todas sus fuerzas contra Andrónico Rodríguez (Del Castillo ya estaba desahuciado) hasta el mismo día de la votación, cuando le llovieron piedras.
¿Qué resultados?
Más o menos hay un consenso en reconocerle a Evo Morales un millón de votos del conjunto del nulo (que sumó 1,3 millones), mientras que Andrónico sumó 456 mil y Eduardo del Castillo 170 mil, por lo que en la pelea por liderar el espacio histórico ganó con holgada diferencia.
La cuestión se complica cuando se reconoce que el voto obtenido por el binomio del PDC Rodrigo Paz y Edman Lara, 1.7 millones de votos, pertenece fundamentalmente al histórico ecosistema MAS y ha sido extraído de zonas populares y populosas. 1,7 millones de votos que no quisieron votar nulo pero que buscaron un representante alternativo que, quien sabe, pudo haber sido Andrónico Rodríguez de haber hecho una campaña más decente, en primer lugar, y no haber padecido el ataque sistemático de Morales. Una tercera vía de análisis que no hay que descuidar es que ese 1,7 millones de votos populares han huido también de una caracterización de izquierda del MAS, que nunca fue central en la definición del conglomerado, pero que ha obtenido una nueva visibilidad por los contenidos de las redes.
¿A quién elige Evo?
Morales no ha acabado de definir su decisión de cara a la segunda vuelta, aunque haya manifestado su simpatía por Lara mientras se auto atribuía sus votos: “son nuestros” dijo y listo. El mismo día que Lara pidió “explicar quién es Tuto y que ha hecho” Morales colgó un video de diez minutos híper producido al respecto… y esas cosas que pasan.
Si Evo quería nombrar sucesor, hubiera nombrado a Andrónico. O a Loza. Y no se hubiera aventurado en estas batallas. Sin embargo, su objetivo ha sido convertirse en líder de la oposición aunque sea de forma extraparlamentaria para liderar la recomposición del MAS por un lado y la insurrección popular por el otro. Cinco años son muy largos para todos.
La segunda vuelta, en la mirada de Evo Morales, le ofrece dos oportunidades: Un gobierno de la derecha tradicional radicalizada en la figura de Tuto Quiroga que no va a tener otra opción que apostar por la represión para deshacer y volver a hacer; o un gobierno centrista y popular que de alguna forma plantea mantener las bases protagónicas del modelo popular – acuerdos sectoriales, beneficios, etc., - aun cuando asuma que hay que tomar algunas medidas duras.
Lo normal sería que Morales deseara una victoria de Tuto para recomponer su base desde la acción directa con un contraste nítido. Curiosamente, apoyar directa o indirectamente a Paz – Lara puede tener precisamente ese efecto, al actuar como disuasorio de un voto blando que, en cualquier caso, no quiere a Evo Morales ni en pintura.
Otros piensan que sí va a dirigir voto a Paz – Lara porque entiende que conformarán un gobierno mucho más débil y por ende, más fácil de tumbar.
Otros, sin embargo, piensan que Rodrigo Paz y Edman Lara son masistas. Muy masistas. Y totalmente evistas.





