Oliva se atreve
Ha podido ser la casualidad que el segundo derrotado al hilo en la segunda vuelta de las autonómicas departamentales en Tarija haya ido a recalar también en el viceministerio de Autonomías, pero puede tener también que ver que lo de la toma de decisiones autónoma se entiende mejor a este lado del país.
Adrián Oliva Alcázar está acostumbrado a las situaciones difíciles. Hace dos años preparaba una campaña para volver a la Gobernación de Tarija, que ganó en 2015 cuando las regalías caían en picado, y no pudo revalidar en 2020 como la inmensa mayoría de las autoridades que administraron pandemia. Con el terreno abonado pasaron cosas: Rodrigo Paz ganó contra todo pronóstico las elecciones presidenciales y quiso reivindicarse en Tarija para las subnacionales. Como ficha propia no tenía, identificó a Adrián, que se lo pensó y le pareció que aquello del gobierno amigo – que no era lo que tenía pensado – podía funcionar.
Oliva dio el si quiero pero no esperaba que a los tres días subiera la gasolina un 80&; que a los diez el gobierno volviera a forzar la entrada en Tariquía, ni que tardara cuatro meses en contener los efectos de la desastrosa gasolina que estaba entrando al país. Obviamente no ganó. Tampoco se corrió. Defendió sus decisiones y a Rodrigo en todo momento.
En la coyuntura actual, un premio grande hubiera sido la representación diplomática ante la OEA o la embajada en Roma; una compensación mediana podía haber sido el ministerio de Obras Públicas, pero desde luego, el viceministerio de Autonomías, como bien sabe Álvaro Ruíz, es un martirio: esencialmente se dedicaba a intermediar pleitos por límites y territorios – reuniones infinitas -, pero a eso se le ha sumado ahora el ser la punta de lanza del 50-50 para negociar con los involucrados, siendo consciente de que la última decisión en cada caso la tomará el Ministerio de Economía. O Presidencia en persona.
Obviamente, Oliva está por demás calificado para el cargo: conoce la teoría de la gestión autonómica, pero, sobre todo, la tortuosa práctica que supone para un país que se definió constitucionalmente autónomo por encima de un gobierno que nunca lo quiso. En Tarija ganamos que el gestor de los acuerdos sabe que las regalías no se tocan y que nos consideramos agraviados con el reparto actual por muchas regalías que se diga que se sobraron.
El 50-50 es de las pocas promesas de campaña a las que Rodrigo Paz Pereira se ha seguido refiriendo durante la gestión, pero no deja de generar dudas. Nadie entiende cual es el objetivo ni visualiza cómo se va a materializar todo aquello. A Oliva le pueden faltar cosas para ser un líder carismático, pero ponerse al frente de tamaña cuestión requiere de mucha capacidad y vocación de servicio.
Fue viceministro de Régimen Interior cuando el gobierno de Carlos Mesa era asediado por las protestas; asumió la Gobernación de Tarija con una deuda impagable; buscó la reelección imposible y un retorno complejo con un socio incómodo. Ahora el 50-50. A Oliva los desafíos difíciles, le van.





