Lara en rehabilitación
El vicepresidente pudo tratar de entablar lazos con el mundo popular para garantizar la gobernabilidad tras la victoria, pero fue apartado del gobierno bruscamente
Edmand Lara se hizo viral forcejeando en una celda policial donde había acabado por denunciar a sus compañeros. Luego el Búnker de Virginio Lema lo empezó a medir como candidato. Alguien vio las métricas y dijo: que se sume, y cuando Sebastián Careaga, el millonario minero potosino decidió “asegurar” su inversión como senador de Samuel Doria Medina en vez de como vicepresidente de Paz Pereira, Lara apareció como un vicepresidenciable delicioso.
El capitán era el terror de TikTok: blancón de ojos claros hablando la jerga de comerciante; típico boliviano nacido y crecido en cualquier barrio de cualquier lugar con parientes por todo el país. Explicaba cosas a sus pares. Y quería ser presidente. Catalina, el profe de Catalina, quizá Óscar Eid y alguno más hizo las sumas y dijo: esto da.
Bibi Urquidi estuvo una noche en su cocina comedor de Santa Cruz con mueble de melamina y vaso vidrio ámbar oscuro con cenefa. Cuando se disparaba en campaña, Paz Pereira iba a calmar las aguas. Lara, capi, era un diamante en bruto, como el primer Mbappé, pura potencia sin control. Malo para las sumas. Bueno para el bailongo y las calles.
Ganaron. Wow. Y qué victoria. Paz Pereira festejó en La Paz, Lara se fue a El Alto y adoptó ese tono mesiánico que le ha acompañado desde entonces. Lara había arrastrado a su redil a buena parte del voto popular agotado del Evo, aburrido del Arce y decepcionado del Andrónico. Ganaron.
En el primer análisis a vuela pluma se anotaba que Paz Pereira tenía que dedicarse a la diplomacia gubernamental de alto vuelo y Lara a la política de detalle, es decir, a acabar de llevar a las “hordas masistas” hacia un nuevo espacio de poder. ¿Cómo? Obvio, con prebendas. Se suponía incluso entonces que Rodrigo no arriesgaría su frágil legitimidad política en unas elecciones autonómicas en las que no se le había perdido nada, y que sería Lara el que impulsara una especie de alternativa para tener al menos a un delegado de confianza en cada gran urbe para negociar.
Sin embargo, la primera conferencia juntos se atrasó y tuvo caras largas. El tema fue a peor en los 20 días entre la victoria y la posesión, y una vez nombrado el gabinete, Lara advirtió que le querían quitar la única pega que le habían dado: el Ministerio de Justicia. ¡Y se la quitaron!
La primera medida fue eliminar el impuesto a las Grandes Fortunas, luego subió la gasolina con el DS 5503 que tuvo que bajar 30 días después, aunque se mantuvo el alza para un producto cuya calidad acabó arruinando miles de vehículos en todo el país. Le siguieron más y más medidas contradictorias como la libre importación de soya o la 1720 que “beneficiaba” a los pequeños productores, pero se firmó ante los gigantes. Se contrataron deudas con multilaterales. Se atrapó a Marset. Se perdieron treintaytantas maletas cargadas de dólares.
Mientras tanto Lara se fue convirtiendo en un meme ahogado en una suerte de delirio de poder, o quien sabe qué. Hubo quien encargó incluso diagnósticos de salud mental a partir de momentos televisivos que Lara no dejaba de dar. Pepe Pomacusi, por ejemplo, lo convidó a vestir de Policía en la posesión pese a haber sido expulsado ¡y lo hizo! Le quitaron su ministerio. Sus amigos, como Vidovic, acabaron huyendo. Le quitaron personal, programas, todo.
Por supuesto también le fue mal en las autonómicas, pero nunca tan mal como a Rodrigo, obviamente. Al otro día de esas elecciones la cosa se empezó a descontrolar.
Cerimedo y su nuevo vocero dicen que los movilizados son narcotraficantes y serviles de Evo, pero en realidad es la Central Obrera - que ayudó con el 5503 -, las 20 provincias y la Tupac, además de algunas Juntas Vecinales de El Alto, que son aymaras y no quechuas. De Choquehuanca y no de Evo, si se prefiere.
El asesor no tiene por qué saberlo (¿seguro?), pero si lo podría saber Rodrigo, como lo sabe Lara, que, en un giro inesperado, seguramente tras un cambio de asesores, se ofreció a mediar en el conflicto con una carta que dice lo que todos saben: ellos nos votaron y vos, Rodrigo, los has traicionado.
Lara ha entrado en rehabilitación, pero obviamente, no todos lo logran.








