Endeudarse para crecer: el modelo boliviano puesto a prueba
La deuda externa, que se ha multiplicado en los últimos años, es la fuente que sustituye los decaídos ingresos de las exportaciones, para seguir manteniendo niveles elevados de gasto público (tanto corriente como de inversión) que a su vez son los impulsores principales del crecimiento...



La deuda externa, que se ha multiplicado en los últimos años, es la fuente que sustituye los decaídos ingresos de las exportaciones, para seguir manteniendo niveles elevados de gasto público (tanto corriente como de inversión) que a su vez son los impulsores principales del crecimiento económico bajo el actual modelo.
Efectivamente, el gasto público dio un primer salto desde 2006, cuando se situaba en Bs. 31.728 millones, hasta los Bs. 59.257 del año 2010. Desde entonces ha crecido aún más, llegando a Bs. 124.947 en 2014.
Cuando parecía que el gasto público se estabilizaría en alrededor de Bs. 121 mil millones -el promedio de los presupuestos (PGE) consolidados entre 2006 y 2017 fue de Bs. 121.287 millones-, los años 2018 y 2019 se volvió a incrementar sensiblemente.
El PGE de 2019 alcanza los Bs. 214.724 millones (30.851 millones de dólares), cifra mayor en 0,03% respecto al 2018, que también superó los Bs. 214.500 millones.
Tal como señala la Fundación Jubileo, “al principio de la bonanza, el crecimiento de los gastos estuvo acompañado por un incremento de los ingresos, resultado de los altos precios internacionales de los hidrocarburos; pero, en adelante, los gastos crecieron más que los ingresos, e incluso a pesar de la caída de ingresos”. Esta última situación es evidente a partir de 2014.
Deuda se triplica en menos de una década
Según datos del Banco Central de Bolivia (BCB), la deuda externa a principios de esta década no llegaba a 4 mil millones de dólares: el año 2010 ésta se situaba en 3.235 millones de dólares y en 2011 subió a 3.837 millones.
En menos de diez años, al 31 de marzo de 2019 (dato publicado el 26 de abril), la deuda externa alcanzó a 10.166,2 millones de dólares, más del triple de lo que se tenía al iniciar la década. Pese a esto, el BCB remarca que la deuda externa representa el 23,2% del PIB, “muy por debajo del límite internacional de 50% definido por la CAN”, por lo que hay margen de mayor endeudamiento.
Vale aclarar que la deuda actual no contempla todavía la emisión de otros mil millones de dólares en bonos soberanos, programados para este año, aunque aún no se sabe si efectivamente se lograrán colocar, ni cuándo.
Sea como fuere, el PGE 2019 especifica que el 27,2% del presupuesto consolidado proviene de ingresos de operación de las empresas públicas, el 24,9% proviene de los impuestos pagados por la ciudadanía y empresas nacionales, el 33,8% de fuentes financieras (deuda), el 12,6% del resto de ingresos corrientes, y 1,5% de ingresos de capital.
Con ello, queda en evidencia la creciente importancia de la deuda como financiadora del gasto público y del crecimiento del PIB. Y sus montos pueden crecer este año si se contratan más créditos de países “amigos” (China, o más recientemente, la India), siempre con la finalidad de “garantizar el crecimiento y sostenibilidad económica del país”, según el propio documento oficial del PGE.
Déficit fiscal y comercial
Como resultado de que el gasto sea mayor al ingreso público, se ha retornado a la situación de déficits fiscales. Según analistas de Jubileo, la situación tiene “tendencia a profundizarse”. Los datos oficiales de los sucesivos presupuestos generales del Estado dan cuenta que el déficit fiscal llegó a 7,8% del PIB en 2017, a 8,3% en 2018, y según el PGE 2019, llegará al 7,8% del PIB este año.
El déficit fiscal está siendo causado, en gran parte, por el déficit comercial producto de la drástica caída del valor de las exportaciones bolivianas, a su vez fruto del bajón de los precios del gas exportado a Argentina y Brasil desde 2014.
Mientras tanto, los datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) muestran que las importaciones no se han reducido: su nivel más bajo fue en 2011, con un valor de 994 millones de dólares, y sus más altos en 2014 y la proyección para este 2019, con 1.672 y 1.688 millones de dólares respectivamente. El comportamiento desde 2016 es de ascenso.
¿Culpa del tipo
de cambio?
Algunos analistas consideran que se debería devaluar la moneda para “hacer más competitiva” la producción boliviana. Entre estos está el expresidente del BCB, Juan Antonio Morales y la Fundación Jubileo.
Otros consideran que esa medida no tendría ningún impacto y que podría ser más bien contraproducente. Entre estos últimos se encuentran economistas como Alberto Bonadona o Jaime Dunn.
Para Bonadona, no se debe devaluar porque “casi la totalidad de los precios de los productos que Bolivia coloca en el mercado internacional se determinan precisamente de manera internacional. Bolivia produce una fracción de cada uno de ellos, sin tener la capacidad de influir en el precio final que pagan”.
O sea que las exportaciones bolivianas no pueden hacerse más competitivas devaluando la moneda nacional, pues los precios de esas exportaciones se determinan por el mercado internacional, y no solo las materias primas, sino también los productos “no tradicionales”, como la torta de soya, la castaña, la quinua y los productos manufacturados de joyería.
Por su parte, Dunn observa que si devaluar fuera solución para disminuir los déficits gemelos (fiscal y comercial), Venezuela y la Argentina no estarían hundidas en crecientes e inmanejables déficits.
En todo caso, la devaluación podría ayudar reducir parcialmente la compra de sólo ciertos productos importados y de contrabando. Sin embargo, para los expertos, la solución a esto pasa más por mejorar la producción y la productividad en Bolivia, para lo cual se necesita otro tipo de políticas.