Se ama lo que no se tiene
En el fútbol, como en el amor, casi nunca se gana. Dato mata relato: Brasil lo intentó 22 veces y apenas conquistó cinco títulos; Argentina levantó la copa en tres ocasiones, y eso después de pelear hasta el último aliento. Uruguay suma dos coronas, tan lejanas que ya son fotografías en sepia
El fútbol es como el amor. Nos esforzamos tanto por conquistar a la pareja perfecta que, la mayor parte de las veces, lanzamos la pelota al travesaño y fallamos por centímetros. En mi caso, hice barra para que Neymar o Messi levantaran la corona, pero la prenda dorada terminó en manos de Su Majestad.
En el fútbol, como en el amor, casi nunca se gana. Dato mata relato: Brasil lo intentó 22 veces y apenas conquistó cinco títulos; Argentina levantó la copa en tres ocasiones, y eso después de pelear hasta el último aliento. Uruguay suma dos coronas, tan lejanas que ya son fotografías en sepia.
Y nosotros miramos desde la vereda del frente. Disfrutamos y sufrimos con la historia del vecino. Nos emocionamos a más no poder porque los sudamericanos somos así: amamos sin medida, nos apasionamos desde el pecho hasta el mar.
Este Mundial, esta aventura amorosa, sí que fue sufrida y, precisamente por eso, tan placentera. Sufrí con Argentina frente a Cabo Verde. ¿Cómo era posible que no pudiera derrotar, en los noventa minutos, al equipo de los pingüinos verdes? Pero también celebré al comprobar que, incluso en una cancha de fútbol, el corazón puede más que la razón. Aunque, claro, no siempre ocurra lo mismo en el amor.
Y este viaje fue todavía más especial porque estas cartas futboleras las jugué bien acompañado. Colegas periodistas, amigos de antes y de ahora, con quienes volvimos a encontrarnos alrededor de la pelota. Reímos con palabras y también sufrimos en prosa.
Queda, a la vuelta de la esquina del tiempo, un nuevo junte para seguir hablando de ese amor que nos seduce tanto y que, sin embargo, resulta tan difícil conquistar. Tal vez esa sea la razón por la que nunca dejamos de perseguirlo.





