Crónica política de la semana
“O yo o el caos”: crónica de una semana “personal” y “constituyente”
El escándalo sigue latente y la sensación de que el “asesor principal” tiene mucha munición para atacar al gobierno crece; mientras tanto, los partidos le ofrecen a Paz volver a ganar legitimidad en las ánforas
A la tercera semana de escándalo, el gobierno ha dado por finalizada la fase de control de daños y ha abierto la de superación del trauma. Una estrategia que parece diseñada al milímetro pero que cuenta con un riesgo de manual: la credibilidad de los voceros, empezando por el presidente, ha quedado tocada y sigue siendo golpeada a diario. El tono tampoco ayuda.
Tiene más debilidades, por ejemplo, que el punto desencadenante de la crisis no es un audio, no es una firma, no es un contrato, es un intento de feminicidio. El líder de la bancada de Libre y perdedor de la segunda vuelta, Tuto Quiroga, fue taxativo en la semana: Nadia Beller fue baleada y eso es un hecho que hay que esclarecer. Además, desahució teorías conspirativas como que alguien se deje meter dos tiros en el cuerpo por un desconocido – quién sabe de su puntería – para quién sabe qué.
La mayor es que nadie sabe qué más han podido grabar el “asesor principal” y su pareja, ambos dedicados en cuerpo y alma al negocio del poder y conscientes de sus rendijas, o si las filtraciones vienen de Policía o Fiscalía que hubieran podido tener alguna investigación abierta. Parece difícil. De momento los audios filtrados no contienen delitos, pero sí describen el poder y la proximidad de Fernando Cerimedo en todo esto, un extremo negado por Paz Pereira.
El gobierno se ha limitado a conceder que Cerimedo trabajó en campaña y un poco al principio. El ministro de la Presidencia y excanciller, Fernando Aramayo, que aseguró apenas conocerlo incluso luego de que se filtraran fotografías de cenas y brindis con Cerimedo y su íntimo Andy Rivas, se hizo el harakiri en Bolivisión repitiendo el manual de la campaña y preguntándose “¿quién lo trajo?” pese al reguero de fotografías oficiales que lo sitúan en las más altas cumbres.
Ayer Paz Pereira ya matizó que lo utilizó para “poner a Bolivia en el mundo” y le atribuyó incluso el poder de lograr sentarse a la mesa con los presidentes de América a pesar de ser un par. El tono empleado fue el mismo que Aramayo. Aleccionador y defensivo, que se puede confundir con agresivo.
La salida
El control de daños puede hacer aguas a poco que sigan apareciendo audios más comprometedores – en reuniones o con temáticas más específicas -, pero en cualquier, el paso está dado: O yo o el caos.
El caos es un monstruo de cuatro cabezas: Una es Edmand Lara, otra es Evo Morales, otra es el dólar y la otra, la fila de los surtidores, aunque estas se confundan.
De atrás a delante, lo de la gasolina y el diésel está de buen tamaño, como lo del incremento del precio del dólar, pero a la vez lo está haciendo y alguien en la Dirección Estratégica del Estado cree que eso puede ser un valor incluso a largo plazo. En general se ha instalado en la conciencia ciudadana que la subvención ya no va y que el cambio fijo tampoco, pero nadie se iba a atrever a hacerlo. Sin embargo, ahí está Rodrigo Paz con su popularidad por los suelos interviniendo su propia YPFB y llamando al FMI para tener respaldo en sus repartos de culpas.
Cualquiera de los eternos aspirantes – Samuel Doria Medina ya tuitea y Tuto ha abierto la mano – se siente poco más que agradecido de que alguien esté asumiendo ese costo, pero articular el impacto para que la gente siga apostando al “cambio” y no volver al “tiempo feliz” del dólar a 7 y la gasolina a medio que te permitía construir, viajar y adquirir hay un largo camino.
A esto se suma el miedo a una posible sucesión de Edmand Lara, en proceso de rehabilitación, pero aun golpeado en su imagen, y a un posible retorno de Evo Morales que ninguna encuesta respalda pero que sirve para los fines indicados.
El referéndum
La capacidad de resiliencia de Rodrigo Paz es incluso admirable. Han caído una decena de ministros en diez meses, gobierna con un Estado de Excepción, su familia está bajo la mira y la gente paga el doble por la gasolina y se alista a la mera supervivencia, pero el gobierno enumera cosas que no pasaron entre sus logros, como “no tener un dólar a 30”, y cuenta una promesa de 3.000 millones de bolivianos como proyectos en ejecución.
La situación democrática es sin embargo delicada y las bancadas se han puesto firmes: o vuelve a lograr cierta legitimidad en las ánforas o difícilmente se podrá sostener entre las sombras. La reforma parcial de la Constitución, que inicialmente nadie quería abordar y que suena a timo – desconstitucionalizar artículos constitucionales para regularlos por ley – aboca a un referéndum que, sí o sí, se convertirá en un plebiscito sobre la gestión. Lo de menos será el fondo o los artículos a eliminar. Lo concreto será respaldo o censura. Ahí se agitarán los miedos.
Y ojo con los árbitros.








