Cartografía Mundialista
Leer el Mundial
Y llegamos hasta este domingo, con Mbappé y Lamine ascendiendo, todos llorando y un show nuevo (el fútbol había cambiado tan poco) donde el absurdo, los Muppets y otros famosos llenaron de colorido la final, recordándonos que de lo que se trata es vivir esta fiesta cada cuatro años
Ha sido, de lejos, la experiencia de Mundial más grata de mi historia personal.
Pensaba, después de haber vivido y luego leído la extraordinaria novela gráfica: “Quiero ser campeón mundial” de Luciano Saracino -y un gran conjunto de historietistas argentos-, que no encontraría relatos así de épicos nunca más.
Sin embargo, Chus Cantín se lanzó con fervor a cambiar nuestra tragicomedia nacional por energía positiva, y convocó a un equipo extraordinario, para relatar (casi) todos los partidos de este encuentro futbolero. Así nació nuestra Cartografía Mundialista.
Alfonso Cortez, Antonio Gaspar, Erick Ortega, Jesús Cantín, Karina Vargas, Marcelo Suárez, Pablo Carbone, Rafael Sagárnaga y su servidora vivieron, durante un mes, para escribir (y leer) sobre fútbol.
No hay cómo escoger entre tanta correspondencia, pero me quedo con frases sueltas, observaciones agudas e información que desconocía, en este aprendizaje mutuo que se vivió partido a partido, hasta llegar a los finales de infarto del fin de semana pasado.
Para empezar, eso que pasa al inicio, las ganas anticipadas de recordar países, equipos y emociones previas, como dice Karina:
“En medio de las tareas pendientes, la jornada empezó con un playlist de las canciones de los mundiales, donde la reina indiscutible es Shakira, y con el ejercicio mental de recordar la lista de campeones desde 1930. Siempre me cuesta Alemania en 1954. Y también los pronósticos sobre quiénes llegarán a la final y quién será el campeón; siempre están los propios y, a lo largo de los años, han llegado los de un famoso pulpo, los del matemático que ya acertó tres campeones al hilo y ya hizo su apuesta para este año, y la IA, el nuevo oráculo al que todos consultan”. Lo que pasa entre los mundiales.
Luego, la progresión de 104 partidos, con espantosas pausas de hidratación, minucias definidas con el antipático VAR, pelotas demasiado sofisticadas y cosas que, menos mal, nunca cambian: escuchar el partido y los gritos de emoción en la lejanía, celebrar goles de pequeños Davides que fueron sacando a equipos Goliat gracias a su empuje (Marruecos, Japón), saber que cada vez hay más países a los que admirar (Vozinha y Cabo Verde) y sí, anotar golazos impresionantes, mientras la barra rema para Haaland o besa la camiseta y llora, para siempre, con Messi.
Como dice Alfonso Cortez:
“A veces, el fútbol se parece a esos cuentos en los que el alumno le responde al profesor, el aprendiz corrige al maestro o el chico del barrio le saca un empate al campeón del torneo. No ocurre seguido. Por eso, cuando pasa, medio planeta sonríe y la otra mitad busca explicaciones tácticas”. La isla que empató con el imperio.
Constatamos, además, que ahora las barras niponas bailan al ritmo de la cumbia, que los escoceses pueden dejar seca de toda bebida a una ciudad del tamaño de Boston y que, como dice Marcelo Suárez: “Hace años que los mundiales dejaron de ser un torneo entre naciones monolíticas para convertirse en el reflejo más fiel de un planeta interconectado. La idea romántica de once futbolistas nacidos, criados y formados bajo una misma e inalterable identidad cultural hoy es un mito nostálgico que choca con la realidad de las actuales selecciones”. El mito de la bandera única y el Mundial plurinacional.
Y, como se me acaba la página, no podré hablar del sufrimiento de Zidane viendo a su hijo bloquear penales, ni la emoción de los empates, ni los ríos de tinta que significaron que Argentina llegara a la final, por encima de tanta funa y envidia al ex campeón. Lo dice Pablo Carbone:
“Messi no solo ha sido elegancia, coherencia, magia, baile, la demolición de fronteras estadísticas, la acumulación de hazañas, la leyenda de lo extraordinario; sino la personificación de un tipo que se ha divertido jugando al fútbol...y nada más. Lo otro busca grietas, sombras, fantasmas inverosímiles, la mancha en el marco, la comparación inexacta, la resistencia ante el encanto ajeno.” La obstinación de la belleza.
Sudamérica fue retrocediendo, nos despedimos con la última promesa de Ecuador, con un mbareté Paraguay, nos pusimos todas las camisetas porque lloramos al casi clasificar (estuvimos a un partido) y cerramos con miles de cábalas, intentando repetir en el tiempo aquello que quisimos pudiese seguir igual o mejor, pero que fue lo que fue.
Para el anterior Mundial, estaba con mi familia buscando huellas de dinosaurio en Toro Toro. Encontramos, -en la única pizzería del pueblo-, una televisión para ver, con el corazón suspendido, esa final en la que Argentina la peleaba hasta llegar a penales.
Por cábala, me salí, no podía ver y sí sufrir, preferí esperar el desenlace mirando huellas petrificadas en la ribera de ese rinconcito extraordinario.
Jesús Cantín nos dejó con esa sensación de que los mundiales pasan mientras la vida descarga sus golpes y te recuerda que estás vivo: “Una UCI pediátrica es por lo general un espacio con emociones a flor de piel, contenidas. Las fuerzas de unos y otros se generan en la propia interacción de unos y otros. Pensamientos positivos. Verbos de apoyo. Miradas. Caricias. Un dibujito. Un juguetito. Un peinado loco que nos haga sonreír. Hay cosas de las que no se puede hablar. Como antes de una final. La posibilidad de perder. Cosas que se escapan de la razón, de la voluntad, cosas que solo queda aceptar”. Messi y la otra final.
Y llegamos hasta este domingo, con Mbappé y Lamine ascendiendo, todos llorando y un show nuevo (el fútbol había cambiado tan poco) donde el absurdo, los Muppets y otros famosos llenaron de colorido la final, recordándonos que de lo que se trata es vivir esta fiesta cada cuatro años.
¿Qué haremos mientras tanto, dios mío?
Cochabamba, 20 de julio del 2026.
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
De momento se han sumado Karina Vargas, Mariana Ruíz, Marcelo Suárez y Pablo Carbone ¿Quieres sumarte? Escríbenos a [email protected]





