Cartografía Mundialista
El vejete de Rosario
Es verdad que la Argentina y el drama van de la mano, y que una arrancada tan solvente no les exime de llegar con la lengua fuera al partido con Jordania – tremendo grupo random el de los vecinos – o protagonizar cualquier otra tragedia más adelant
Queridos,
Venía a escribir algo de Messi pero wow.
Primero hay que tomar aire.
Más aire.
Llevamos más de 20 años viéndole hacer cosas increíbles y wow, otra vez.
Para calentar podemos hablar del rombo del miedo que conforma el ataque de la Francé: Mbappé, Olisé, Dembelé, Doué. Este último no había nacido cuando Messi debutó en el Barça rematando aquel balón servido por Ronaldinho. Es verdad que los galos ganaron sin despeinarse demasiado contra la campeona de África. Mbappé ni siquiera nos dejó disfrutar de la emoción del alargue marcando al minuto de que los africanos (con la mitad de ellos nacidos en Francia) pusieran el 2-1 en el marcador.
Lo que pasa que entre los cuatro marcaron tres goles, los mismos que el vejete de Rosario que lleva casi un lustro “jubilado” en Miami marcó en los 80 minutos que estuvo en el campo. Hablando de talentos y potreros, Messi ha adaptado su forma de jugar a este tiempo. Ya no gambetea hasta el infinito, se ha vuelto un jugador vertical, tan letal en el último pase como en el último remate. Un jugador que ha resuelto las urgencias de la edad volviendo a lo esencial: el fútbol va de marcar goles.
Es verdad que la Argentina y el drama van de la mano, y que una arrancada tan solvente no les exime de llegar con la lengua fuera al partido con Jordania – tremendo grupo random el de los vecinos – o protagonizar cualquier otra tragedia más adelante, pero lo cierto es que al astro argentino se le siente absolutamente relajado jugando al fútbol. En Qatar se liberó para siempre de las exigencias y comparaciones y ahora solo le queda disfrutar de lo que más le gusta hacer. Quizá lo único.
Sin citar a Maradona, Messi es también el símbolo de una generación, y también de su tiempo. De los primeros millenial o los últimos X. De los que no quieren crecer. De la mía. Éramos ya jóvenes universitarios con ganas de comernos el mundo cuando empezó a dejarnos con la boca abierta. Una sola vez lo vi en directo en La Romareda de mi Real Zaragoza – luego bajamos a segunda y luego dejé el trabajo de gorrilla – y me percaté del silencio que generaba en la grada. Ni Zidane, ni Ronaldinho, ni el Paquete Higuera. Verlo en 2026 en la cancha disfrutando como si fuera aquel jovencito nos teletransporta a aquellos años felices – de la burbuja, del euro, de las noches sin fin -; verlo meter tres goles en el debut del Mundial es como zambullirse en la fuente de la eterna juventud. Si él puede, nosotros podemos.
La vida se mide en Mundiales, dice el Rafa Sagárnaga, pero todos envejeceremos de golpe cuando Messi cuelgue las botas. ¿Qué hará él? ¿Qué haremos nosotros?
España 2030 no está tan lejos y tendría su punto volver al Camp Nou. Yo no lo apuesto.
Pd: Y hoy, Cristiano.
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
De momento se han sumado Karina Vargas, Mariana Ruíz, Marcelo Suárez y Pablo Carbone ¿Quieres sumarte? Escríbenos a [email protected]





